{"id":14405,"date":"2011-04-10T03:25:02","date_gmt":"2011-04-10T07:55:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=14405"},"modified":"2011-04-10T03:25:41","modified_gmt":"2011-04-10T07:55:41","slug":"primacia-del-acto-sobre-la-palabra-del-mensaje-sobre-la-forma-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/04\/10\/primacia-del-acto-sobre-la-palabra-del-mensaje-sobre-la-forma-2\/","title":{"rendered":"PRIMAC\u00cdA DEL ACTO SOBRE LA PALABRA Y DEL MENSAJE SOBRE LA FORMA"},"content":{"rendered":"<p><strong>Villa Regina, 8 de abril de 2011.<\/strong><\/p>\n<p><strong>PRIMAC\u00cdA DEL ACTO SOBRE LA PALABRA<br \/>\n\u00a0Y DEL MENSAJE SOBRE LA FORMA<\/strong><\/p>\n<p><strong>POR CARLOS SCHULMAISTER<a href=\"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-admin\/post-new.php#_edn1\"><strong>[*]<\/strong><\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Versi\u00f3n revisada y actualizada.<\/strong><\/p>\n<p>Cuando el abordaje de la obra literaria -tanto de ficci\u00f3n como de no ficci\u00f3n- obedece a impulsos personales antes que a obligaciones ajenas a la voluntad del potencial lector (por ejemplo cuando no es tarea escolar obligatoria ni investigaci\u00f3n acad\u00e9mica, aunque tambi\u00e9n cuando no obedece a un inter\u00e9s previo en ella o en su autor) \u00a0la posibilidad de su lectura completa resulta a menudo azarosa.<\/p>\n<p>Si el temerario que se aventur\u00f3 a retirar un libro del estante resulta atrapado por las im\u00e1genes y colores llamativos de una cubierta realizada en papel de buena calidad, o eventualmente por el agradable olor a libro nuevo que de \u00e9l emana, puede que siga adelante espiando furtivamente su interior.<\/p>\n<p>Pero si el volumen huele a viejo, o si\u00a0 descubre que el autor utiliza un estilo demasiado alambicado y abstruso para su gusto en el tratamiento del contenido puede que desista.<\/p>\n<p>Sin embargo, independientemente de cu\u00e1l sea su decisi\u00f3n en las condiciones apuntadas, puede que la obra sea magn\u00edfica -por m\u00e1s que dif\u00edcil-, que las hay en abundancia con tales caracter\u00edsticas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es posible que una abultada cantidad de p\u00e1ginas y el tama\u00f1o microsc\u00f3pico de las letras empleadas lo abrumen sobremanera y lo lleven a sospechar que la obra posee un exceso de palabras respecto de las que \u00e9l mismo u otras personas podr\u00edan reputar como necesarias o convenientes para dar cuenta del contenido inicialmente prefijado, lo cual tambi\u00e9n es muy frecuente.<\/p>\n<p>Incluso, puede que los motivos que lo lleven a persistir o a desertar de la faena no tengan relaci\u00f3n alguna con la obra en cuesti\u00f3n, sino que se deban a contar con\u00a0 un largo tiempo disponible por delante, el cual ha de llenar a como d\u00e9 lugar -en el primer caso-, o bien, a todo lo contrario en el segundo.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, podr\u00eda sentirse tan aburrido en ese momento que potencialmente fuera capaz de leer cualquier libro que cayera en sus manos, independientemente de que le agradara o que comprendiera sus mensajes.\u00a0<\/p>\n<p>Conociendo estas posibles formas de abordaje de una obra -am\u00e9n de otras m\u00e1s elevadas que por cierto tambi\u00e9n son habituales- podr\u00eda uno preguntarse si los autores deber\u00edan esmerarse en desarrollar su arte de forma tal que nadie pudiera escapar a su influjo. Por ejemplo, \u00bfcon cu\u00e1les palabras, con cu\u00e1les combinaciones, con qu\u00e9 presencias y ausencias de ellas, o con qu\u00e9 extensi\u00f3n deber\u00edan escribir para que un eventual acto de lectura pudiera desarrollar \u00edntegramente su ciclo?