{"id":1285,"date":"2008-07-17T14:53:16","date_gmt":"2008-07-17T18:53:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2008\/07\/17\/ingenieria-de-la-vida\/"},"modified":"2008-07-17T14:53:16","modified_gmt":"2008-07-17T18:53:16","slug":"ingenieria-de-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2008\/07\/17\/ingenieria-de-la-vida\/","title":{"rendered":"Ingenier\u00eda de la vida"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Don Camilo Art\u00f3s sab\u00eda exactamente cu\u00e1l ser\u00eda el momento de su muerte. Lo sab\u00eda porque lo hab\u00eda planeado con mucho cuidado a lo largo de toda su vida. Cada detalle, cada arreglo, cada despedida de sus familiares, cada reuni\u00f3n con sus abogados, cada actualizaci\u00f3n de su testamento, todo lo ten\u00eda programado incluso antes de llegar a la mitad de la edad con la que hab\u00eda planeado morirse. Esta organizaci\u00f3n f\u00fanebre no era m\u00e1s que otro de los s\u00edntomas de su obsesi\u00f3n patol\u00f3gica por el orden y la sucesi\u00f3n l\u00f3gica de los hechos; don Camilo se hab\u00eda tomado muy en serio aquello de que cada quien forja su propio destino, hasta el punto en que crey\u00f3 que pod\u00eda controlarlo completamente, sin dejar lagunas ni espacios en blanco dentro de la continuaci\u00f3n de su existencia.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Desde su temprana infancia, Camilo Art\u00f3s hab\u00eda tenido experiencias traum\u00e1ticas. Reveses del destino, si as\u00ed se prefiere llamarlas, y, de hecho, as\u00ed \u00e9l las consideraba. Muy ni\u00f1o era cuando murieron sus abuelos: c\u00e1ncer. Muy joven fuera cuando muri\u00f3 su padre: c\u00e1ncer. Poco m\u00e1s adulto ser\u00eda cuando su madre enferm\u00f3 \u2013no hace falta decir de qu\u00e9\u2013 y agoniz\u00f3 grotescamente durante casi una d\u00e9cada, con una vida el\u00e1stica que era mensualmente estirada por los m\u00e9dicos. Cuando finalmente muri\u00f3 toda su ascendencia, a Camilo no le qued\u00f3 ninguna duda de que el c\u00e1ncer ser\u00eda la causa de su muerte, y se convenci\u00f3 inmediatamente de que la peor manera de morir ser\u00eda en el delirio ag\u00f3nico de los tumores, acostado en una cama tal como falleci\u00f3 su madre. En ese momento cr\u00edtico de su vida, en el cual quedaba solo en el mundo, a cargo de una cuantiosa herencia y una empresa multimillonaria, decidi\u00f3 que no habr\u00eda instante de su existencia que no haya sido cuidadosamente construido por \u00e9l mismo. <\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La organizaci\u00f3n de su vida fue hecha con a\u00f1os de previsi\u00f3n: cada ascenso, cada mudanza, cada hijo (que acertadamente adivin\u00f3 como dos varones y una hembra), e incluso cada matrimonio estaban marcados en su programador vital. Si se acercaba la fecha de alg\u00fan suceso, don Camilo no se impacientaba pues sab\u00eda que no deb\u00eda acelerar nada, tan s\u00f3lo esperaba a que llegara el momento adecuado para asegurar la ocurrencia de sus planes. Nunca se vio alguno de ellos frustrado ni coartado. Nunca recibi\u00f3 sorpresas de ning\u00fan tipo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Subi\u00f3 por los escalones de su empresa tal como lo hab\u00eda planeado, hasta que finalmente se convirti\u00f3 en su presidente. Antes de alcanzar tan codiciado rango, ya se hab\u00eda casado una vez con una mujer joven que, por desgracia, hab\u00eda muerto a los escasos a\u00f1os de casados. La causa de su muerte no fue para Art\u00f3s sino una confirmaci\u00f3n de que sus planes estaban bien encaminados, sin siquiera poder