{"id":16630,"date":"2011-07-13T10:58:45","date_gmt":"2011-07-13T15:28:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=16630"},"modified":"2011-07-13T11:01:24","modified_gmt":"2011-07-13T15:31:24","slug":"una-mirada-al-mar-kid-paint","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/07\/13\/una-mirada-al-mar-kid-paint\/","title":{"rendered":"Una Mirada al Mar: My Kid Could Paint That"},"content":{"rendered":"<p>Viendo la \u00f3pera prima de Andrea R\u00edos, me asaltaron recuerdos del documental \u201cMy Kid Could Paint That\u201d, cuyo argumento ser\u00eda la antitesis de la visi\u00f3n ingenua de la nueva producci\u00f3n estrenada por la Villa del Cine en condiciones lamentables de distribuci\u00f3n y comercializaci\u00f3n, casi como si no creyeran en ella o les diese pena promocionarla con mayor cantidad de medios.<\/p>\n<p>De hecho, las pel\u00edculas patrocinadas por el gobierno reciben tratos diferentes en materia de publicidad, de acuerdo al rango del director y a su inter\u00e9s pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Por ello, piezas como \u201cZamora\u201d,\u201cMiranda Regresa\u201d, \u201cEl Caracazo\u201d y \u201cD\u00edas de Poder\u201d se asumen como pilares estrat\u00e9gicos de la campa\u00f1a cultural del estado, al proyectarlas desde la plataforma de una cadena nacional, hasta identificarlas con la propaganda perpetua de la red comunicacional del Presidente Hugo Chav\u00e9z(el enfermo en jefe).<\/p>\n<p>Mientras tanto, films modestos y no necesariamente panfletarios como \u201cTres Mujeres\u201d, \u201cBloques\u201d y \u201cMacuro\u201d pasan sin pena ni gloria por la cartelera, bajo la propia cuenta y riesgo de sus creadores, quienes son literalmente abandonados a su mala suerte. Imposible ganar as\u00ed.<\/p>\n<p>A tal grupo pertenece Andrea R\u00edos y \u201cUna Mirada al Mar\u201d, condenada de entrada a sufrir un duro rev\u00e9s en taquilla, por culpa de los encargados de mercadearla, carentes de la menor imaginaci\u00f3n para ejercer el oficio.<\/p>\n<p>Pudieron venderla como una digna cinta infantil, pero la dejaron morir como cualquier producto anodino y falto de personalidad de la industria criolla. Grosso modo, se conformaron con colgar los afiches y asegurar la exhibici\u00f3n de los avances. En suma, hicieron un trabajo burocr\u00e1tico, de tr\u00e1mite. Mucho de ello hay en la atropellada y desganada puesta en escena de \u201cUna Mirada al Mar\u201d, resuelta con brocha gorda entre bosquejos superficiales de personajes y vi\u00f1etas \u201cnaiff\u201d de colores ingenuos.<\/p>\n<p>Con todo y aunque les duela a las viejas glorias de la mentada revoluci\u00f3n audiovisual, la obra de Andrea R\u00edos es de lo mejorcito de la Villa del Cine, por encima de bodrios de la cala\u00f1a de \u201cLa Clase\u201d y \u201cLibertador Morales\u201d. Por supuesto es inferior a \u201cTaita Boves\u201d, la c\u00faspide del estudio bolivariano.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la historia, en Cuba y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica ocurri\u00f3 lo mismo, cuando por cuestiones del destino la maquinar\u00eda del poder fabricaba un dispositivo medianamente ajeno y disonante a su estructura.<\/p>\n<p>En principio, el objetivo era demostrar la diversidad de la oferta, lavarse la cara y reafirmar los criterios de apertura a la hora de seleccionar los proyectos. Despu\u00e9s,en vista del acabado de la pieza, los funcionarios se echaban para atr\u00e1s y decretaban su muerte lenta, por v\u00eda de la censura, el ocultamiento y el menosprecio.<\/p>\n<p>Mutatis mutandis, el lanzamiento de \u201cUna Mirada al Mar\u201d en pleno inicio de la competida ronda de verano y con pocas copias, parece una manera de garantizar su nulo impacto y trascendencia.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s molestar\u00e1 su ausencia de \u201ccompromiso pol\u00edtico\u201d, de mensajes subrayados a favor del culto a la imagen del comandante, de contenidos expl\u00edcitos f\u00e1ciles de aprovechar en la hoguera de la polarizaci\u00f3n inquisidora del PSUV.