<\/p>\n<p>Esta actual cultura universal letrada que lleva como m\u00ednimo unos seis mil a\u00f1os de existencia, a contar desde los testimonios m\u00e1s antiguos (hasta ahora) de escritura, ha llevado a la humanidad a creer que el conocimiento m\u00e1s profundo de los misterios y problemas de la existencia exige inexorablemente largas y complejas explicaciones. De all\u00ed que la sabidur\u00eda haya dejado de ser cada vez m\u00e1s una cualificaci\u00f3n y un estado personal para aparecer como una acumulaci\u00f3n de palabras en formato de libros. En definitiva, algo que se halla por fuera de la interioridad humana.\u00a0<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de las personas -artistas o no- saben o presienten que para comunicar no deben hacerlo con exceso ni\u00a0 con carencia de recursos expresivos; antes bien, deben hallar el punto de equilibrio m\u00e1s adecuado entre esos extremos para alcanzar sus prop\u00f3sitos iniciales.<\/p>\n<p>No obstante, los creadores jam\u00e1s creen que sus obras est\u00e9n acabadas, o que no podr\u00edan haberle agregado algo m\u00e1s, o que respecto al asunto desarrollado est\u00e9 dicho todo lo que se podr\u00eda decir. Y tienen raz\u00f3n, un \u00e1tomo se conecta con el Universo y viceversa, y el artista va y viene en ambas direcciones, pero la extensi\u00f3n del camino que ha de recorrer, el ritmo que ha de llevar su paso y las vivencias que ese tr\u00e1nsito le depare constituyen algo absolutamente personal y singular.\u00a0<\/p>\n<p>De hecho, un artista puede producir una obra cuyo efecto sobre el esp\u00edritu y el entendimiento del lector sea de una magnitud tan arrolladora como la violencia ejercida por un tsunami en los espacios que recorre, en este caso el cuerpo y el alma del lector. Por lo contrario, puede escribirla con parquedad y sencillez expresivas, con alusiones y rodeos, insinuando o connotando con delicadeza y austeridad verborr\u00e1gica estados, emociones o situaciones que no dejar\u00e1n impasible al lector sino que lo estremecer\u00e1n con otro tipo de movimientos y vibraciones de su alma y su cerebro.<\/p>\n<p>Los grandes creadores de todos los tiempos siempre han sabido que hasta el asunto m\u00e1s grande y m\u00e1s complejo puede ser expresado con austeridad elocutiva,\u00a0 asoci\u00e1ndolo y connot\u00e1ndolo con la riqueza y la grandeza que paradojalmente se revela en lo m\u00e1s peque\u00f1o.<\/p>\n<p>El secreto radica en las palabras elegidas tanto como en las desechadas; en los relatos construidos y en las im\u00e1genes producidas, pero tambi\u00e9n en las resonancias que todo ello produzca en el lector.<\/p>\n<p>De modo que todo comunicador expresa -mediante cierta cantidad y calidad de palabras- m\u00e1s y menos simult\u00e1neamente que lo que el receptor podr\u00eda esperar, o que lo que un tratamiento acabado o transparente de alg\u00fan asunto ameritar\u00eda en determinados contextos.<\/p>\n<p>Ciertamente, las palabras tambi\u00e9n se utilizan deliberadamente para producir efectos opuestos a las originarias funciones denotativas de las cosas tangibles e intangibles. As\u00ed, las palabras se usan para confundir, para enga\u00f1ar, para ilusionar falsamente, para escamotear la verdad, para distorsionarla o enmascararla, para complejizar su entendimiento o directamente para negarla.<\/p>\n<p>Por las dudas, siempre es preferible para una comunicaci\u00f3n honesta utilizar expresiones sencillas y veraces\u00a0 antes que rebuscadas, confusas o falsas, como ocurre cuando alguien habla con su contador o su m\u00e9dico, o cuando en medio de una crisis el presidente o el ministro de econom\u00eda de una naci\u00f3n se dirigen por televisi\u00f3n a la poblaci\u00f3n: todos quieren escuchar la verdad sin vueltas, y toda la verdad, por m\u00e1s dolorosa que sea.