{"id":15634,"date":"2011-06-14T21:38:47","date_gmt":"2011-06-15T02:08:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=15634"},"modified":"2011-06-16T21:54:03","modified_gmt":"2011-06-17T02:24:03","slug":"lepanto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/06\/14\/lepanto\/","title":{"rendered":"LEPANTO"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\">Confusion will be my epitaph.<br \/>\nPeter Sinfield, \u201cEpitaph\u201d<\/p>\n<p>-No se diga m\u00e1s nada, sobrino. Toma las llaves y te me vas una semanita al apartamento de la playa. Ese estado nervioso se te va a mejorar con un poco de tranquilidad, y de paso le das una vueltica al lugar, que hace meses que nadie baja. Sabes que somos familia: mi casa es tu casa.<\/p>\n<p>Con esas palabras el t\u00edo le entreg\u00f3 un llavero, t\u00edpico de las casas de playa (un tim\u00f3n de barco) y mencion\u00f3 algo sobre un jueguito de la cerradura, a lo que no le prest\u00f3 mucha atenci\u00f3n. Realmente era esa invitaci\u00f3n lo que estaba buscando cuando fue a visitar al hermano de su padre, un solter\u00f3n con fama de mujeriego quien, como se dice popularmente, sab\u00eda vivir la vida. Necesitaba estar a solas consigo mismo, apartarse por un tiempo de todo y de todos para poner sus ideas en orden, y ese sitio de playa, que por la temporada deber\u00eda de estar desierto, era el lugar ideal.<\/p>\n<p>Esa misma noche baj\u00f3 a la costa, sin equipaje alguno, solamente con sus pensamientos y sus culpas a cuestas. No se ocup\u00f3 siquiera de comprar v\u00edveres, lo har\u00eda en alg\u00fan comercio de la zona la ma\u00f1ana siguiente. En ese momento no le importaba ayunar: lo que quer\u00eda era llegar e instalarse. El trayecto se le hizo sumamente largo: el tr\u00e1fico en la ciudad se encontraba bastante congestionado por la hora, ya que todo el mundo trataba de llegar a alg\u00fan sitio. Cuando por fin arrib\u00f3 al edificio estaba cayendo un aguacero sumamente violento, pr\u00e1cticamente una tormenta, con su acompa\u00f1amiento de rel\u00e1mpagos y truenos. Desgraciadamente el estacionamiento no era techado, y en el trecho desde el veh\u00edculo hasta la entrada de la edificaci\u00f3n se empap\u00f3 por completo.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 al apartamento, adivinando las llaves. Fue f\u00e1cil: la de la cerradura blindada era inconfundible y con las otras dos, de las tradicionales, tuvo suerte a la primera. Al entrar le pas\u00f3 el cerrojo a la puerta, y trat\u00f3 de encender las luces, pero no lo consigui\u00f3; seguramente los breakers estar\u00edan bajados. Afortunadamente ten\u00eda su yesquero, lo que le permiti\u00f3 localizar el gabinete de los interruptores, justo al lado de la puerta, y solucionar el inconveniente, a medias: solamente pudo levantar dos de ellos, los dem\u00e1s estaban aislados. Ninguna luz se encendi\u00f3, excepto la de un tel\u00e9fono conectado a un enchufe en la pared. Aparentemente s\u00f3lo hab\u00eda electricidad en los tomacorrientes.  A continuaci\u00f3n se dirigi\u00f3 al cl\u00f3set del cuarto principal (que quedaba a la derecha de la entrada al apartamento) armado de su yesquero, con la intenci\u00f3n de quitarse esas ropas empapadas por el aguacero y ponerse algo seco. Abri\u00f3 el armario y lo que vio a primera vista fue una bata de terciopelo rojo. No lo pens\u00f3 dos veces, se desnud\u00f3 all\u00ed mismo y se ech\u00f3 encima aquella capa.