{"id":1574,"date":"2008-10-12T15:23:28","date_gmt":"2008-10-12T19:23:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=1574"},"modified":"2008-10-13T18:43:16","modified_gmt":"2008-10-13T22:43:16","slug":"el-gris-de-los-helechos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2008\/10\/12\/el-gris-de-los-helechos\/","title":{"rendered":"El gris de los helechos"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span><em>\u201cPudo distinguir una forma alargada, m\u00e1s oscura que el gris de los helechos, sobre la pendiente, y le hab\u00eda parecido que se trataba de un ser humano en busca de ayuda\u201d<\/em><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Dicen que cuando uno sue\u00f1a en franc\u00e9s, el idioma no se le olvida jam\u00e1s. Que pueden pasarle los a\u00f1os y los siglos, que la senilidad<span> <\/span>puede borrarle cualquier cosa de la memoria, pero nunca el franc\u00e9s. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Dicen tambi\u00e9n que hab\u00eda una quinta en mi pueblo con tres columnas blancas que sosten\u00edan un t\u00edmpano ennegrecido por la humedad, en donde viv\u00eda una anciana mujer llamada Teresa. Dicen que era tan p\u00e1lida que era imposible distinguirla cuando sal\u00eda al patio y se recostaba de alguna de sus columnas, cubierta solamente por una bata albina que, a pesar de no quit\u00e1rsela bajo ninguna circunstancia, continuaba siendo tan inmaculada como la primera vez que la us\u00f3. Dicen que es impermeable al tiempo y las manchas, tal como su mente, llena de los lunares t\u00edpicos de la vejez que suelen cubrir los recuerdos antes que a la piel; que su \u00fanico pasatiempo era cuidar de su jard\u00edn: llorar cuando florec\u00eda una margarita y lamentarse con las cayenas marchitas. Y recostarse de sus columnas virginales, tan blancas que, dicen, no se pod\u00edan ver las grietas a simple vista.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><!--more--><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\">Dicen en mi pueblo que la vieja no es de aqu\u00ed, que viene de Francia, y del L\u00edbano, y de Suiza, pero que no es tan rica como suena. Dicen que era una simple criada que le serv\u00eda de nodriza a una familia rica de espa\u00f1oles que viajaban por todo el mundo a raz\u00f3n del patriarca, que era diplom\u00e1tico. Que su cosmopolitismo no es aut\u00e9ntico, sino tan<span> <\/span>v\u00e1lido como lo fuera adjudicarle la genialidad de la Capilla Sixtina al Papa. Dicen que se cas\u00f3 con un leon\u00e9s acomodado en Par\u00eds, renunci\u00f3 a su familia y se vino a Sudam\u00e9rica; que engendr\u00f3 a su propia casta en la quinta del t\u00edmpano h\u00famedo y las n\u00edveas columnas.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Entre su descendencia se cuentan una hembra y dos varones. Mar\u00eda Ingrata, la hija, era una de esas mujeres que, a pesar de casarse y hacer su propia familia, son incapaces de vivir para s\u00ed mismas; tienen la extra\u00f1a condici\u00f3n que unos llaman altruismo, pero que otros prefieren como obsesi\u00f3n\u2026 entre estos otros est\u00e1 la gente de mi pueblo. Dicen que la vejez le lleg\u00f3 a Teresa en forma de olvido, y de artritis, y de qu\u00e9 s\u00e9 yo qu\u00e9 otros males seniles, y que, de inmediato, Mar\u00eda Ingrata abandon\u00f3 todo para encargarse de ella. Dicen que los hijos, en cambio, huyeron cada uno por su lado, ignorando las toses de su madre y presuponiendo los auxilios de su hermana. Aunque se dice, m\u00e1s bien, que la obsesi\u00f3n de Mar\u00eda Ingrata por escapar de su propia existencia no le permit\u00eda pedirle ayuda a nadie: mientras m\u00e1s fuerte y pesada la tarea, mejor, dicen.