{"id":12049,"date":"2010-12-03T11:14:46","date_gmt":"2010-12-03T15:44:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=12049"},"modified":"2010-12-03T11:14:46","modified_gmt":"2010-12-03T15:44:46","slug":"los-reality-shows","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/12\/03\/los-reality-shows\/","title":{"rendered":"Los reality shows"},"content":{"rendered":"<p><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p>Recientemente, en una de esas conversaciones que se tejen en medio del bullicio de una fiesta, un amigo me hablaba sobre la curiosa tendencia que desde hace varios a\u00f1os se ha apoderado de la televisi\u00f3n nacional e internacional: los reality shows. Me dec\u00eda que el p\u00fablico consumidor de televisi\u00f3n ha abandonado la preferencia de una puesta en escena ficticia por una m\u00e1s \u201creal\u201d, en busca de algo que \u00e9l, a falta de un mejor nombre, llamaba h\u00edper-realidad. La conversaci\u00f3n se desvi\u00f3 hacia otros asuntos que no recuerdo y seguramente no vale la pena recordar, pero el tema de los realitys me dej\u00f3 cabez\u00f3n: \u00bfDe d\u00f3nde nace \u00e9sta tendencia? \u00bfEs s\u00f3lo una moda superficial y pasajera impuesta por los magnates de la TV o responde a necesidades, quiz\u00e1 m\u00e1s profundas, de los espectadores? \u00bfPor qu\u00e9 lo ficticio ha perdido la preferencia de la masa?<\/p>\n<p>En primer lugar, habr\u00eda que decir que lo que diferencia el reality de, por ejemplo, la telenovela, es el morbo que genera el saber que lo que se est\u00e1 observando sucedi\u00f3 o est\u00e1 sucediendo \u201crealmente\u201d. Aunque seguramente muchos de los realitys que plagan la TV funcionan bajo una estructura parecida a un gui\u00f3n, lo que cuenta en este caso es que el producto se venda o parezca real. C\u00f3mo se sabe, la pel\u00edcula <em>El proyecto de las brujas de Blair<\/em> se vendi\u00f3 como un documento f\u00edlmico aut\u00e9ntico (o por lo menos eso fue lo que a m\u00ed me dijeron antes de entrar a ver la pel\u00edcula), y por ello tuvo el \u00e9xito que tuvo. No es lo mismo ver las <em>Brujas de Blair<\/em> pensando que aquello sucedi\u00f3 en verdad, que verla como una pel\u00edcula convencional; no es lo mismo ver algo cuya puesta en escena es evidentemente planeada, que ver algo aparentemente improvisado y espont\u00e1neo. Lo que cuenta, en definitiva, es que el espectador crea en la realidad de lo que se le muestra, haya o no tal realidad. Pero eso nos deja de nuevo en el terreno de la ficci\u00f3n: el buen realizador, incluso el de TV, hace creer al p\u00fablico la realidad de lo que presenta. Esto me lleva a pensar, entonces, que el reality es s\u00f3lo una t\u00e9cnica m\u00e1s, o un g\u00e9nero m\u00e1s, que se ha inventado para hacernos creer en lo que se nos muestra.<\/p>\n<p>Solemos acudir a la ficci\u00f3n, b\u00e1sicamente, por algo que Clement Rosset llama la idiotez de lo real. La realidad es idiota porque es simple y aburrida, no dice nada, es fr\u00eda y est\u00e9ril. De all\u00ed nace el gusto por lo espectacular: puesto que nuestra realidad es una mierda, evadimos nuestra condici\u00f3n a trav\u00e9s de diferentes medios, entre los que se cuenta la TV. La TV nos muestra, entonces, lo espectacular, es decir, todo lo que queremos ser pero no somos. Esto me lleva a pensar que en alg\u00fan momento, antes del gran auge de los realitys, la masa comenz\u00f3 a sentir a la televisi\u00f3n como extra\u00f1a, precisamente en virtud de su propia espectacularidad. Cuando la TV se vuelve ajena al espectador, demasiado rimbombante y artificial, nace la necesidad de volver a parecer real, de mostrar lo m\u00e1s ordinario de la condici\u00f3n humana, o sea, nacen los realitys. Sin embargo, creo que el gusto por lo espectacular persiste. Ahora nos interesa lo real-espectacular. Ya no nos convencen del todo aquellas puestas en escena artificiales, queremos espontaneidad e improvisaci\u00f3n, y tambi\u00e9n queremos dramas intensos y muertes nunca vistas y adulterios y chupa-cabras en Nicaragua y hombres lobo en el Salvador \u00a0y m\u00fasculos y explosiones y h\u00e9roes y villanos y hadas madrinas y fantasmas y extraterrestres, pero que parezcan reales, por favor. Porque, seguramente, un reality sobre la vida de Peter P\u00e9rez, d\u00f3nde no ocurre absolutamente nada, no ser\u00e1 tan bien recibido como un reality sobre Par\u00eds Hilton, que es millonaria, tiene un\u00a0 perrito y no usa pantaletas. De la realidad no nos interesa la insignificancia, de esa tenemos bastante en nuestras vidas. S\u00f3lo queremos una nueva y m\u00e1s aut\u00e9ntica forma de representarnos lo espectacular.<\/p>\n<p>Los seres humanos tenemos una irrefrenable tendencia hacia la realidad; la verdad nos interesa por s\u00ed misma. Pero no es menos cierto que la realidad o la verdad pueden resultar insoportables, de all\u00ed que tengamos que recurrir a la ilusi\u00f3n y al artificio para sobrellevar la vida. Nos gustar\u00eda que la realidad fuera m\u00e1s como la ficci\u00f3n y la ficci\u00f3n m\u00e1s como la realidad; el reality es una forma de difuminar la frontera entre ambas.<\/p>\n<p>Leo lo que acabo de escribir en el p\u00e1rrafo anterior y me pregunto si se lo habr\u00e9 mencionado a mi amigo en aquella fiesta. Seguramente no, seguramente terminamos hablando de Ch\u00e1vez, como terminan todas las conversaciones en una reuni\u00f3n. Me hubiera gustado dec\u00edrselo, aunque tal vez el fen\u00f3meno de los realitys tenga una explicaci\u00f3n menos metaf\u00edsica. No s\u00e9. En todo caso, el tema da para bastante.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recientemente, en una de esas conversaciones que se tejen en medio del bullicio de una fiesta, un amigo me hablaba sobre la curiosa tendencia que desde hace varios a\u00f1os se ha apoderado de la televisi\u00f3n nacional e internacional: los reality shows. 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