{"id":17281,"date":"2011-08-12T09:52:15","date_gmt":"2011-08-12T14:22:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=17281"},"modified":"2011-08-12T09:52:15","modified_gmt":"2011-08-12T14:22:15","slug":"el-dia-confundieron-con-bruce-davison","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/08\/12\/el-dia-confundieron-con-bruce-davison\/","title":{"rendered":"El d\u00eda que me confundieron con Bruce Davison"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/08\/images.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17308\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/08\/12\/el-dia-confundieron-con-bruce-davison\/images-8\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/08\/images.jpg?fit=259%2C194&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"259,194\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"images\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/08\/images.jpg?fit=259%2C194&amp;ssl=1\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/08\/images.jpg?resize=259%2C194\" alt=\"\" width=\"259\" height=\"194\" class=\"aligncenter size-full wp-image-17308\" \/><\/a><br \/>\nTuve que googlear \u201cStrawberry statement\u201d para conseguir el t\u00edtulo de esta insustancial cr\u00f3nica, la cual escribo con la \u00fanica intenci\u00f3n de documentar una an\u00e9cdota de mi vida: la noche en la que por primera vez tropec\u00e9 con una realidad diferente a la burbuja en la que hab\u00eda vivido hasta entonces.<\/p>\n<p>Corr\u00eda el a\u00f1o 1978. Ten\u00eda diez y ocho a\u00f1os cumplidos hac\u00eda 5 meses, y desde unas 2 o 3 semanas tambi\u00e9n ruedas. Tuve la suerte de que me entregaran un carro, un blanco y flamante Fiat Mirafiori: el veh\u00edculo que me iba a trasladar a la independencia, y que me colocar\u00eda en el mapa. Hasta ese momento era un pobre transe\u00fante de la vida, un peat\u00f3n m\u00e1s de los que pululan en las paradas de autobuses y se conocen las rutas de las busetas, y que no llegan tarde a su casa por la inseguridad y la falta de transporte propio. Pero esos d\u00edas hab\u00edan acabado: ahora pod\u00eda trasladarme adonde me diera mi real gana, y a la hora en que se me antojara (la dura realidad distaba a\u00f1os luz de esa fantas\u00eda, pues no ten\u00eda muchos lugares a donde ir, dada mi novater\u00eda en esas lides, pero de ilusiones, al fin y al cabo, se vive tambi\u00e9n). Valga aclarar, para la cr\u00f3nica, que mi conocimiento de la ciudad era bastante escaso, as\u00ed como mi dominio sobre las leyes de tr\u00e1nsito (la licencia la obtuve, como gran parte de los venezolanos de mi generaci\u00f3n -y de todas- a trav\u00e9s de un honesto soborno).<\/p>\n<p>El domingo del cuento, en la tarde, estaba rodando por Las Mercedes con un amigo, que viv\u00eda en Cumbres,  al cual le iba a dar la cola. Como dije antes, no me mov\u00eda todav\u00eda bien en el trazado de calles, y mucho menos conoc\u00eda el flechado (valga aclarar en mi favor que en esos tiempos pret\u00e9ritos la se\u00f1alizaci\u00f3n vial luc\u00eda por su ausencia), por lo que en un momento determinado vi que delante de mi unas luces me alumbraban, al tiempo que se encend\u00eda una coctelera encima del techo del veh\u00edculo due\u00f1o de los faros que me encandilaban. \u00ab\u00a1Mierda, una patrulla!