{"id":15676,"date":"2011-06-17T07:20:47","date_gmt":"2011-06-17T11:50:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=15676"},"modified":"2011-09-26T03:48:25","modified_gmt":"2011-09-26T08:18:25","slug":"legalmente-muerto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/06\/17\/legalmente-muerto\/","title":{"rendered":"LEGALMENTE MUERTO"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15778\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/06\/17\/legalmente-muerto\/amapola\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/Amapola.jpg?fit=300%2C225&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"300,225\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Amapola\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/Amapola.jpg?fit=300%2C225&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-full wp-image-15778\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/Amapola.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" \/><\/p>\n<p>He decidido relatar los acontecimientos ocurridos en estas \u00faltimas horas con la mayor imparcialidad que me sea posible. Presiento que no me queda mucho tiempo de vida, y quiero partir de este mundo con las cuentas claras. Ya la desesperaci\u00f3n que me embarg\u00f3 al principio ces\u00f3, d\u00e1ndole paso a la resignaci\u00f3n, as\u00ed que tratar\u00e9 de recordar con calma los hechos. No tengo muchas opciones, por otra parte: tal vez as\u00ed pueda evitar volverme loco, cosa que me resultar\u00eda de utilidad si por casualidad logro salir vivo de \u00e9sta. Pero vamos desde el principio:<\/p>\n<p>Ayer amanec\u00ed sin ganas de hacer nada: lo que los cl\u00e1sicos denominaran \u2018tedium vitae\u2019 me ten\u00eda atrapado en una mara\u00f1a invisible, pero real, de pereza. Me tom\u00f3 mucho m\u00e1s tiempo que de costumbre ponerme en marcha: permanec\u00ed  un largo rato en la cama despu\u00e9s de que sonara el despertador  y, luego de la visita ritual al ba\u00f1o (mi regularidad en ese aspecto es proverbial) y las operaciones consuetudinarias de aseo y vestimenta, en vez de salir enseguida al trabajo, me dirig\u00ed a la cocina del apartamento, escog\u00ed de la alacena un envase de caf\u00e9 de variedad ar\u00e1biga, que me regalara un cliente hace alg\u00fan tiempo y que nunca hab\u00eda abierto, y  prepar\u00e9 la m\u00e1quina de \u2018espresso\u2019.<\/p>\n<p>Cuando el exquisito aroma de caf\u00e9 reci\u00e9n hecho invadi\u00f3 el ambiente, lo serv\u00ed en mi taza favorita, adquirida el invierno pasado en Vermont, en mi viaje anual dedicado al esqu\u00ed, y fui al sal\u00f3n. All\u00ed encend\u00ed el televisor para ver los noticieros matutinos, y despu\u00e9s el computador, con la intenci\u00f3n de revisar mis correos electr\u00f3nicos; hasta me di el lujo de abrir Facebook, y curiosear durante  largo rato las novedades de mis contactos. Por alguna raz\u00f3n estaba demorando la ida al trabajo.<\/p>\n<p>En cambio de tomar un taxi, costumbre que hab\u00eda adoptado cuando empezaron a proliferar los secuestros express, decid\u00ed trasladarme en mi veh\u00edculo. Tom\u00e9 por las veredas que bordean la ciudad en vez de utilizar la autopista: iba a tardar por lo menos el doble del tiempo, pero estaba visto que ese d\u00eda no corr\u00eda prisa en lo absoluto. Despu\u00e9s del largo paseo por la periferia, llegu\u00e9 al centro, en donde est\u00e1 ubicado mi despacho, y comenz\u00f3 otro peque\u00f1o v\u00eda crucis: la b\u00fasqueda de un puesto de estacionamiento (en el edificio en donde est\u00e1 ubicada mi firma est\u00e1n refaccionando las \u00e1reas del parqueo para propietarios, por lo que ten\u00eda que buscar otra opci\u00f3n); conseguir un lugar que permita estacionar veh\u00edculos del tama\u00f1o de mi Hummer es complicado, sobre todo en esa zona de la ciudad. Una vez dejado el autom\u00f3vil a buen resguardo, me dispuse a desayunar en la cafeter\u00eda de siempre: un croissant relleno de pechuga de pavo y queso emmenthal, y un jugo de naranja reci\u00e9n exprimido. La dependiente del local conoc\u00eda de memoria mis gustos, y pr\u00e1cticamente me ten\u00eda el pedido listo, cuando me ve\u00eda llegar por el pasillo.