contestarse \u00e9l mismo el misterio que lo llev\u00f3 a predecir certeramente que su primera esposa morir\u00eda joven, y de c\u00e1ncer. <\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ella le hab\u00eda dado su primer hijo, Federico, quien morir\u00eda tr\u00e1gicamente veintitr\u00e9s a\u00f1os despu\u00e9s. De nuevo, don Camilo fue incapaz de explicarse c\u00f3mo hab\u00eda sido posible haber sabido eso con tanto tiempo de anterioridad. Podr\u00eda decirse incluso que el \u00fanico suceso que lo sorprend\u00eda era, precisamente, uno s\u00f3lo: que se cumplieran con puntualidad \u00fanica cada uno de los hechos que hab\u00eda previsto en sus planes, ya que, cuando los organiz\u00f3, honestamente no cre\u00eda que pudieran ser tan exactos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Su segunda esposa se llamaba Sandra, y lo acompa\u00f1ar\u00eda hasta su \u00faltimo suspiro. Con el nacimiento de su segundo hijo (Jos\u00e9) concibi\u00f3 la idea de que alguien estaba burl\u00e1ndose caricaturescamente de su planificaci\u00f3n. Por primera y \u00fanica vez en su vida estuvo convencido de que, efectivamente, exist\u00eda un destino, pero que \u00e9l no era capaz de controlarlo, m\u00e1s bien, el destino hab\u00eda decidido controlarlo a \u00e9l, ri\u00e9ndose de sus pat\u00e9ticos intentos de dominar a su propia vida. Desech\u00f3 esos pensamientos cuando naci\u00f3 su hija, Ana, momento que le asegur\u00f3 a don Camilo que \u00e9l, y s\u00f3lo \u00e9l, estaba en total manejo de su destino.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ya sab\u00eda que luego del nacimiento de Ana morir\u00eda su primog\u00e9nito. Estaba consciente de que, luego de eso, tendr\u00eda que hacer una reducci\u00f3n de personal en la empresa debido a una impredecible crisis nacional. No fue sorpresa para \u00e9l cuando una nueva emergencia econ\u00f3mica, esta vez mundial, azotara su trabajo de toda la vida, oblig\u00e1ndolo a empezar desde cero, cosa que no fue excesivamente dif\u00edcil, pues ya todo eso hab\u00eda sido previsto por \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Presenci\u00f3 con una sonrisa estoica la graduaci\u00f3n de Jos\u00e9, as\u00ed como tambi\u00e9n su primer d\u00eda como empleado en la industria familiar. Asisti\u00f3 sin revisar sus planes \u2013ya que los a\u00f1os le hab\u00edan grabado su ingenier\u00eda de la vida en la cabeza\u2013 a la rimbombante boda de Ana y un tal nuevo rico llamado Mario. Tambi\u00e9n estuvo en la boda de su otro hijo y, casualmente, en la graduaci\u00f3n de su otra hija. Nada en su vida estuvo fuera de su programa. Ve\u00eda a su existencia pasar como si estuviera sentado en un teatro, admirando una zarzuela pr\u00e1cticamente eterna, llena de nombres familiares, situaciones curiosas y momentos fuertes. No se trataba de una obra nueva, de esas de vanguardia, su libreto hab\u00eda sido escrito d\u00e9cadas antes, incluso siglos, pero don Camilo no se sent\u00eda como el escritor sino como un simple editor, alguien que hab\u00eda desempolvado ese gui\u00f3n y lo hab\u00eda reparado para ser puesto en escena. M\u00e1s incluso, ya ni siquiera sab\u00eda si hab\u00eda tenido algo que ver con esa obra de teatro: ya no era m\u00e1s que parte de una audiencia silenciosa, un mero espectador m\u00e1s; pero volteaba y no hab\u00eda nadie m\u00e1s en la sala, su familia y amigos estaban montados en la tarima, actuando jovialmente, \u00e9l estaba solo alejado de la escena, sentado en el fondo oscuro del teatro, aplaudiendo cuando as\u00ed lo deseaba, pero sin estar seguro si el ruido llegaba al escenario. La llegada de la vejez lo alej\u00f3 a\u00fan m\u00e1s de las tablas, esta vez los actores ni siquiera se percataban que estaban ante un p\u00fablico, por muy peque\u00f1o que fuera.