<\/p>\n<p>El fr\u00edo le estaba llegando a los huesos, e instintivamente pens\u00f3 que la mejor manera de entrar en calor ser\u00eda una copa de alg\u00fan licor, que indudablemente estar\u00eda reposando en el mueble bar o en donde fuera que su t\u00edo guardara la bebida. Pero primero hurg\u00f3 un poco en el armario, y consigui\u00f3 un candelabro con una vela, que, una vez encendida, utiliz\u00f3 en su camino por el largo pasillo que conduc\u00eda de la entrada hacia el sal\u00f3n principal. Alumbrado con esa precaria iluminaci\u00f3n, el sitio se le antoj\u00f3 fantasmag\u00f3rico, tal vez por las sombras alargadas que produc\u00eda la vela. Adosado a una pared hall\u00f3 un antiguo arc\u00f3n de madera, cerrado con un grueso candado oxidado. Encima del arc\u00f3n se encontraba una llave. En un principio no le pareci\u00f3 apropiado abrir el candado; sin embargo record\u00f3 las palabras de su t\u00edo, y ya no le luci\u00f3 incorrecto.  Trat\u00f3 de abrir la cerradura con la llave, y tras algunos intentos lo logr\u00f3. Levant\u00f3 la tapa y efectivamente constat\u00f3 que su instinto lo hab\u00eda aconsejado bien: el arc\u00f3n funcionaba como dep\u00f3sito para las bebidas alcoh\u00f3licas. Y  estaba exquisitamente surtido: vinos y brandy, de la mejor calidad, reposaban en su interior. Eligi\u00f3 una botella de Lepanto (el nombre le trajo una borrosas memorias de una batalla sobre la cual  hab\u00eda le\u00eddo una an\u00e9cdota, relacionada con Cervantes, en su infancia), y empez\u00f3 a deambular por el sal\u00f3n, buscando una copa adecuada para la bebida.<\/p>\n<p>En una vitrina consigui\u00f3 algo apropiado: una especie de c\u00e1liz de bronce, aparentemente antiguo por lo desgastado de su superficie. Se le antoj\u00f3 perfecto recipiente para el noble licor que iba a ingerir, as\u00ed que lo llev\u00f3 a la cocina para enjuagarlo en el fregadero (ten\u00eda bastante polvo, se\u00f1al de que no lo hab\u00edan manipulado en largo tiempo). Una vez lavado el c\u00e1liz, procedi\u00f3 a vaciar una buena cantidad del preciado brandy en \u00e9l, tom\u00f3 un largo sorbo y lo palade\u00f3 un rato. Al principio le pareci\u00f3 que se le quemaba la boca, pero poco a poco sus papilas gustativas comenzaron a comprender que estaban en presencia de algo muy, muy bueno, y le embarg\u00f3 una sensaci\u00f3n de satisfacci\u00f3n. Sin embargo, en el momento siguiente, el destello incandescente de un rel\u00e1mpago, acompa\u00f1ando inmediatamente del estruendoso trueno, lo sacaron de ese estado de tranquilidad que hab\u00eda logrado alcanzar. Con el sobresalto se le derram\u00f3 encima de la bata un poco del brandy. Y tuvo la extra\u00f1a sensaci\u00f3n de no estar solo.<\/p>\n<p>Cuando se le pas\u00f3 el susto, decidi\u00f3 dar un recorrido por el apartamento. No hab\u00eda estado en ese sitio desde que ten\u00eda unos 8 o 9 a\u00f1os, por lo que los espacios, que recordaba sumamente amplios, le parecieron de dimensiones modestas (sin embargo, para un sitio de playa, era bastante grande). Empez\u00f3 a pasear, envuelto en su capa de terciopelo  color rub\u00ed, sosteniendo en una mano el candelabro y en la otra la copa.<\/p>\n<p>En una esquina de la sala localiz\u00f3 un equipo de sonido de la \u00e9poca de los 70, esos que se llamaban \u201ctres es uno\u201d por estar compuestos de un tocadiscos, un grabador-reproductor y un sintonizador de radio. Al lado del aparato yac\u00eda una pila de cassettes. Eligi\u00f3 uno al azar, lo revis\u00f3 y ley\u00f3: \u201cM\u00daSICA PARA FIESTAS\u201d. Sin pensarlo mucho, lo introdujo en el reproductor, lo rebobin\u00f3, pis\u00f3 la tecla \u201cplay\u201d, y a los segundos escuch\u00f3 una voz, seguramente distorsionada con alg\u00fan aparato especial, pronunciando las siguientes palabras: \u201cBienvenido a la fiesta m\u00e1gica del rock, \u00a1lo que escuchar\u00e1s a continuaci\u00f3n sacudir\u00e1 tus sentidos y te llevar\u00e1 a otra dimensi\u00f3n!