<\/p>\n<p>Normalmente mi orden era para llevar, ya que la consum\u00eda en mi escritorio, all\u00e1 en el despacho; sin embargo solicit\u00e9 que me lo sirvieran en un plato, y que me vendieran un ejemplar del peri\u00f3dico del d\u00eda; tom\u00e9 asiento en una de las mesitas del peque\u00f1o local, y con calma inger\u00ed el desayuno mientras le\u00eda la prensa. Not\u00e9 un sabor ligeramente amargo en el jugo, pero supuse que alguna naranja de las utilizadas en su elaboraci\u00f3n estar\u00eda empezando a agriarse. Nada como para quejarse, no obstante. Cuando termin\u00e9, con toda la parsimonia del mundo, consult\u00e9 mi Patek Philippe: eran las 9:30.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 a la oficina, me sent\u00e9 en mi mullido sill\u00f3n de cuero ingl\u00e9s, dije: \u00abmanos a la obra\u00bb\u2026 y a partir de all\u00ed, nada.  Las horas fueron acumul\u00e1ndose sobre mi ancho escritorio de caoba, sin que algo de provecho saliese de \u00e9l. Ten\u00eda algunos expedientes que revisar, pero fui incapaz de hacerlo. El tedio me imped\u00eda tomar alguna acci\u00f3n: era como una bola de nieve, que se hac\u00eda m\u00e1s grande a medida que pasaba el tiempo. Pens\u00e9 en tomarme un descanso, \u00bfpero que m\u00e1s descanso necesitaba, si no hab\u00eda hecho nada en toda la ma\u00f1ana? Despu\u00e9s decid\u00ed hacer algunas llamadas telef\u00f3nicas, pero no ten\u00eda a nadie a qui\u00e9n llamar, realmente,  y me daba fastidio levantar el tel\u00e9fono. Ahora bien, no se si &#8216;fastidio&#8217; es la palabra correcta: era pr\u00e1cticamente una imposibilidad f\u00edsica, as\u00ed como si el tel\u00e9fono pesara toneladas y la tarea de levantarlo se me antojara tit\u00e1nica.<\/p>\n<p>En ese momento comenc\u00e9 a pensar que algo andaba mal. No s\u00f3lo por lo del tel\u00e9fono: quise agarrar un l\u00e1piz en el escritorio, y mi mano no respondi\u00f3, sino que se qued\u00f3 inerte sobre el brazo del sill\u00f3n. Las primeras se\u00f1ales de alarma empezaron a funcionar: me estaba pareciendo que algo malo me ocurr\u00eda, y esta impresi\u00f3n cobr\u00f3 mas fuerza cuando trat\u00e9 de voltear la cara pero \u00e9sta no hizo el menor movimiento.<\/p>\n<p>Como es de suponerse, ya andaba francamente preocupado. Mi cuerpo no reaccionaba a las \u00f3rdenes que mi cerebro trataba de impartirle: estaba como colocado encima del sill\u00f3n, que debido a su forma lo conten\u00eda, de la misma manera que la c\u00e1scara de un huevo partido por la mitad mantiene recogida la yema; trat\u00e9 de gritar, pero ning\u00fan sonido sali\u00f3 de mi boca. \u00danicamente pod\u00eda ver  lo que ten\u00eda en frente, una hermosa vista de la monta\u00f1a guardiana de la ciudad, ya que ni siquiera ten\u00eda posibilidad de girar los ojos hacia los lados. Sin embargo algo me reconfort\u00f3: por lo menos el sentido de la visi\u00f3n funcionaba. Y me di cuenta de que tambi\u00e9n conservaba el del o\u00eddo, pero de una manera sumamente inquietante:<\/p>\n<p>-Caramba, caramba. \u00bfProblemas para moverse,  abogado Vargas?<\/p>\n<p>Alguien estaba detr\u00e1s de m\u00ed. Pero eso no era posible: en mi firma no trabajaba m\u00e1s nadie sino yo. Hab\u00eda prescindido de todo el personal tiempo atr\u00e1s, ya que me sent\u00eda totalmente capacitado para manejar el despacho de abogados que hered\u00e9 de mi padre, sin ninguna ayuda adicional. Inclusive hab\u00eda despedido a la recepcionista, algunos d\u00edas antes, porque me hab\u00eda parecido algo fisgona, y un d\u00eda la sorprend\u00ed registrando mi oficina privada.