<\/p>\n<p>Obviamente, no es un grito de resistencia. Por algo, sigue varias l\u00edneas de correcci\u00f3n moral perfiladas y digitadas por la constituci\u00f3n vigente, como la forzada inclusi\u00f3n de una trama concienciada en pro de los ni\u00f1os y de los ancianos. <\/p>\n<p>No obstante, su tono discreto, melanc\u00f3lico y mortuorio la acaban por convertir en una sosegada respuesta al cine de pr\u00f3ceres gritones,de  hombres fuertes y tierras libres, de haza\u00f1as \u00e9picas y gestas independentistas, del gusto de los machos cabrios e ind\u00f3mitos de la Venezuela heroica.<\/p>\n<p>Por eso, ayer no hab\u00eda nadie en la sala de \u201cUna Mirada al Mar\u201d en el Centro San Ignacio. En serio, yo era el \u00fanico en la funci\u00f3n. No exagero. Por tanto, frente a la pantalla, intent\u00e9 romper con mis prejuicios habituales para buscar descubrir las lecturas sumergidas y cifradas en el interior del cuadro, del lienzo.<\/p>\n<p>En su descargo, reivindico seis discursos del subtexto(oportunos llamados de atenci\u00f3n de la realizadora): la necesidad de conciliar el pasado con el presente al margen del terreno est\u00e9ril de la lucha de clases, la obligaci\u00f3n de ser honestos ( una chica miente, la atrapan con las manos en la masa y debe rectificar delante de todos), la evidente marginalizaci\u00f3n del artista en la sociedad, el ocaso de la pintura de caballete, el desamparo de la senectud en el pa\u00eds y la urgencia de reconocer la finitud de la existencia, para entregar el testigo y dar paso a la generaci\u00f3n de relevo, cual protagonista crepuscular de \u201cUp\u201d, \u201cGran Torino\u201d, \u201cKarate Kid\u201d y \u201cTrue Grit\u201d, salvando las distancias.<\/p>\n<p>Por desgracia, Andrea R\u00edos no es el equivalente vern\u00e1culo de Los Hermanos Coen y el fot\u00f3grafo Vitelbo V\u00e1squez tampoco es Roger Deakins. Por fortuna, ambos se las arreglan para concebir un pu\u00f1ado de encuadres de interesantes resonancias pl\u00e1sticas, en la tradici\u00f3n de Benacerraff, R\u00edsquez y De Sica.<\/p>\n<p>\u201cUna Mirada al Mar\u201d se inscribe en una tendencia internacional de recuperaci\u00f3n light de los preceptos conceptuales de la Italia de posguerra, con ecos  de \u201cUmberto D\u201d , \u201cLadr\u00f3n de Bicicletas\u201d, \u201cLa Tierra Trema\u201d, \u201cPaisa\u201d, \u201cEl Limpiabotas\u201d y \u201cAlemania a\u00f1o Cero\u201d. La principal diferencia estriba en la definici\u00f3n est\u00e9tica y \u00e9tica de ayer y de hoy. Ahora cunde en la regi\u00f3n un neorrealismo rosa, tipo \u201ccyberpink\u201d, de claras influencias kistch.<\/p>\n<p>Verbigracia, es el tal\u00f3n de Aquiles y la gran debilidad del cine de las mujeres contempor\u00e1neas. Es el caso de \u201cPostales de Leningrado\u201d, \u201cD\u00eda Naranja\u201d, \u201cUn Te en la Habana\u201d y \u201cEl Chico que Miente\u201d, temerosas y prudentes al momento de reflejar y desnudar las contradicciones de la realidad.<\/p>\n<p>Por consiguiente, \u201cUna Mirada al Mar\u201d opta por refugiarse en un oc\u00e9ano de tarjetas postales, dibujitos de kinder y paisajes buc\u00f3licos, en la l\u00ednea de los estereotipos de calendario de las playas soleadas de \u201cRever\u00f3n\u201d. Promesa de regeneraci\u00f3n del sentido, a trav\u00e9s de la reuni\u00f3n con la madre naturaleza. Una teor\u00eda ecol\u00f3gica discutible y refutada por Adam Curtis en su \u00faltimo documental.<\/p>\n<p>Y as\u00ed como \u201cRever\u00f3n\u201d encuentra en Juanita y el arte una forma de encarrillar su locura, el anciano de \u201cUna Mirada al Mar\u201d tambi\u00e9n se salvar\u00e1 del abismo y la soledad, gracias a la impronta de una ni\u00f1a de la costa, dise\u00f1ada por el gui\u00f3n para volverle a inyectar la pasi\u00f3n por la pintura.