\u201d. Una vez terminado ese breve discurso de introducci\u00f3n, empez\u00f3 a sonar \u201cIn a gadda-da-vida\u201d, de Iron Butterfly. \u201cVaya fiestas que se tiraba mi t\u00edo\u201d, pens\u00f3. \u201cRock psicod\u00e9lico mezclado con Lepanto: esto se empieza a poner interesante.\u201d<\/p>\n<p>La revisi\u00f3n del sal\u00f3n le permiti\u00f3 localizar m\u00e1s candelabros, con velas a medio consumir. Aprovech\u00f3 para encenderlas y de esta manera tuvo una iluminaci\u00f3n un poco m\u00e1s fuerte, y pudo observar con mayor detalle el lugar. Era una estancia de planta cuadrada, en donde resaltaba una gran mesa redonda con ocho sillas. Apoyado de una pared, un sof\u00e1 aparentemente de cuero, con dos mesitas laterales. Dos sillones, del mismo estilo del sof\u00e1, y una mesa de centro completaban el juego de sal\u00f3n. En la pared enfrentada al sof\u00e1 se encontraba la vitrina de donde sac\u00f3 la copa. Y, al fondo del sal\u00f3n, la puerta de vidrio que funcionaba como entrada al gran balc\u00f3n semicircular con vista al mar, el mayor atractivo del apartamento. Se asom\u00f3 un momento a esa puerta de vidrio, justo cuando otro rel\u00e1mpago ilumin\u00f3 repentinamente el cielo. Tuvo una visi\u00f3n instant\u00e1nea del mar: estaba totalmente encrestado, con unas enormes olas, y una gran embarcaci\u00f3n de vela trataba de remontarlas.<\/p>\n<p>Esa imagen lo perturb\u00f3: tuvo que haber sido una especie de ilusi\u00f3n \u00f3ptica. En esta \u00e9poca tales embarcaciones son pr\u00e1cticamente una curiosidad arqueol\u00f3gica; no era probable que una de ellas estuviera navegando de noche y menos con ese mar. Sin embargo qued\u00f3 con la duda, ya que en ese momento reinaba la mayor oscuridad. A pesar del aguacero, la curiosidad lo hizo salir al balc\u00f3n, para corroborar lo que hab\u00eda entrevisto: estuvo un largo rato vislumbrando el oc\u00e9ano, sin que apareciera otro rel\u00e1mpago que iluminara la escena. El viento y la lluvia que lo azotaban por momentos lo transportaron: se dej\u00f3 llevar por la atm\u00f3sfera y fantase\u00f3 con ser uno de los tripulantes de la fantasmal embarcaci\u00f3n, enfrentado a un destino incierto. Repentinamente, un poderoso rayo lo sac\u00f3 de esa enso\u00f1aci\u00f3n y le permiti\u00f3 constatar que su barco velero era en realidad el esqueleto de un gran \u00e1rbol, a la orilla de la playa, cuyas desnudas ramas parec\u00edan justamente el aparejo de una embarcaci\u00f3n de anta\u00f1o.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esa experiencia visual, que lo dej\u00f3 bastante mojado otra vez, regres\u00f3 al interior del apartamento. Envuelto en la atm\u00f3sfera que le daba al lugar la melod\u00eda vagamente hipnotizante de la canci\u00f3n que segu\u00eda sonando en el aparato, se dirigi\u00f3 a una de las habitaciones, la destinada para hu\u00e9spedes. Abri\u00f3 la puerta, y tuvo su segundo susto de la noche: Ante \u00e9l apareci\u00f3 una extra\u00f1a figura envuelta en una capa carmes\u00ed, sosteniendo en la mano izquierda una copa medieval y en la otra un candelabro.<\/p>\n<p>Le tom\u00f3 una fracci\u00f3n de segundo entender lo obvio: se estaba reflejando en el gran espejo de cuerpo entero de la habitaci\u00f3n. Solt\u00f3 una carcajada liberadora y empez\u00f3 a hacer caras frente al espejo, pero por un momento le pareci\u00f3 ver detr\u00e1s del individuo envuelto en la capa una figura femenina. Realmente un esbozo de rostro de mujer, como flotando alrededor de \u00e9l. Aterrorizado, volte\u00f3 la cabeza y descubri\u00f3 que lo que hab\u00eda confundido con una cara era realmente una mariposa nocturna, de esas que parecen tener dibujados unos ojos en las alas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de reponerse de ese peque\u00f1o percance se dispuso a