<\/p>\n<p>-No se esfuerce tanto, que no lo va a lograr. Ya la neurotoxina que ingiri\u00f3 m\u00e1s temprano tuvo tiempo de llegar a su sistema nervioso central. En este momento usted debe preguntarse \u201c\u00bfDe qu\u00e9 demonios est\u00e1 hablando?\u201d. Para dilucidar su duda, digamos que una mano no tan inocente le administr\u00f3 una especie de veneno: tal vez recuerde que el jugo de naranja de esta ma\u00f1ana ten\u00eda un sabor ligeramente distinto, un poco amargo.<\/p>\n<p>Por supuesto record\u00e9 el sabor del jugo, al que no le hice caso en su momento. Trat\u00e9 de entender la situaci\u00f3n: aparentemente estaba en manos de alg\u00fan tipo de sic\u00f3pata. Enemigos no me faltaban, pero nunca cre\u00ed que podr\u00edan llegar tan lejos. Una especie de sexto sentido me hab\u00eda tratado de advertir esa ma\u00f1ana sobre la inconveniencia de acudir al despacho, pero no le llegu\u00e9 a hacer caso. Grave error.<\/p>\n<p>&#8211; Vayamos al punto: un grupo de ciudadanos con intereses en com\u00fan, constituido en tribunal, lo ha hallado a  usted culpable de mala praxis en el desempe\u00f1o de sus funciones como abogado: ha determinado que usted ha puesto sus conocimientos y habilidades jur\u00eddicas al servicio de personas de dudoso proceder, logrando su absoluci\u00f3n, y por otra parte ha conseguido sentencias condenatorias para personas absolutamente inocentes\u2026 pero como no va a ir a ning\u00fan lado por los momentos, vamos al detalle de tres casos emblem\u00e1ticos. Caso n\u00famero uno: El estado y la Familia Linares contra Jacobo Monsalve.<\/p>\n<p>Inmediatamente me acord\u00e9 de ese episodio: fue uno de los primeros juicios de mi carrera, y uno de mis primeros y sonados triunfos tambi\u00e9n. En esa ocasi\u00f3n, a pesar de saber que Monsalve era culpable, pude convencer al jurado de que cab\u00edan los extremos para soportar la tesis de la duda razonable, por no haberse encontrado nunca el arma que finalmente le caus\u00f3 la muerte a la occisa.<\/p>\n<p>-Jacobo Monsalve, un millonario depravado, viol\u00f3 y asesin\u00f3 brutalmente a C\u00e1ndida Linares, una muchacha de 21 a\u00f1os, de profesi\u00f3n secretaria, y que estaba estudiando en horas nocturnas para obtener la licenciatura en educaci\u00f3n. A pesar de que varios testigos vieron como Monsalve introdujo bruscamente a C\u00e1ndida dentro de su autom\u00f3vil la noche en que posteriormente fue encontrada muerta, usted, utilizando argucias legales, logr\u00f3 obtener una sentencia absolutoria para ese monstruo. Y no es un t\u00e9rmino injusto o tremendista: las fotos que los forenses lograron en la escena del crimen hacen llegar a esa conclusi\u00f3n. Le preguntar\u00eda cuanto dinero le proporcion\u00f3 esa aberraci\u00f3n, pero en estos momentos no est\u00e1 usted en condiciones de responder.<\/p>\n<p>Estaba en lo cierto, efectivamente: con ese caso adquir\u00ed mi primer apartamento, en un condominio de lujo del este de la ciudad. Conoc\u00eda a Jacobo desde el colegio: era el t\u00edpico hijo de pap\u00e1, violento, mal estudiante, siempre provisto de dinero y de todos los lujos que se puedan imaginar. Cuando terminamos el bachillerato (\u00e9l a duras penas, hubo sospechas de que sobornaron a la direcci\u00f3n del plantel para que pudiera hacerlo) no nos frecuentamos m\u00e1s, ya que entr\u00e9 a la facultad de derecho mientras \u00e9l lo hac\u00eda al crimen organizado. Empez\u00f3 distribuyendo drogas a los chicos de la alta sociedad, pero despu\u00e9s se expandi\u00f3, colocando estupefacientes en los liceos. Pronto se hizo de un emporio, cuya fachada era una compa\u00f1\u00eda de importaciones. C\u00e1ndida tuvo la mala suerte de conseguir trabajo justamente en esa empresa, y Jacobo se obsesion\u00f3 con ella desde el primer momento en que la vio. Al principio trat\u00f3 de conquistarla por las buenas, pero  nunca hizo caso a sus invitaciones; Monsalve cada vez se volv\u00eda m\u00e1s insistente, hasta llegar al punto de obligarla a introducir la carta de renuncia, por no poder soportar m\u00e1s el acoso a la que estaba sometida. La noche de ese mismo d\u00eda ocurri\u00f3 su asesinato.