\u00bb, creo que gritamos al un\u00edsono. Efectivamente de eso se trataba: el carro policial fren\u00f3 a unos pocos metros del m\u00edo, se abrieron las puertas y salieron par de polic\u00edas. Y empez\u00f3 el miedo instintivo y at\u00e1vico a la autoridad. Los agentes nos conminaron a salir, nos requisaron, e hicieron lo mismo en el interior de mi Fiat.<\/p>\n<p>Yo estaba algo aturdido, pero m\u00e1s aturdido qued\u00e9 cuando uno de los \u00abtombos\u00bb (perd\u00f3nenme la jerga setentosa) levant\u00f3 una navaja de esas suecas, como si de un trofeo se tratara. Conoc\u00eda esa navaja, pero no era m\u00eda: le pertenec\u00eda a mi amigo, quien un tiempo antes la hab\u00eda adquirido con la plata que le produjo la venta de un caballo -el pana era, por decirlo as\u00ed, folckl\u00f3rico, y tiempo antes hab\u00eda comprado un fam\u00e9lico jamelgo que guardaba en un cobertizo improvisado, en Colinas de Bello Monte, pero cuando se dio cuenta de lo impr\u00e1ctico de la situaci\u00f3n sali\u00f3 de \u00e9l- y la llevaba a todas partes. Juro que no fue por sopl\u00f3n, por lo menos no adrede, pero de m\u00ed sali\u00f3 la traicionera frase: \u00abesa vaina no es m\u00eda, es de \u00e9l\u00bb, al tiempo que apuntaba con mi acusador \u00edndice a mi -ya no tanto- amigo. El chamo dijo algo como que se hab\u00eda asustado, y la trat\u00f3 de esconder debajo del asiento. El polic\u00eda a su vez replic\u00f3 que admiraba su sinceridad, al tiempo que se guardaba la navaja en su propio bolsillo; supongo que la considerar\u00eda bot\u00edn de guerra, o decomiso. Lo cierto del caso es que hasta all\u00ed le dur\u00f3 la navaja al pana.<\/p>\n<p>\u00abCiudadano, usted va preso por infringir las reglas de tr\u00e1nsito\u00bb, me dijo lac\u00f3nicamente uno de los patrulleros. Tengo que aclarar que Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez, casi al final de su primer mandato, decidi\u00f3 que los infractores deb\u00edan pagar su deuda con la sociedad mediante 48 horas de detenci\u00f3n, para que les sirviera de escarmiento. All\u00ed s\u00ed puedo decir que, de miedo, mi estado pas\u00f3 a terror. \u00bfPreso, yo? \u00bfYo, que raras veces hab\u00eda pernoctado fuera de mi casa, que como buen lector que era me hab\u00eda tragado \u00abRet\u00e9n de Catia\u00bb, libro en voga por esos d\u00edas,  y cre\u00eda conocer las iniq\u00fcidades del sistema penal venezolano, con todas sus aberraciones? Creo que pude guardar la compostura y no llegu\u00e9 a llorar, pero s\u00ed trat\u00e9 de convencer al funcionario de lo inconveniente que resultaba para m\u00ed tal arreglo; us\u00e9 todos los argumentos a mi favor, que era un estudiante, que ten\u00eda un parcial el d\u00eda siguiente, que me iban a pasar cosas espantosas en la c\u00e1rcel&#8230; pero ninguno me funcion\u00f3, y me fue imposible lograr la dispensa de tan enojosa situaci\u00f3n. Supongo que le dar\u00edan una prima a los pol\u00edcias por cada incauto que llevaban preso por tr\u00e1nsito, ya que no le encuentro l\u00f3gica al asunto, m\u00e1s all\u00e1 del innato sadismo. Me despojaron de mis documentos y de los del veh\u00edculo, y se limitaron a decirme \u00abS\u00edguenos\u00bb, cosa que tuve que hacer a pesar de que las ganas que ten\u00eda eran de escaparme al resguardo de mi casa. Pero me ten\u00edan en sus manos, y tuve que obedecerlos.