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al alcanzar a la chochera, se le cobr\u00f3 peaje a don Camilo. Una pierna rota le fue sustituida por un bast\u00f3n, algo que hab\u00eda sido previsto, tal como record\u00f3 Art\u00f3s cuando, mientras se repon\u00eda del golpe, hab\u00eda estado revisando su programa vital. Se dio cuenta de que la fecha de su muerte estaba m\u00e1s cerca de lo que pod\u00eda acordarse, y que no se hab\u00eda comenzado a organizar como lo requer\u00eda un suceso tan importante y con tantas repercusiones como lo es la muerte de la cabeza de la familia y del jefe de una prestigiosa empresa multinacional.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando aprendi\u00f3 a moverse correctamente con un bast\u00f3n y salud\u00f3 por primera vez a sus dos nietos, Alberto y Gonzalo, hijos de Ana, decidi\u00f3 reunirse con sus abogados. Redact\u00f3 el primer borrador de su testamento, dej\u00e1ndole la mitad del dinero y la empresa a Jos\u00e9 y a su nueva esposa \u2013de quien nunca pudo aprenderse bien el nombre\u2013, la otra mitad del dinero y la casa a Ana, y las joyas y la casa de verano a su mujer, Sandra. Se content\u00f3 con esta repartici\u00f3n, que beneficiaba a todos, y se jubil\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Luego de esto, tal como lo hab\u00eda planeado, le diagnosticaron la enfermedad que tanto temi\u00f3 cuando era ni\u00f1o. El doctor se qued\u00f3 pasmado cuando vio la tranquilidad y la firmeza con que don Camilo hab\u00eda tomado la noticia, teniendo la experiencia de que ninguno de sus pacientes se pon\u00eda tan alegre despu\u00e9s de escucharla. S\u00ed, alegre; una sonrisa se le dibuj\u00f3 a Art\u00f3s en la cara luego de los ex\u00e1menes m\u00e9dicos. Pero el doctor nunca ser\u00eda capaz de distinguir una sonrisa de satisfacci\u00f3n (que era la \u00fanica que conoc\u00eda) de una de aut\u00e9ntica felicidad, pues era ese sentimiento el que atravesaba a don Camilo desde las canas de su escasa cabellera hasta las arrugas m\u00e1s viejas de sus pies. Era felicidad el \u00fanico nombre que pudo darle a ese sentimiento de complacencia al haber cumplido con todo lo que esperaba de la vida, haber visto todos los paisajes que hab\u00eda querido ver, visitado todos los lugares que hab\u00eda querido visitar. Pero ya para este momento, en que la cercan\u00eda de la muerte le da a su v\u00edctima una inigualable capacidad de razonamiento, don Camilo dedujo que el <em>querer<\/em> en s\u00ed mismo no hab\u00eda sido otra cosa a lo largo de su existencia m\u00e1s que un simple <em>esperar<\/em>. La misma espera que uno siente cuando ve \u00abRomeo y Julieta\u00bb, impaciente por observar el final; luego, una espera teatral.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Acostado en su cama, solo entre las s\u00e1banas, con Sandra al lado sirvi\u00e9ndole de beber y reproch\u00e1ndole no haberse decidido a tomar la quimo, pidi\u00f3 una reuni\u00f3n con sus abogados. Cambi\u00f3 por completo su testamento, no dej\u00e1ndole nada a nadie excepto a sus nietos, quienes heredar\u00edan toda su fortuna. No le preocupaba lo que pudieran sentir los dem\u00e1s: Jos\u00e9 ya estaba a punto de convertirse en el nuevo director de la empresa, Sandra terminar\u00eda qued\u00e1ndose con las joyas y la casa de campo de cualquier manera, Alberto y Gonzalo no tendr\u00edan problemas en darle a sus padres parte del dinero y la casa en donde viv\u00edan. As\u00ed ri\u00f3 de esa misma aut\u00e9ntica felicidad por \u00faltima vez don Camilo, ordenando el epitafio exacto que se pondr\u00eda en su l\u00e1pida, no carente de humor (\u00abCamilo Art\u00f3s. Esposo, padre y abuelo. Plane\u00f3 todo, hasta el lugar exacto de esta parcela\u00bb).