<\/p>\n<p>Jacobo acudi\u00f3 a m\u00ed porque todos los abogados a los que recurri\u00f3 previamente no quisieron tomar el caso: su culpabilidad era demasiado evidente. Faltaba un solo elemento para que su responsabilidad en los hechos no tuviera lugar a dudas: no se pudo encontrar nunca el arma homicida. Yo estaba ansioso de ganar mi primera gran defensa, por lo que tom\u00e9 el caso con gusto. Y debo decir que me port\u00e9 a la altura: me gan\u00e9 inmediatamente al jurado gracias a mi innata simpat\u00eda, y mis alegatos fueron de tal calibre que logr\u00e9 convencerlo de que exist\u00eda una posibilidad de que mi defendido fuera inocente. Por supuesto que el hecho de haber ayudado a mantener oculta el arma (un cuchillo de carnicero de 60 cent\u00edmetros con el cual pr\u00e1cticamente desbast\u00f3 a C\u00e1ndida, cuyo escondite original me fuera revelado en la estricta confidencialidad abogado-cliente, y yo posteriormente pusiera a buen recaudo en la caja fuerte del despacho, sin limpiarlo de la evidencia manifestada en la sangre de C\u00e1ndida y las huellas digitales de Jacobo, a manera de p\u00f3liza de seguro para que a Monsalve no se le ocurriera la idea de silenciarme de por vida) ayud\u00f3 en la absoluci\u00f3n de mi defendido, y en la generosidad del pago.<\/p>\n<p>-Caso n\u00famero dos: Juan Rodr\u00edguez vs. Cooperativa \u2018La Amapola\u2019. Los integrantes de dicha cooperativa, constituida para solucionar el problema habitacional de sus miembros, juntaron todos sus ahorros y los pusieron en manos de Rodr\u00edguez, un emprendedor inmobiliario quien se comprometi\u00f3 a edificar un conjunto de town houses en el terreno que adquiriera anteriormente la cooperativa. El se\u00f1or Rodr\u00edguez, una vez dilapidada la suma de dinero que le fuera confiada sin haber siquiera realizado el movimiento de tierra, exigi\u00f3 nuevos aportes monetarios, y al no obtenerlos por las buenas demand\u00f3 a La Amapola, bas\u00e1ndose en el contrato leonino que suscribieran. Es de hacer notar que tanto el contrato como la demanda fueron obra de usted. El juez fall\u00f3 a favor del demandante, y en consecuencia todas esas personas quedaron en la ruina. Inclusive dos de ellas, desesperadas, cometieron suicidio.<\/p>\n<p>Si hubiera estado en capacidad de hablar, habr\u00eda protestado: no fue mi responsabilidad que la cooperativa no buscara asesor\u00eda legal. Mi obligaci\u00f3n era con mi cliente; nadie puede alegar en su defensa la propia torpeza, y la torpeza de ellos se convirti\u00f3 en la riqueza de Rodr\u00edguez. Bueno, en parte de la m\u00eda tambi\u00e9n: no le cobr\u00e9 honorarios sino un porcentaje de la demanda. Con ese caso adquir\u00ed el apartamento en la playa, y pude posteriormente divorciarme de mi primera mujer sin quedar en la absoluta bancarrota.<\/p>\n<p>-Caso n\u00famero tres: Amanda Land\u00e1ez vs Roberto Gal\u00edndez.<\/p>\n<p>Al escuchar los nombres involucrados sent\u00ed una fuerte emoci\u00f3n: Amanda fue mi segunda esposa, y nos casamos despu\u00e9s de que terminara ese juicio.<\/p>\n<p>-Amanda Land\u00e1ez es una mujer sin escr\u00fapulos, quien sedujo a Roberto Gal\u00edndez, un ingeniero qu\u00edmico con postgrado en biomedicina, sumamente exitoso pero tambi\u00e9n sumamente ingenuo, y posteriormente lo incit\u00f3 a casarse con ella, con el \u00fanico prop\u00f3sito de enriquecerse. El juicio por el divorcio, h\u00e1bilmente llevado por usted, quebr\u00f3 a Roberto, tanto material como moralmente; termin\u00f3 vagando por las calles, alcoholizado y recogiendo latas para sobrevivir.