<\/p>\n<p>Enfilaron por la autopista, y cogieron hacia el este. Mis recorridos hasta ese entonces hab\u00edan llegado a lo sumo a la zona de Altamira, por lo que por primera vez transitaba la autopista manejando, solo, m\u00e1s all\u00e1 del distribuidor de dicha urbanizaci\u00f3n. En una zona de la autopista en donde hab\u00eda una especie de \u00e1rea de descanso, por los lados de la entrada a La Carlota, la patrulla se detuvo, y yo con ella. Se baj\u00f3 uno de los polic\u00edas, y me dijo \u00abChamo, est\u00e1s metido en un peo. A menos que tengas como salir de \u00e9l\u00bb. A pesar de mi inexperiencia, supuse que estaba aludiendo a alguna especie de soborno, pero lamentablemente no ten\u00eda efectivo conmigo.Se los dije, y trat\u00e9 de convencerlos de que me acompa\u00f1aran a mi casa para all\u00ed concretar la transacci\u00f3n, pero no les pareci\u00f3 conveniente, y decidieron entregarme en la jefatura. De Petare, para mayores se\u00f1as.<\/p>\n<p>Los acompa\u00f1\u00e9 hasta un estacionamiento, en donde tuve que dejar mi amado veh\u00edculo (presintiendo que lo iba a encontrar desvalijado una vez que acabara mi detenci\u00f3n), y me llevaron a la dichosa jefatura. All\u00ed me permitieron hacer una llamada telef\u00f3nica, en la cual tuve que explicar la situaci\u00f3n a unos muy preocupados y enojados padres, y una vez realizada me trasladaron a un pasillo largo, con un banco corrido adosado a la pared. El banco estaba ocupado casi en su totalidad por otros presos, por lo que me toc\u00f3 sentarme en el extremo m\u00e1s lejano a la puerta. Estaba all\u00ed, cavilando sobre mi desdichada situaci\u00f3n, cuando al rato apareci\u00f3 al lado m\u00edo un individuo algo mayor que yo, evidentemente alterado por el alcohol o alguna otra sustancia. El hombre se sent\u00f3 al lado m\u00edo, se me qued\u00f3 viendo y me solt\u00f3: \u00ab\u00a1Catire, usted es igualito al que sale en Las fresas de la amargura!\u00bb. Efectivamente, mi aspecto era parecido al del actor principal de dicha pel\u00edcula, el se\u00f1or Bruce Davison: flaco, peludo y con  lentes. No recuerdo si logr\u00e9 contestarle algo, pero creo que no import\u00f3, ya que el tipo no estaba en condiciones de sostener una conversaci\u00f3n. Lo cierto del caso es que a los pocos minutos apareci\u00f3 una persona, supongo que ser\u00eda un funcionario policial, lo hizo poner de pi\u00e9, y le meti\u00f3 un poderoso pu\u00f1etazo en medio del pecho, que lo volvi\u00f3 a sentar.<\/p>\n<p>El resto del cuento no tiene mayor importancia; lleg\u00f3 mi padre, trat\u00f3 de sacarme, pero no lo logr\u00f3, por lo que tuve que pagar mis 48 horas de detenci\u00f3n, en compa\u00f1\u00eda de otros transitoinfringientes, con los cuales sostuve amenos juegos de domin\u00f3 y damas. No recuerdo muchas cosas, salvo el olor a orina de las colchonetas en donde dorm\u00edamos, la poceta rebosante de excrementos -valga decir que me volv\u00ed est\u00edtico durante esos dos d\u00edas-, las visitas al casino de oficiales en donde consum\u00edamos nuestros alimentos, y la espera.<\/p>\n<p>As\u00ed concluy\u00f3 mi primera cana, gracias a mi inexperiencia y a Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez. La segunda se la la debo al Triple Filtrado La Florida, pero esa es otra historia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tuve que googlear \u201cStrawberry statement\u201d para conseguir el t\u00edtulo de esta insustancial cr\u00f3nica, la cual escribo con la \u00fanica intenci\u00f3n de documentar una an\u00e9cdota de mi vida: la noche en la que por primera vez tropec\u00e9 con una realidad diferente a la burbuja en la que hab\u00eda vivido hasta entonces. Corr\u00eda el a\u00f1o 1978. 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