<\/p>\n<p>Naturalmente, todos tienen apetencia de verdad, por lo menos la mayor parte del tiempo<em>, <\/em>pero la expresi\u00f3n sencilla, ruda y directa es preferida no tanto porque se la represente generalmente\u00a0 como veh\u00edculo y ropaje de la verdad, sino por el com\u00fan instinto defensivo de la humanidad por causa de la experiencia acumulada hist\u00f3ricamente respecto de que las palabras y sus adecuadas combinaciones han servido y sirven tanto para el bien como para el mal.<\/p>\n<p>Con palabras y discursos elaborados se justifican y legitiman tambi\u00e9n los poderes injusto<em>s<\/em> y opresores<em>. <\/em>Cuanto m\u00e1s injusto es un poder, m\u00e1s palabras, m\u00e1s teor\u00eda y m\u00e1s recursos adicionales necesita para convencer, persuadir o disuadir, pero una vez logrado su objetivo el convencimiento generado se convierte en doctrina oficial que disciplina, moldea y reproduce los pensamientos colectivos posteriores, claro que requiriendo para ello un alto costo de mantenimiento en m\u00faltiples aspectos.<\/p>\n<p>En cambio, la verdad, la belleza, lo bueno, lo justo, requieren pocas palabras para ser comprendida<em>s<\/em>, amadas y mantenidas pr\u00e1cticamente sin costo alguno en sus repositorios finales: los corazones y los cerebros humanos.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que las palabras no valgan por si mismas. No las hay b\u00e1rbaras o civilizadas, ni buenas o malas, y las que en ciertos contextos hist\u00f3ricos resultan \u201cinadecuadas\u201d o \u201cincorrectas\u201d en otros pueden aparecer normales y hasta deseables.<\/p>\n<p>\u00bfQue hay palabras que matan, que laceran, que duelen o incomodan?, \u00bfque hay otras que liberan, que acarician, que son b\u00e1lsamos?<\/p>\n<p>No es cierto, las tribulaciones no nacen de las palabras implicadas en esas acciones sino en los vericuetos del coraz\u00f3n y la mente de quienes las pronuncian o escriben, de quienes las escuchan o leen, de quienes aceptan o rechazan sus significados y sus intenciones, como ense\u00f1aron Epicteto y Marco Aurelio dos milenios atr\u00e1s y antes que ellos los estoicos y los c\u00ednicos. De ah\u00ed que, por ejemplo, la palabra \u201cnegro\u201d no sea culpable de nada cuando es proferida con un rictus despectivo en la boca y\/o con\u00a0 intenci\u00f3n de agraviar, ni tampoco ser\u00e1 \u201cbuena\u201d cuando alguien la utilice para referirse cari\u00f1osamente a una persona de tez oscura, como de hecho tambi\u00e9n ocurre.<\/p>\n<p>Tampoco existen palabras sagradas. <em>Dios<\/em> no es una de ellas, tampoco <em>Patria<\/em> ni <em>Libertad<\/em>, como con frecuencia se oye y se cree. No son ellas quienes generan -ni al pronunciarlas ni al ser pensadas- los presuntos bienes espirituales atribuidos a aquello a lo que aluden, ni tampoco son responsables por los cr\u00edmenes cometidos en su nombre. Son s\u00f3lo palabras hist\u00f3ricas, humanas, contingentes.<\/p>\n<p>No tienen\u00a0 poderes m\u00e1gicos que al ser pronunciadas produzcan hechos antinaturales, no existen aquellas que jam\u00e1s deban pronunciarse so pena de acarrear s\u00fabitas calamidades, ni \u2013a la inversa- que sean en si mismas portadoras de ventura. Cualquier creencia en tal sentido est\u00e1 m\u00e1s cerca de los mitos y la superstici\u00f3n que de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>No existen palabras adecuadas ni inadecuadas, ni bellas ni feas, ni delicadas o chabacanas, y pese a ser en primera instancia s\u00f3lo aire y sonido tampoco huelen. Por lo tanto, el tan mentado car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la\u00a0 palabra \u201cmierda\u201d es s\u00f3lo una figuraci\u00f3n que depende de las intenciones del hablante. As\u00ed, para algunos es un gesto de refinamiento social desear <em>mucha merde<\/em> en franc\u00e9s, idioma que algunos califican de \u201cdulce\u201d a pesar de que no sabe a nada; lo cual muestra que las palabras tienen sentidos diferentes en funci\u00f3n de c\u00f3digos particulares dependientes de variables idiom\u00e1ticas, sociales y culturales particulares.