<\/p>\n<p>Amanda, tan bella como insidiosa. Cre\u00ed que la estaba usando, cuando en realidad me utiliz\u00f3 ella a m\u00ed. La conoc\u00ed en un club de streepers, en donde bailaba en los tubos. Aunque suene trillado, hab\u00eda algo diferente en ella, o por lo menos eso imagin\u00e9. El asunto es que empec\u00e9 a enredarme con Amanda, aunque todav\u00eda no hab\u00eda concluido mi primer matrimonio. Al mismo tiempo en que sal\u00eda conmigo estaba manteniendo una relaci\u00f3n con Gal\u00edndez. Cuando me enter\u00e9 de eso enfurec\u00ed, pero Amanda me ten\u00eda totalmente engatusado. Despu\u00e9s de muchas discusiones le propuse el plan: hab\u00eda contratado a un detective privado para investigar al ingeniero, y el reporte que recib\u00ed  indicaba que el hombre, sin ser millonario, hab\u00eda logrado un buen nivel de vida (algunas propiedades y bastante dinero en el banco), gracias a sus habilidades como investigador en el campo de las toxinas. Por ende, propuse a Amanda que lo convenciera de casarse con ella, y al cabo de cierto tiempo divorciarse bajo el argumento de que Gal\u00edndez antepon\u00eda el trabajo a sus deberes conyugales. Conociendo la naturaleza humana, supon\u00eda que \u00e9l, para mantener el tren de vida que Amanda le iba a exigir, se deslomar\u00eda en el laboratorio, proporcion\u00e1ndole as\u00ed el motivo perfecto para la separaci\u00f3n. Al mismo tiempo empec\u00e9 los tr\u00e1mites de mi propio divorcio, calculando que las p\u00e9rdidas que me causara las recuperar\u00eda cuando me casara con Amanda. El divorcio de \u00e9sta \u00faltima fue bastante feo: Gal\u00edndez entendi\u00f3 que hab\u00eda sido enga\u00f1ado y contrat\u00f3 al mejor abogado que encontr\u00f3; sin embargo, yo tuve las de ganar, y el arreglo final dej\u00f3 a Amanda en una posici\u00f3n econ\u00f3mica privilegiada. Cuando salieron las sentencias de ambos divorcios, no esperamos mucho para contraer nupcias.  Tuvimos un par de a\u00f1os de relativa felicidad, hasta que ella se aburri\u00f3, arrastr\u00e1ndome a otro divorcio que me cost\u00f3 una peque\u00f1a fortuna; por lo menos pod\u00eda decir que en este caso yo tambi\u00e9n sal\u00ed perjudicado, por carambola.<\/p>\n<p>-Estos no son todos los episodios de su vida que est\u00e1n bajo juicio, ni mucho menos: apenas configuran una muestra de lo que sus perversas acciones son capaces de  producirle a los dem\u00e1s. A lo largo de su carrera usted acumul\u00f3, tal vez sin notarlo, una gran cantidad de enemigos, algunos de ellos muy poderosos; estos \u00faltimos son los que proporcionaron la log\u00edstica necesaria para llevar a buen puerto la acci\u00f3n que convinimos: todos los que resultamos negativamente afectados de una u otra forma por su infame manera de jugar con la justicia formamos una alianza, con el fin de destruirlo. A Roberto lo recuperamos de la calle,  le fabricamos una nueva identidad y le conseguimos un trabajo en una trasnacional de medicamentos, en el exterior; fue \u00e9l quien cre\u00f3 la sustancia que ahora lo tiene en ese estado que pudi\u00e9ramos definir catal\u00e9ptico,  pero no lo va a matar: nosotros no somos asesinos. Simplemente usted no presentar\u00e1 signos vitales, ya que la biotoxina reducir\u00e1 a niveles imperceptibles su pulso, los latidos del coraz\u00f3n y su respiraci\u00f3n, adem\u00e1s de dejarlo completamente paralizado, y lo que le ocurra en adelante ser\u00e1 simplemente dictado por la suerte, o si lo prefiere, por el destino. Ya se acab\u00f3 la charla: en este momento voy a buscar algo que necesito, y que debe estar por aqu\u00ed.<\/p>\n<p>O\u00ed que mov\u00edan la repisa que est\u00e1 detr\u00e1s de mi escritorio, que tapa la puerta de la caja fuerte. Y sent\u00ed el t\u00edpico sonido de la rueda de combinaci\u00f3n. La estaban abriendo, pero no pude imaginar con cual prop\u00f3sito. Escuch\u00e9 el sonido de la puerta abri\u00e9ndose, y posteriormente un ruido de papeles y de cajas. Por ultimo, un \u201c\u00a1Aqu\u00ed est\u00e1!