{"id":12038,"date":"2010-12-03T01:25:00","date_gmt":"2010-12-03T05:55:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=12038"},"modified":"2011-02-09T22:32:14","modified_gmt":"2011-02-10T03:02:14","slug":"%c2%bfpor-cuanto-hasta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/12\/03\/%c2%bfpor-cuanto-hasta\/","title":{"rendered":"\u00bfPor cu\u00e1nto hasta\u2026"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><a href=\"..\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/DSC00238.jpg\"><\/a><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/DSC002381.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"12041\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/12\/03\/%c2%bfpor-cuanto-hasta\/dsc00238-2\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/DSC002381.jpg?fit=2048%2C1536&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"2048,1536\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;5.6&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;DSC-S500&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1194910167&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;5.4&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;80&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.01&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"DSC002381\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/DSC002381.jpg?fit=696%2C522&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-12041\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/DSC002381-300x225.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/DSC002381.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/DSC002381.jpg?resize=1024%2C768&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/DSC002381.jpg?w=2048&amp;ssl=1 2048w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/DSC002381.jpg?w=1392&amp;ssl=1 1392w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>\n<\/p>\n<p>Ten\u00eda rato analizando el fen\u00f3meno. Ten\u00eda rato observ\u00e1ndolos. Con  su salsa brava, con sus boleros, con sus reggaetones. Haci\u00e9ndose los  inocentes. Queriendo hacerme creer que son personas vulgares y  silvestres, gan\u00e1ndose el pan a costa de cobrar carreras al doble de lo  que deber\u00edan cobrarlas. A costa de hacerme pagar el triste e inexorable  precio de mi peatonidad. Los simpaticones, los t\u00edmidos, los  psicop\u00e1ticos, los periqueros: todos metidos tan bien en sus personajes.  Todos tan particulares y \u201cprofesionales\u201d.<\/p>\n<p>Aquella noche despu\u00e9s  del trabajo me qued\u00e9 en una tertulia inesperada, fue al cabo de unas  horas cuando empec\u00e9 a tejer los hilos de mis sospechas. Hab\u00edamos  terminado el trabajo a eso de las nueve de la noche. Se propuso en un  grupo de no m\u00e1s de cinco personas la idea aliviadora de unas birras ah\u00ed  cerca. Todos coincidimos con entusiasmo en una taguarita de Chacao. Las  conversaciones frescas y superficiales se me fueron acabando cuando me  enfrasqu\u00e9 en el descubrimiento de un nuevo individuo en el grupo. Los  dem\u00e1s: que hay que irse, que el metro, que la lluvia y nosotros dos,  como con catorce conversaciones simult\u00e1neas a mitad de camino. Total que  lo m\u00e1s indicado en ese momento fue aceptar la invitaci\u00f3n del  nuevo-individuo a una segunda ronda de birras.<\/p>\n<p>En alg\u00fan momento  tom\u00e9 conciencia de la escasa hora y media que ten\u00edamos bebiendo\/hablando  y de la cantidad poco despreciable de 8 soleras verdes. Como si no  hubiese sido suficiente alcohol, hab\u00eda que seguir bebiendo cuando  cerraron los chinos. Plomo: una taguara m\u00e1s. Lo cierto del caso es que  todo comenz\u00f3 a ponerse difuso, gelatinoso. Hab\u00eda demasiada luz, los  manteles eran demasiado blancos y el tipo con el que estaba hablando  estaba con un poco \u2018e carajos igualitos a \u00e9l habl\u00e1ndome al mismo tiempo.  