revisar el cuarto. Una litera instalada al lado de una pared y  una mesita de noche configuraban el mobiliario del cuarto de hu\u00e9spedes. Apoy\u00f3 el candelabro sobre la mesita de noche y continu\u00f3 con el inventario. Solamente un cuadro adornaba las paredes, una acuarela de un paisaje marino. En la pared contraria a la de la litera se encontraba la puerta de un closet. No era la cl\u00e1sica puerta deslizante que se emplea generalmente, sino de hojas batientes. Decidi\u00f3 abrirla impulsivamente y, al hacerlo, algo se le abalanz\u00f3 encima,  muy pesado y pegajoso. La sorpresa le hizo pegar un grito, m\u00e1s agudo de lo que el amor propio le hubiera permitido admitir posteriormente. Durante un rato no pudo moverse, estaba como atrapado en una especie de red que lo envolv\u00eda, y mientras m\u00e1s trataba de zafarse m\u00e1s se enredaba.<\/p>\n<p>\u201cCareful with that axe, Eugene!!!\u201d Desde los altoparlantes, el grito desgarrado de Roger Waters lo regres\u00f3 a la realidad, y entendi\u00f3 que el monstruo con el que estaba lidiando era realmente una enorme bobina de alg\u00fan material pl\u00e1stico, que debido al calor se hab\u00eda amelcochado. Seguramente estar\u00eda apoyada de la puerta y cuando \u00e9sta abri\u00f3 se desplom\u00f3, cay\u00e9ndole encima. Termin\u00f3 de desembarazarse de aquella masa pegajosa y se levant\u00f3 del piso, con el prop\u00f3sito de limpiar un poco el peque\u00f1o desastre que hab\u00eda ocasionado. \u201cVaya, ahora Pink Floyd. No sab\u00eda de esos gustos de mi t\u00edo, tal vez tenga que ir un d\u00eda a registrar su discoteca\u201d. Mientras pensaba en eso, trataba de alzar la enorme bobina, tarea bastante dif\u00edcil dada su consistencia y peso. Finalmente, como pudo, la coloc\u00f3 en su lugar, y cerr\u00f3 el closet.<\/p>\n<p>Se dispon\u00eda a salir del cuarto, cuando observ\u00f3 una cosa que le pareci\u00f3 extra\u00f1a: la gaveta de la mesa de noche estaba abierta, y \u00e9l jurar\u00eda que en el momento que entr\u00f3 en el cuarto se encontraba cerrada. La curiosidad le hizo acercarse, no sin antes apurar el resto del brandy, de un solo sorbo. Introdujo la mano y con horror sinti\u00f3 que algo se la toc\u00f3, algo vivo pero repulsivamente fr\u00edo. Instintivamente la retir\u00f3, y con eso termin\u00f3 de sacar la gaveta del mueble, cayendo al suelo. El contenido de la gaveta se desparram\u00f3 por el piso de la habitaci\u00f3n, incluyendo el animal que caus\u00f3 el alboroto: era una especie de lagartija, de tama\u00f1o considerable, que por un momento se le qued\u00f3 observando a los ojos (con una mirada que ten\u00eda algo de diab\u00f3lico) y enseguida sali\u00f3 corriendo hacia una esquina del cuarto, donde desapareci\u00f3. El resto de los objetos no ten\u00edan nada de particular: unos frascos de bronceador casi vac\u00edos (se pregunt\u00f3 porqu\u00e9 la gente simplemente no bota esas cosas, cuando est\u00e1n a punto de acabarse), unas monedas ya en desuso, una caja de toallines\u2026 y un atado de cartas. Eso si le interes\u00f3: ya que hab\u00eda comenzado a registrar, iba a ir hasta el fondo. Tom\u00f3 las cartas y volvi\u00f3 al sal\u00f3n, en b\u00fasqueda de un sitio para leer y de m\u00e1s brandy.<\/p>\n<p>Mientras rellenaba la copa con el costoso licor del t\u00edo, la voz distorsionada volvi\u00f3 a hablar: \u201cFin de la primera parte. Adelanta la cinta y pon el lado B, si te atreves a continuar en este viaje\u201d. Pens\u00f3 \u201c\u00bfpor que no?\u201d e hizo precisamente lo que se le estaba sugiriendo. Al accionar la tecla de arranque, empez\u00f3 a sonar la m\u00fasica, esta vez sin ninguna introducci\u00f3n (cosa que de cierta manera lo decepcion\u00f3). \u201c21 century schizoid man\u201d, de King Crimson. Otro gran cl\u00e1sico de la \u00e9poca dorada del rock experimental.