\u201d y a continuaci\u00f3n el golpe de la pesada puerta de la caja fuerte cerr\u00e1ndose, y la repisa volviendo a su sitio.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, mi visita ya va a acabar. Me falta  solamente llamar a protecci\u00f3n civil, que ser\u00e1 el organismo encargado de usted a partir de ahora.<\/p>\n<p>Sent\u00ed que tomaban mi mano y me presionaban los dedos en contra de una superficie rugosa. Posteriormente vi aparecer un brazo con un guante de l\u00e1tex a su extremo que tom\u00f3 el tel\u00e9fono del escritorio, y se lo llev\u00f3 a alg\u00fan sitio que escapaba de mi limitado campo visual; al rato escuch\u00e9 la voz an\u00f3nima conversando con alguien:<\/p>\n<p>-Quiero reportar un posible infarto: la persona est\u00e1 sentada en un sill\u00f3n, inerte, y no presenta se\u00f1ales de vida. \u00a1Por favor, ap\u00farense, creo que est\u00e1 en trance de muerte!<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, indic\u00f3 la direcci\u00f3n del despacho, y colg\u00f3 el auricular. Volv\u00ed a ver la mano enguantada reponiendo el aparato en su lugar original.<\/p>\n<p>-Ahora me voy. No creo conveniente que me consigan aqu\u00ed.<\/p>\n<p>A los diez minutos, aproximadamente, escuch\u00e9 un esc\u00e1ndalo a la puerta de mi despacho, y una voz gritando:<\/p>\n<p>-Es aqu\u00ed\u2026 veo la cabeza de una persona apoyada sobre un sill\u00f3n.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, escuch\u00e9 unos pasos acerc\u00e1ndose, y una mano me sujet\u00f3. El due\u00f1o de ella se dirigi\u00f3 a m\u00ed, tal vez por ver mis ojos abiertos:<\/p>\n<p>-\u00bfSe\u00f1or, se encuentra bien?<\/p>\n<p>Al no recibir respuesta, trat\u00f3 de obtener mis signos vitales, o como sea que se llame esa operaci\u00f3n de tomar presi\u00f3n y  auscultarme.<\/p>\n<p>-Nada, no presenta se\u00f1ales de vida. Vamos a subirlo a la camilla, y tratar de hacerle un masaje card\u00edaco.<\/p>\n<p>Me tomaron por las piernas y los brazos, y me subieron cuidadosamente a una superficie mullida, una especie de colchoneta. Sent\u00ed dos manos encima de mi pecho, presionando como si trataran de extraer petr\u00f3leo de mi interior. El masaje dur\u00f3 unos diez minutos que me parecieron interminables; despu\u00e9s de ello, alguien dijo:<\/p>\n<p>-Creo que lo perdimos. Est\u00e1 muerto. Anota la hora: son las 5:21.<\/p>\n<p>En ese momento trat\u00e9 de emitir alguna se\u00f1al, algo que les hiciera ver el grave error que estaban cometiendo. Sin embargo, no pude hacer absolutamente nada. Vi una mano que se acercaba a mis ojos, y supe que me iban a cortar uno de los pocos nexos que me quedaban con el mundo exterior, la vista. Efectivamente me cerraron los p\u00e1rpados. A continuaci\u00f3n, sent\u00ed que me arropaban, tap\u00e1ndome hasta la cara. Lo que anteriormente formaba parte del imaginario colectivo, visto en innumerables pel\u00edculas y series de televisi\u00f3n, se trastoc\u00f3 en terrible realidad: legalmente estaba muerto. La legalidad\u2026 s\u00fabitamente ese t\u00e9rmino adquiri\u00f3 otro significado: en el pasado, fue mi forma de vida, una manera de obtener importantes ingresos, y de inflar de paso mi ego, utilizando las herramientas que me proporcionaron en las aulas de la universidad y las triqui\u00f1uelas aprendidas en la vida real, sin tomar mucho en cuenta los aspectos \u00e9ticos, o la justicia. Ahora, legalmente, estaba liquidado. Legalmente muerto, pero vivo en realidad. Y sin poder hacer nada para demostrarlo. Repentinamente tuve una revelaci\u00f3n: ese asunto del karma, el cual siempre desde\u00f1\u00e9, era cierto. \u00bfCu\u00e1ntas veces gan\u00e9 casos porque mi oponente no pudo demostrar que ten\u00eda la raz\u00f3n? Describir, o simplemente tratar de explicar los sentimientos de horror e impotencia que