<\/p>\n<p>No son las palabras sino sus contenidos simb\u00f3licos las que efectivamente tienen propiedades, es decir, las ideas buenas y malas, bellas y feas, justas e injustas, tiernas o duras. Son precisamente la belleza o la fealdad, la bondad o la maldad, la justicia o la injusticia, la ternura o la dureza de aquellos las que enga\u00f1osamente recubren sus ropajes, es decir las palabras,\u00a0 para engalanarlas o degradarlas.<\/p>\n<p>En ciertas \u00e9pocas y lugares las ideas de blanco, cristiano y cat\u00f3lico eran consideradas buenas y las de negro y jud\u00edo malos, derivando de all\u00ed la costumbre de sustituir los respectivos t\u00e9rminos por expresiones como \u201chombre de color\u201d o \u201chebreo\u201d por considerar que al aplicarlas en casos concretos se pod\u00eda llegar a ofender a sus respectivos destinatarios.<\/p>\n<p>Todos juzgamos por las apariencias en lugar de penetrar las esencias de las cosas, de los hombres y de sus comportamientos. De ah\u00ed que nos equivoquemos tanto. Las palabras no son ropajes que hermoseen ni afeen a las ideas que transportan, aunque puedan enmascararlas. Ellas son s\u00f3lo medios para el fin de expresar las ideas y \u00e9stas son las que han originado a aquellas. Por eso los eufemismos refinados no valen por sus formas sino por la idea y la intenci\u00f3n que conllevan. Es lo intr\u00ednseco de las ideas, sus esencias, lo que importa, y no si vienen envueltas en\u00a0 harapos o en telas de lujo.<\/p>\n<p>Por eso es apreciado que las palabras -en tanto que soportes y veh\u00edculos- se correspondan con las reales intenciones de los hablantes en lugar de ser deformadas, distorsionadas y gastadas. En la vida cotidiana la variedad, la riqueza, la precisi\u00f3n o la pertinencia del lenguaje no garantizan la sinceridad de lo que se expresa, ni, a la inversa, tampoco la sinceridad y la intensidad de las ideas o los sentimientos expresados en palabras dependen de aquellos cuatro factores. Si as\u00ed fuera los lac\u00f3nicos, los parcos, los de menor bagaje ling\u00fc\u00edstico aparecer\u00edan fatalmente exiguos de sentimientos y de sensibilidad finos, de humanidad en suma. Consideraci\u00f3n clasista que supone que los \u201cincultos\u201d con pocas palabras en sus mochilas, o quienes no conocen una variada gama de acepciones o no las combinan con arte son brutos, palurdos o guarros incapaces de amar y poseedores de una sensibilidad inferior a la de los letrados y \u201ccultos\u201d porque no han hurgado en el cofre donde se guardan las 300 definiciones del amor, o porque no leyeron una novela rom\u00e1ntica en su vida, o porque no conocen aquel famoso verso de Fulano de Tal.<\/p>\n<p>Claro que la alternativa a la propuesta de \u00c1ngel Gabilondo en el III Congreso Internacional de la Lengua en Rosario, a\u00f1o 2004, siendo rector de la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid (en 2011 es ministro de Educaci\u00f3n de Espa\u00f1a), de buscar apasionadamente la justeza y precisi\u00f3n de las palabras pues de lo contrario se ha de desmoronar el Universo, no es &#8211; sobre todo si no se cree en ella- apelar a \u201cliberar\u201d el uso de las llamadas \u201cmalas palabras\u201d, ni la reducci\u00f3n del lenguaje a\u00a0 un m\u00ednimo b\u00e1sico, pues as\u00ed como es falso el supuesto de la superioridad ontol\u00f3gica de quien se expresa en un lenguaje trabajado, elevado o complejo, tambi\u00e9n lo es aquel que asocia la nobleza o la pureza del ser con el status de pobre o con la posesi\u00f3n de un elemental bagaje de palabras.