<\/p>\n<p>En general, el libreto peca de predecible, sensiblero, cronol\u00f3gico y literal. Semeja un relato cl\u00e1sico escrito en laboratorio, al calor de los modelos y los programas de la reacci\u00f3n. En una interpretaci\u00f3n descarnada, la trama luce como una f\u00e1bula moral para domesticar ni\u00f1os intranquilos, por medio de una terapia paternalista de choque.<\/p>\n<p>De ah\u00ed los curiosos parentescos entre \u201cDudamel,El Sonido de los Ni\u00f1os\u201d y \u201cUna Mirada al Mar\u201d. Las dos esbozan un panorama ideal y \u00f3ptimo de resurrecci\u00f3n humanista, a trav\u00e9s del arte. Lo opuesto a \u201cMy Kid Could Paint That\u201d, donde los adultos utilizan a los ni\u00f1os para conseguir sus fines.<\/p>\n<p>Por defecto, las actuaciones son planas y desiguales. Ni hablar del casting. Los adultos recitan sus l\u00edneas como en una clase de preescolar y los ni\u00f1os ostentan un desparpajo impostado, a la usanza de una cu\u00f1a o de una telenovela con un cr\u00edo metiche, salido y malcriado.<\/p>\n<p>Aparte, se incorporan chicas rubias al reparto de una escuela humilde de un pueblito del litoral, con el exclusivo prop\u00f3sito de embellecer el repertorio y alardear de una supuesta mezcla racial.<\/p>\n<p>Para rematar, los movimientos de c\u00e1mara, las gr\u00faas y las tomas no logran eludir el desolado paradigma de rodaje de los unitarios de TVES, al ritmo de una edici\u00f3n cargada de efectos y saturada de manierismos caducos.<\/p>\n<p>Una secuencia de un temblor, provoca pena ajena y evoca los terremotos del Chapul\u00edn Colorado, agreg\u00e1ndole filtros y maquillajes digitales. Igual sucede con los flash backs.<\/p>\n<p>En resumen, el saldo es negativo por la pobre factura y la dimensi\u00f3n binaria de una escuela superada: la del m\u00e9todo de \u201cAsalto y Robo al Tren\u201d de comienzos del siglo XX, la del qualit\u00e9 del cine de pap\u00e1, la de un impresionismo desfasado y deconstruido por la vanguardia, la de un estadio premoderno anquilosado en el conservadurismo de sus fuentes.<\/p>\n<p>All\u00ed permanece estancado el cuadro visual de La Villa del Cine. Ojal\u00e1 alg\u00fan d\u00eda descubra la abstracci\u00f3n y la verdadera experimentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De lo contrario, continuar\u00e1 a la zaga del realismo social en los tiempos oscuros del retroprogresismo bolivariano.<\/p>\n<p>Una tapadera para desviar la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>De \u201cUna Mirada al Mar\u201d, me quedo con sus enunciados y sus expresiones de disidencia, al cuestionar el enga\u00f1o y la frustaci\u00f3n, al denunciar el olvido hacia nuestros ancianos, al evitar caer en el lugar com\u00fan del Chalbaud del siglo XXI, al refrescar el tema tab\u00fa de la expiraci\u00f3n y la defunci\u00f3n.<\/p>\n<p>No debe ser una pel\u00edcula recomendable para proyect\u00e1rsela al \u201cPaciente Ingl\u00e9s\u201d de Miraflores.<\/p>\n<p>Lamentablemente no es suficiente.<\/p>\n<p>Extra\u00f1amos identidad en el desarrollo y contundencia al cierre.<\/p>\n<p>Apenas se trata de una conchita lanzada en la orilla del mar rojo rojito de la felicidad.<\/p>\n<p>Su happy ending la revela en todo su conformismo. <\/p>\n<p>La transferencia la opaca y el mecenazgo la ensombrece.<\/p>\n<p>Su enfoque antropol\u00f3gico es de curso de primaria.<\/p>\n<p>Es el s\u00edndrome de las muestras colectivas curadas para salones acad\u00e9micos del Ministerio del ramo.<\/p>\n<p>Rememora los vicios de las \u00abMega-Exposiciones\u00bb de Farruco y de las Ferias de Arte decorativo del este de la ciudad.<\/p>\n<p>Su afiche es la punta del iceberg.<\/p>\n<p>Una pincelada popular y populista inofensiva,inocua,aleccionadora y new age. <\/p>\n<p>Superaci\u00f3n de la adversidad para integrar en la colecci\u00f3n de autoayuda del Centro \u00abLa Estancia\u00bb.<\/p>\n<p>PD: comp\u00e1rese con la sutileza y la envergadura de Takeshi Kitano en \u00abFlores de Fuego\u00bb.Aut\u00e9ntico poema de los infiernos y los demonios detr\u00e1s de la pintura ingenua.<a 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