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Dicen que el jard\u00edn de la casa de las columnas blancas termina abruptamente en un barranco a trav\u00e9s del cual la eterna fila de jardineros ha trazado su propio sendero para cuidar de los \u00e1rboles que crec\u00edan al fondo de la pendiente, un camino que lleva ese nombre a fuerza de las cicatrices de las botas que ya no dejan crecer la hierba en ese lugar; que el barranco est\u00e1 plagado de madrigueras de culebras que salen en las noches a cazar en el jard\u00edn de Teresa, estropeando las margaritas y las cayenas. Dicen, incluso, que algunas veces una que otra serpiente se desliza hasta el interior de la casa del t\u00edmpano negro, pero que la blancura de las paredes, y de los muebles, y del suelo, la obligan a esconderse dentro de la chimenea, hogar temerario de los murci\u00e9lagos y de las ratas que s\u00f3lo son molestados cuando diciembre comienza a desplomarse, o en los materos de donde caen majestuosamente las espaldas de los helechos, lugar perfecto para ocultarse y atacar pues los helechos cuelgan del techo de la terraza, justo al lado de las puertas de cristal.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Cuentan que sus nietos la han olvidado a raz\u00f3n del contraste de edades, cosa que no suele pasar dentro de una familia, qu\u00e9 esc\u00e1ndalo. Que de vez en cuando, raras veces, la van a visitar, y que se sientan en el jard\u00edn en flor a escuchar siempre la misma conversaci\u00f3n. Dicen que la vieja no para de hablar de su vida en Europa, donde aprendi\u00f3 a hablar franc\u00e9s; que una vez so\u00f1\u00f3 en franc\u00e9s, y que, desde entonces, no se le olvid\u00f3 jam\u00e1s; y que luego intenta entablar una discusi\u00f3n francesa con uno de sus nietos y se sorprende cada vez que \u00e9ste le responde, y que siempre son las mismas palabras.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>\u2014Tu m\u2019aimes?<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>\u2014Oui, grandm\u00e8re, je t\u2019aime.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Uno de sus nietos dice que una hora con Teresa basta para conocerla por completo, pues uno puede estar seguro que en las horas que la suceden escuchar\u00e1 exactamente el mismo discurso, como si nunca antes hubiera pasado.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Pues dicen que el d\u00eda que el terremoto destruy\u00f3 a mi pueblo, ni sus nietos ni sus hijos estaban all\u00ed, s\u00f3lo Mar\u00eda Ingrata cuidando de su madre sin recibir ninguna gratitud. Dicen que comenz\u00f3 con peque\u00f1os temblores, unos en las manos, otros en la tierra, y que fueron creciendo en magnitud conforme avanzaba la noche. Dicen que lo primero que vio Teresa antes de que crujiera su mundo fue una margarita deshojada por el fuerte viento de octubre, y que orden\u00f3 a su hija que detuviera sus cuidados solidarios y que la acompa\u00f1ara al jard\u00edn para ver m\u00e1s de cerca al alj\u00f3far desvirgado. Mar\u00eda Ingrata le advirti\u00f3 sobre las culebras ocultas en los helechos, y de las que sal\u00edan a cazar por esas horas, pero Teresa ya no pod\u00eda escuchar nada m\u00e1s que los sonidos que le ofreciera la tierra pues, al acercarse uno al fin, dicen, se hace sordo a todo aquello que no tiene importancia, en este caso: Mar\u00eda Ingrata. Cuentan que, a pesar de todo, Teresa baj\u00f3 las escaleras, manchando de sudor nervioso el pasamanos por primera vez en la historia de la casa de las paredes inmaculadas, nervios que no surg\u00edan de los siseos que envolv\u00edan toda la casa y que anunciaban una desgracia, sino terror por haber perdido a su margarita pr\u00f3diga.