<\/p>\n<p>La lengua, y mejor el habla, es un hecho de libertad; de ah\u00ed la diversidad y los m\u00faltiples niveles de expresi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica. Tambi\u00e9n la sencillez, como la complejidad o la sofisticaci\u00f3n del habla son hijas de la libertad, y deben admitirse como otros tantos datos de la diversidad con que se presentan las cosas culturales y sociales; sin olvidar tampoco la existencia de\u00a0 procesos massmedi\u00e1ticos de dirigismo institucional, y de fen\u00f3menos de snobismo y excentricidad que distorsionan y mercantilizan los procesos de producci\u00f3n del habla, y consiguientemente de la escritura, instalando formas de decir reputadas de aceptables, convenientes o deseables -aquel anhelado \u201chablar bien\u201d de Gabilondo-\u00a0 e incluso como formas de vocabularios t\u00e9cnicos que se cubren de prometedores valores de cambio y simult\u00e1neamente de escasos valores de uso que condenan a silencio los lenguajes populares no escritos, no oficiales ni institucionales.<\/p>\n<p>Es absurdo reprimir las formas del habla por exceso o carencia de significaci\u00f3n o de eufon\u00eda, o por otras razones, como tambi\u00e9n es rid\u00edculo canonizar sus significados y hacerlos obligatorios, sobre todo por ser ello fruto del poder dominante por m\u00e1s que puedan encubrirse bajo apelaciones a \u201chablar bien\u201d o a la \u201cdemocratizaci\u00f3n de la distribuci\u00f3n social de las palabras\u201d, o de \u201clos significados\u201d. Lo cual no es otra cosa que lo que se viene haciendo a trav\u00e9s de todos los sistemas educativos oficiales y cuyo resultado en los \u00faltimos quinientos a\u00f1os ha sido que los pueblos originarios de Am\u00e9rica, Africa, Asia y Ocean\u00eda hayan perdido para la interacci\u00f3n social sus lenguas vern\u00e1culas no escritas, debiendo adoptar las palabras de sus dominadores hasta para maldecirlos, como ha dicho el poeta con belleza y precisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Por eso entendemos, desde este lugar del mundo, que primeramente hay que democratizar el derecho a la acci\u00f3n, a la acci\u00f3n de habla y a la acci\u00f3n en general, pues en ella lo fundamental es comunicarse, entenderse, pues de nada sirve la palabra sin los hechos, sin mensaje ni contenido, sin prop\u00f3sitos ni fines, como no sirve un hermoso vestido femenino sin un bello cuerpo debajo.<\/p>\n<p>Los 90\u00b4s en Argentina demostraron que no se democratizan ni compensan las diferencias culturales ni las sociales con seudo revoluciones educativas en tanto la econom\u00eda que entiende la gente (no la de los economistas) se achica. Hoy se llama <em>sist\u00e9mico <\/em>el enfoque que postula la necesidad de operar simult\u00e1neamente con todas las variables y campos\u00a0 de la vida social y no con uno o algunos de ellos. La idea es vieja, la palabra no. Por lo tanto se debe trabajar socialmente para transformar\u00a0 la educaci\u00f3n al mismo tiempo que se construye una sociedad cada vez m\u00e1s democr\u00e1tica, justa, igualitaria y solidaria en lo pol\u00edtico, econ\u00f3mico, social y cultural. Hombres educados y cultos ser\u00e1n mejores individuos, mejores compatriotas y mejores ciudadanos, m\u00e1s justos y \u00fatiles a la sociedad en cualquier puesto que les toque ocupar en ella; en consecuencia impulsar\u00e1n siempre con entusiasmo el crecimiento educacional y cultural de su naci\u00f3n.<\/p>\n<p>Actualmente en Am\u00e9rica latina son tantos los pobres devenidos en \u201cimpedidos culturales\u201d que la lucha por la transformaci\u00f3n de nuestras sociedades los cuenta en el sector mayoritario. Sin embargo, a pesar de su vulnerabilidad vienen dando cada vez mayores muestras\u00a0 de convencimiento en sus respuestas y en la formulaci\u00f3n de sus objetivos, y sobre todo de crecientes cuotas de voluntad y solidaridad para llevarlos adelante, quiz\u00e1 porque son a la vez quienes m\u00e1s urgencia tienen por cambiar su propia situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En consecuencia, hoy m\u00e1s que nunca contin\u00faa vigente el cl\u00e1sico <em>res, non verba<\/em>. Los hombres se dan a si mismos fundamentalmente en los hechos y en las obras m\u00e1s que en los discursos, los que, como descubrieron los sabios antiguos hace muchos miles de a\u00f1os, cuanto m\u00e1s largos y complejos, menos dignos son de merecer confianza.