sent\u00eda en esos instantes es tarea imposible; b\u00e1stese con decir que se arriba a un punto en el cual es muy sencillo llegar a perder la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo que ocurri\u00f3 a partir de ese momento fue sumamente confuso: sent\u00ed que me trasladaban rodando en lo que supongo era una camilla, mientras escuchaba gritos y expresiones de sorpresa, que seguramente proven\u00edan de los vecinos de piso. Posteriormente, el sonido chirriante de las ruedas ces\u00f3. Sent\u00ed una presi\u00f3n leve en el pecho y en las piernas; creo que me aseguraron con unas correas. Percib\u00ed como la camilla descendi\u00f3, conjuntamente con un sonido met\u00e1lico,  y despu\u00e9s s\u00fabitamente ascend\u00ed: hab\u00edan plegado la cama port\u00e1til para bajarme por las escaleras. O\u00ed las quejas de los camilleros, haciendo bromas sobre mi peso. Claro, si supieran que estaba vivo a lo mejor hubieran sido m\u00e1s respetuosos. Pero para ellos era solo un cuerpo. Ese mismo hecho hizo que no tuvieran mucho cuidado en el transporte; tropezaron varias veces contra las paredes de las escaleras, y no tuvieron la delicadeza de mantener la camilla estable, por lo que hice gran parte del recorrido cabeza abajo y de lado. Eventualmente llegamos a la planta principal del edificio. Sent\u00ed como reposaban la camilla en el piso, y otra vez escuch\u00e9 el sonido met\u00e1lico y tuve la sensaci\u00f3n de elevarme. A continuaci\u00f3n o\u00ed las ruedas chirriando, percib\u00ed como bajaba, rebotando,  los dos escalones que llevan desde el hall de entrada del edificio hasta la acera, y despu\u00e9s otra vez el descenso, el sonido met\u00e1lico y el ascenso, y luego la quietud, y el ruido caracter\u00edstico de una puerta de veh\u00edculo cerr\u00e1ndose. Poco despu\u00e9s todo empez\u00f3 a moverse. Supuse que me estar\u00edan trasladando en una ambulancia, pero no escuch\u00e9 el sonido de la sirena. Claro, no hab\u00eda prisa. Para llevar a un muerto a la morgue siempre hay tiempo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de eso ca\u00ed en una especie de sopor,  al filo entre la vigilia y el sue\u00f1o. Tengo vagos recuerdos de haber sido movido de lugar, levantado, sacudido. Eventualmente debo haber perdido el conocimiento, porque cuando volv\u00ed a tener noci\u00f3n de m\u00ed mismo, estaba en un lugar cerrado, fr\u00edo y met\u00e1lico, y me encontraba totalmente desnudo. Escuch\u00e9 el atenuado sonido de unas voces hablando, pero solamente alcanc\u00e9 a entender que se estaban dando la hora: seg\u00fan lo que dijeron, eran las 2:30. De la madrugada, seguramente, ya que  mi supuesta muerte fue decretada a las 5:21 (presiento que esa combinaci\u00f3n de guarismos ya nunca abandonar\u00e1 mi memoria).  Fue en ese momento cuando decid\u00ed recopilar todos los acontecimientos que he narrado, ya que creo saber en donde estoy: una de las gavetas para cad\u00e1veres de la morgue. \u00bfMe ir\u00e1n a hacer una autopsia?, es decir, \u00bfme abrir\u00e1n en canal, y extirpar\u00e1n todas mis v\u00edsceras, una a una, estando yo a\u00fan vivo? Dios, sabes que nunca hab\u00eda invocado tu nombre, y sabes tambi\u00e9n que no he cre\u00eddo mucho en ti. Pero de repente necesito creer: \u00a1No permitas que lo hagan!<\/p>\n<p>Siento ruido, siento que me estoy moviendo y a pesar de tener los ojos cerrados percibo un cambio en la iluminaci\u00f3n: est\u00e1n abriendo la gaveta. El momento m\u00e1s terror\u00edfico est\u00e1 por llegar. Me cargan por los brazos y las piernas, y me depositan boca abajo sobre una superficie fr\u00eda; el contacto de mis pezones, mi vientre y mi sexo con lo que debe ser la plancha de metal de la mesa de autopsias me da una profunda sensaci\u00f3n de escalofr\u00edo.<\/p>\n<p>-\u00bfSeguro que es as\u00ed?<\/p>\n<p>-Esas son las instrucciones.