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Narran los que viv\u00edan en mi pueblo que esa noche el viento soplaba inusualmente, como perseguido por una crueldad, y que la bata de Teresa se mec\u00eda a su ritmo, siendo manchada por gotas de roc\u00edo que se adelantaban a su hora, espantadas ante la barbarie temible que persegu\u00eda al viento nocturno. Mar\u00eda Ingrata se qued\u00f3 entre las columnas a\u00fan blancas en la noche, grit\u00e1ndole a su madre que se metiera en la casa, que el fr\u00edo la iba a matar. Pero que, al tocar Teresa su planta preferida, una enorme grieta se trag\u00f3 a la flor marchita, junto con las cayenas y el resto de las margaritas. Dicen que Teresa vio horrorizada c\u00f3mo su jard\u00edn se perforaba cerca de la entrada, cerca de las columnas, y cerca de todas partes, dej\u00e1ndola aislada junto al barranco en una isla de playas de polvo y piedra, observando a su hija huir despavorida al interior de la quinta de los muebles albos y tropezarse con un helecho que se hab\u00eda derramado sobre la terraza. El verdor usual de la fronda hab\u00eda sido sustituido por un gris inerte y silencioso que Mar\u00eda Ingrata se\u00f1al\u00f3 como fen\u00f3meno de la noche, sin saber que esa mustia sombra se hab\u00eda arrastrado desde el matero hasta ella. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Dicen que la pobre Teresa vio desde lejos al gris de los helechos engrandecerse y tragarse a su hija en su oscuridad, y que oy\u00f3 perfectamente el siseo que la consumi\u00f3 gracias a su sordera mortuoria, de la que ya se ha comentado. All\u00ed se desmay\u00f3 la anciana, cayendo fortuitamente dentro de una madriguera de serpientes que hab\u00eda sido vaciada por el tiempo de la caza nocturna, y cuyos ocupantes no regresar\u00edan luego del cataclismo que persegu\u00eda al viento y ahuyentaba al roc\u00edo. La encontraron sucia y sonrojada, como nunca antes lo hab\u00eda estado, pero viva: la \u00fanica sobreviviente de la casa cuyas columnas, agrietadas por el temblor, ya no eran blancas; cuyas paredes se hab\u00edan manchado por la lluvia y las piedras que volaban; y cuyo t\u00edmpano hab\u00eda sido blanqueado al sacud\u00edrsele toda la humedad que lo disfrazaba de azabache.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Cuentan que los nietos no volvieron y que los hijos la dieron por muerta, dej\u00e1ndola sola en la casa de la fachada decadente. Relatan que nunca m\u00e1s se cambi\u00f3 la bata, y que no arregl\u00f3 ni los helechos ni el jard\u00edn. Dicen que a\u00fan vive la desgraciada, echando el cuento de su vida en una hora y luego volvi\u00e9ndolo a repetir, s\u00f3lo que sin recibir la respuesta en franc\u00e9s que esperaba de su nieto; que la paz f\u00fanebre no la ha alcanzado y que parece que no le llegar\u00e1 jam\u00e1s, abandon\u00e1ndola en sus cien a\u00f1os de senectud. Narran que se le escucha de vez en cuando murmurar que est\u00e1 al borde del barranco de su jard\u00edn, pidiendo auxilio en susurros y encontr\u00e1ndose envuelta en una oscuridad m\u00e1s terrible que su propia vejez, que el gris de los helechos. Se ha hecho leyenda que ninguna noche pasa sin que sue\u00f1e en franc\u00e9s. <\/span><em><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\" lang=\"FR\">On dit que le cadavre exquis boira le vin nouveau<\/span><\/em><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\" lang=\"FR\">.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\" align=\"right\"><em><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\">Animus a Nemo,<\/span><\/em><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\" align=\"right\"><em><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\">Octubre de 2008.<\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cPudo distinguir una forma alargada, m\u00e1s oscura que el gris de los helechos, sobre la pendiente, y le hab\u00eda parecido que se trataba de un ser humano en busca de ayuda\u201d Dicen que cuando uno sue\u00f1a en franc\u00e9s, el idioma no se le olvida jam\u00e1s. 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