<\/p>\n<p>A despecho del pensamiento de aquel Gabilondo, vale la pena reiterarlo, ni la verdad ni una aproximaci\u00f3n a ella van necesariamente asociadas a c\u00f3digos expresivos determinados, del mismo modo que ni la palabra es veraz ni tampoco falsa en si, como s\u00ed pueden serlo la intenci\u00f3n y el mensaje.<\/p>\n<p>El mundo est\u00e1 lleno de palabras con sofisticadas combinaciones presentadas como justas y veraces cuando s\u00f3lo son formas eufem\u00edsticas\u00a0 de la mentira,\u00a0 la dominaci\u00f3n y la explotaci\u00f3n de los hombres. Por lo tanto, no ser\u00e1n las palabras ni su frecuentaci\u00f3n las que transformen el mundo sino las acciones que nazcan de la intenci\u00f3n y la voluntad.<\/p>\n<p>Por otra parte, si la racionalidad y los valores verdaderos -no los de moda o de mercado- no ocupan la centralidad de las relaciones humanas \u00bfc\u00f3mo podremos estar alertas y con sentido cr\u00edtico ante la proliferaci\u00f3n de tanta <em>palabra-hojarasca<\/em> como la que hoy pulula?<\/p>\n<p>La humanidad tiene muchas cosas para compartir y muchas por las cuales luchar<em>. <\/em>Los pueblos del mundo se entienden f\u00e1cilmente cuando existe la intenci\u00f3n y la voluntad de entendimiento, por m\u00e1s que utilicen palabras de significados mult\u00edvocos. Y aun cuando las palabras realmente necesarias para ese entendimiento no existieran, ellos las generar\u00edan r\u00e1pidamente sin necesidad de recurrir a <em>palabras-uniforme<\/em>, o sea palabras validadas por el sistema para arribar al feliz t\u00e9rmino prefigurado por los que mandan el planeta.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, en el hipot\u00e9tico caso de que no las hallaran se expresar\u00edan de otra manera, con las <em>depreciadas voces<\/em> mencionadas por Gabilondo m\u00e1s de un lustro atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Por cierto, en la historia abundan palabras con significados veraces, que es necesario y deseable que vuelvan a ser reconocidas y utilizadas pero carg\u00e1ndolas de sentidos nuevos en orden a las necesidades de la realidad actual, desde los intereses colectivos alineados al bien y no meramente de las apetencias individuales o corporativas cuando \u00e9stas se oponen a aquellos.<\/p>\n<p>o0o\u00a0\u00a0 o0o\u00a0\u00a0 o0o<\/p>\n<p>En: El ansia perpetua -8 de abril de 2011- <a href=\"http:\/\/www.elansiaperpetua.com.ar\/?p=474\">http:\/\/www.elansiaperpetua.com.ar\/?p=474<\/a><\/p>\n<div>\n<hr size=\"1\" \/>\n<div>\n<p><a href=\"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-admin\/post-new.php#_ednref1\">[*]<\/a> Carlos Schulmaister es maestro, profesor de Historia, M\u00e1ster en Gesti\u00f3n y Pol\u00edticas Culturales en el MERCOSUR, docente durante m\u00e1s de treinta a\u00f1os en el \u00e1rea de Pedagog\u00eda y Did\u00e1ctica de las Ciencias Sociales en institutos terciarios del profesorado, gestor cultural, escritor y columnista en diarios del pa\u00eds y el exterior. Es autor de De la patria y los actos patrios escolares; Los intelectuales: entre el mito y el mercado; Gesti\u00f3n cultural municipal. De la trastienda a la vidriera; y otros t\u00edtulos.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Villa Regina, 8 de abril de 2011. PRIMAC\u00cdA DEL ACTO SOBRE LA PALABRA \u00a0Y DEL MENSAJE SOBRE LA FORMA POR CARLOS SCHULMAISTER[*] Versi\u00f3n revisada y actualizada. 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