<\/p>\n<p>Se sent\u00f3 en el sill\u00f3n que daba hacia la puerta del balc\u00f3n, al lado de uno de los candelabros para tener luz que le permitiera examinar el fajo de cartas que hallara en la gaveta. Una primera revisi\u00f3n le permiti\u00f3 observar que eran de la misma persona, ya que la caligraf\u00eda era id\u00e9ntica en todas las p\u00e1ginas. Y esa caligraf\u00eda le pareci\u00f3 sumamente familiar. Empez\u00f3 con la lectura, aunque algo le dec\u00eda que no era una buena idea.<\/p>\n<p>\u201cSi est\u00e1s leyendo estas palabras, es por que el fin est\u00e1 cerca\u201d. Esa frase le eriz\u00f3 los pelos de la nuca, pero no pudo leer m\u00e1s nada ya que repentinamente una brisa helada penetr\u00f3 al sal\u00f3n y como consecuencia de ello todas las velas se apagaron, dej\u00e1ndolo a oscuras. El hecho lo inquiet\u00f3 sobremanera, ya que seg\u00fan recordaba ninguna ventana  estaba abierta\u2026 Y volvi\u00f3 a presentir la misma presencia de antes, la sensaci\u00f3n de unos ojos mirando fijamente a su espalda.<\/p>\n<p>Ya ten\u00eda los nervios a flor de piel: comenzaba a experimentar verdadero terror. Ese apartamento estaba conspirando en su contra, como si no quisiera que estuviera all\u00ed, o m\u00e1s bien como si se estuviera divirtiendo a su costa. Trat\u00f3 de calmarse, de racionalizar los hechos: realmente no hab\u00eda pasado nada sobrenatural, todo lo ocurrido ten\u00eda una explicaci\u00f3n l\u00f3gica. Tom\u00f3 una larga bocanada de aire, sorbi\u00f3 un trago, y busc\u00f3 un poco de sosiego, en la total oscuridad en la que se encontraba sumergido.<\/p>\n<p>La tormenta no hab\u00eda cesado, m\u00e1s bien parec\u00eda estar arreciando. Una sucesi\u00f3n de rel\u00e1mpagos ilumin\u00f3 violentamente la noche y en frente de \u00e9l se empez\u00f3 a desarrollar una especie de pel\u00edcula, como vista a trav\u00e9s de una luz estrobosc\u00f3pica, en la que las im\u00e1genes aparecen y desaparecen continuamente.  Y esta vez s\u00ed vio algo claramente: el reflejo de una figura humana en el vidrio de la puerta del balc\u00f3n. No fue como en las ocasiones anteriores, en las que su imaginaci\u00f3n le estuvo gastando bromas. Lo que hab\u00eda visto no era una alucinaci\u00f3n, ni una ilusi\u00f3n \u00f3ptica: era real. Eso fue m\u00e1s de lo que pod\u00eda soportar: se levant\u00f3 del sill\u00f3n y huy\u00f3 hacia la puerta del apartamento, con el firme prop\u00f3sito de escapar de ese lugar. Corri\u00f3 como se corre en las pesadillas; sent\u00eda que nunca iba a llegar. Cuando finalmente lo logr\u00f3, comenz\u00f3 a forcejear con la llave, pero el p\u00e1nico que lo dominaba no le permiti\u00f3 abrir la puerta. En ese momento record\u00f3 que su t\u00edo le hab\u00eda mencionado algo referente a la cerradura, y hubiera dado todo lo que ten\u00eda por haberle prestado atenci\u00f3n oportunamente. Sin embargo no fue as\u00ed, y ahora estaba atrapado. La canci\u00f3n de Crimson lleg\u00f3 a su fin, y en el peque\u00f1o intervalo antes de que arrancara la siguiente, escuch\u00f3 el sonido que m\u00e1s tem\u00eda, pero  sab\u00eda inevitable: el sonido de unos pasos acerc\u00e1ndose por el pasillo.<\/p>\n<p>Eso no fue lo \u00faltimo que escuch\u00f3, no obstante: ir\u00f3nicamente, en el equipo de sonido comenz\u00f3 a sonar esa magn\u00edfica canci\u00f3n de Los Doors, \u201cThe end\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Confusion will be my epitaph. Peter Sinfield, \u201cEpitaph\u201d -No se diga m\u00e1s nada, sobrino. Toma las llaves y te me vas una semanita al apartamento de la playa. 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