<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando finalmente hab\u00eda llegado el d\u00eda de su muerte \u2013que hab\u00eda elegido el mismo d\u00eda de su nacimiento, y perd\u00f3nenle la iron\u00eda\u2013 sinti\u00f3 impaciencia por primera vez. La muerte era algo nuevo, de la que no pod\u00eda imaginarse nada; por primera vez estaba seguro de que se sentir\u00eda sorprendido, y eso lo alegraba y lo pon\u00eda ansioso. Sus parientes nunca lo recordar\u00edan m\u00e1s feliz y activo que ese d\u00eda. No cansado del sarcasmo con que hab\u00eda elegido la fecha, tambi\u00e9n con el mismo hab\u00eda elegido la hora: la una y cuarto de la tarde, la hora precisa de su nacimiento. Faltando quince minutos, don Camilo sac\u00f3 de su almohada una peque\u00f1a pastilla de un veneno que le hab\u00edan prometido que mataba al instante. Se qued\u00f3 mir\u00e1ndola, maravillado de sus posibles efectos, observando el breve interludio que preced\u00eda al acto m\u00e1s importante de la obra de su vida, vi\u00e9ndolo reflejarse en la blancura hospitalaria de la p\u00edldora. <\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Quedaban ya cinco minutos cuando solt\u00f3 inesperadamente la pastilla, dej\u00e1ndola caer en las s\u00e1banas. A don Camilo le temblaban las manos y ese mismo espasmo le recorr\u00eda todo el cuerpo. Sent\u00eda c\u00f3mo su pierna se romp\u00eda una y otra vez por el dolor fatal; estaba padeciendo la agon\u00eda que tanto hab\u00eda temido sufrir desde peque\u00f1o. La convulsi\u00f3n mortuoria no le dejaba utilizar la mente, valerse de su raz\u00f3n anciana, a excepci\u00f3n de un solo pensamiento que no hab\u00eda estado planeado, y era que el destino le hab\u00eda ganado a la hora de la verdad, rompiendo sus planes y haciendo con su cuerpo lo que le viniera en gana. La una y catorce ten\u00eda el reloj del m\u00e9dico que entraba estrepitosamente para salvar a su paciente, pero el \u00faltimo aliento lleg\u00f3 antes que sus drogas\u2026 y cinco, y cuatro, y tres, y dos, y uno.<\/p>\n<p align=\"right\"><em>Animus a Nemo,<\/em><\/p>\n<p align=\"right\"><em>7 de julio de 2008<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Don Camilo Art\u00f3s sab\u00eda exactamente cu\u00e1l ser\u00eda el momento de su muerte. Lo sab\u00eda porque lo hab\u00eda planeado con mucho cuidado a lo largo de toda su vida. Cada detalle, cada arreglo, cada despedida de sus familiares, cada reuni\u00f3n con sus abogados, cada actualizaci\u00f3n de su testamento, todo lo ten\u00eda programado incluso antes de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":308,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1],"tags":[],"class_list":{"0":"post-1285","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-azares"},"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pfpCD-kJ","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1285","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/users\/308"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1285"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1285\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1285"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1285"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1285"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}