<\/p>\n<p>-Bueno, no se pierde nada intentando\u2026Ag\u00e1rrese, jefe. Esto va a doler.<\/p>\n<p>Alguien me inyecta en la columna. Siento el pinchazo como si lo hubiera causado una aguja de tejer, pero no puedo expresar ning\u00fan tipo de dolor. Vuelvo a perder el conocimiento.<\/p>\n<p>-\u00a1Abogado Vargas! \u00a1Abogado Vargas, despierte!<\/p>\n<p>Esa voz me penetra en el o\u00eddo como un taladro de percusi\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 me llaman si me creen muerto? \u00bfFue solamente un mal sue\u00f1o? Abro los ojos, y me doy cuenta de que estoy en un cuarto que parece de hospital, y veo que unos cables me conectan a una m\u00e1quina.<\/p>\n<p>-De la que se salv\u00f3, abogado.<\/p>\n<p>Quien me habla es una persona vestida con una bata, a la que no puedo verle la cara, porque est\u00e1 cubierta con un tapabocas y unos anteojos de pl\u00e1stico. Tiene a otras dos personas al lado, con el mismo atuendo. Trato de hablar, \u00a1y puedo hacerlo!<\/p>\n<p>-\u00bfD\u00f3nde estoy?<\/p>\n<p>-Est\u00e1 en el hospital militar.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 me pas\u00f3?-Aunque el \u201cque\u201d lo se, m\u00e1s bien me interesa el \u201cc\u00f3mo\u201d.<\/p>\n<p>-Aparentemente sufri\u00f3 un infarto, o algo que nos hizo pensar que lo era. El m\u00e9dico de Protecci\u00f3n Civil lo declar\u00f3 muerto, y como dicta el protocolo fue trasladado a la morgue para proceder con la autopsia de rigor. Mientras eso ocurr\u00eda, en la estaci\u00f3n central de polic\u00eda se recibi\u00f3 un paquete an\u00f3nimo, que conten\u00eda dos cartas: una para el personal de polic\u00eda y otra destinada a usted. Al principio pensaron que era una broma de mal gusto, pero dentro del paquete consiguieron adicionalmente una jeringa llena con un l\u00edquido, y un cuchillo ensangrentado.<\/p>\n<p>-A partir de este momento, debo indicarle que tiene derecho a permanecer en silencio, ya que todo lo que diga puede ser utilizado en su contra. \u2013 Dice uno de los otros dos hombres.<\/p>\n<p>-Perd\u00f3n, no hice las presentaciones. Yo soy el doctor Ulises Bri\u00f3n, jefe del departamento de medicina forense de \u00e9ste hospital. A mi lado est\u00e1 el agente Jorge Rend\u00f3n, de la polic\u00eda nacional, y el otro caballero es el doctor Javier Urosa, el abogado de oficio que le asign\u00f3 el tribunal de control.<\/p>\n<p>-\u00bfAbogado? No entiendo\u2026 &#8211; digo para ganar tiempo, ya que estoy enterado demasiado bien de lo que ocurre.<\/p>\n<p>-Ver\u00e1, la carta destinada a la polic\u00eda indicaba que usted estuvo bajo la influencia de una poderosa neurotoxina, y que la jeringa conten\u00eda el ant\u00eddoto que contrarrestar\u00eda su acci\u00f3n. Tambi\u00e9n dec\u00eda que si analiz\u00e1bamos el cuchillo, \u00edbamos a encontrar evidencias del caso Monsalve. Efectivamente lo hicimos, y hallamos sus huellas digitales en \u00e9l, adem\u00e1s de las de Monsalve y sangre que, seg\u00fan las pruebas de ADN, perteneci\u00f3 a la difunta C\u00e1ndida Linares. Est\u00e1 usted acusado de haber participado en grado de complicidad en el asesinato de la se\u00f1orita Linares.<\/p>\n<p>Trato de decir algo, pero el abogado me hace una se\u00f1al para evitarlo. Y me extiende una carta. La saco del sobre (que tiene mi nombre en el espacio correspondiente al destinatario), y leo lo siguiente:<\/p>\n<p>\u201cLa justicia es como la muerte: puede tardar, pero eventualmente llega.\u201d. No est\u00e1 firmada, simplemente tiene dibujada a pie de p\u00e1gina una flor. Sin ser  bot\u00e1nico, creo saber cual es.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>He decidido relatar los acontecimientos ocurridos en estas \u00faltimas horas con la mayor imparcialidad que me sea posible. Presiento que no me queda mucho tiempo de vida, y quiero partir de este mundo con las cuentas claras. 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