Es siempre revelador cuando explota la pea y una cree que parece una  actriz de cine, audaz, sensual y elocuente y cuando entras al ba\u00f1o te  das cuenta que pareces una puta del arrabal, virola y con aliento de  puerto de La Guaira. En fin, lo m\u00e1s sabio fue huir por la derecha o, lo  que no es lo mismo pero parecido, por todo el medio del bar,  tambale\u00e1ndome, llev\u00e1ndome las sillas por delante, haciendo el rid\u00edculo  para el poco p\u00fablico que pululaba a esas horas.<\/p>\n<p>En el momento en  que empezamos a caminar para agarrar-me un taxi todo desaparece.  Cataplum. Kaput. Big Bang. Puf. Bum. Lo siguiente es mi cama. Desnuda  (yo, no la cama). Dolor de cabeza. Ojos abiertos en un respetable 40% y  la progresiva reconstrucci\u00f3n de los acontecimientos. Todos pedacitos de  cer\u00e1mica con sus bordecitos esco\u00f1etados pero siempre dispuestos a  dibujar a\u00fan la figura de la noche anterior, de las conversaciones, de  los roces. Todo est\u00e1 claro en cuesti\u00f3n de cinco minutos. Puedo sacar la  pega loca y ensamblar los sedimentos fragmentados de horas atr\u00e1s. Lo  \u00fanico que desaparece es el recorrido hasta la casa, el trayecto que,  infortunadamente, s\u00f3lo es capaz de realizarse de una\u00a0 manera a esas  horas de la madrugada: en taxi.<\/p>\n<p>Hasta esa noche no hab\u00eda podido  desentra\u00f1ar el misterio oculto detr\u00e1s de todos mis recorridos nocturnos.  Algo fall\u00f3 en sus procedimientos esta vez. Inducida por sus mecanismos  perversos y mal\u00e9ficos, dormitaba o no-s\u00e9-bien-el-qu\u00e9, suspendida en otra  dimensi\u00f3n, en otra forma misteriosa del Ser, accesible s\u00f3lo para  budistas tibetanos y Charleses Bukowskises. En medio del trance  involuntario comienzo a identificar un ruido que me perturba, me hace  perder el equilibrio, me descoloca de mi estado zenalcoh\u00f3lico, de mis  luces y caras de gatos en caleidoscopios de colores y me llevan,  directamente, de un solo co\u00f1azo, al asiento blandito  de-mugre-coleccionada-de-a\u00f1os-de-culos-trasnochados del taxi de turno.<\/p>\n<p>El  ruido contin\u00faa y parece venir de la guantera. Yo me asusto y le  pregunto, en medio de mi desorientaci\u00f3n y clara falta de suspicacia  \u201c\u00bfqu\u00e9 suena as\u00ed?\u201d. El hombre me mira con su gesto de l\u00e1stima, aprendido  con maestr\u00eda despu\u00e9s de tantos de a\u00f1os de experiencia y decide no  responderme. Yo comienzo a asustarme un poco porque el ruido persiste.  Suena como si algo quisiera salir de la guantera, como si hubiese algo  all\u00ed atrapado, que yo ten\u00eda que conocer: descubrir. Insisto y le digo al  gordito-bigotudo \u201c\u00bfse\u00f1or, qu\u00e9 hay ah\u00ed adentro?\u201d. El hombrecito, un poco  impaciente, metido en su personaje, de lo m\u00e1s org\u00e1nico, me contesta:  \u201cmija, qu\u00e9date tranquilita que ya estamos llegando\u2026 me dijiste que es  cerca de la Bolivariana, \u00bfno?\u201d. S\u00ed, contesto con sequedad y casi-puchero  por su est\u00fapida condescendencia.<\/p>\n<p>Pero el ruido sigue y yo no  aguanto m\u00e1s: en un impulso violento y certero estiro mi cuerpo y mi  brazo por encima del borde del asiento delantero del Malib\u00fa y logro  develar el misterio. Me cae un chorro espeso y grumoso de eventos y  objetos, una especie de Dios-del-r\u00edo-de-El- viaje-de-Chihiro a base de  vida robada: me cae mi billetera de maripositas en la cara y casi me da  en un ojo, me cae el beso que le di a Marco en el piso y yo lo recojo  rapidito y me lo meto en la boca, para que se me derrita el sabor a ron  como un caramelo de leche; me cae mi sandalia hippie dentro del bolso y  la saco y me la pongo porque no quiero que se me llene de mierda lo que  tengo adentro; me caen todas las manos del chico-pulpo de esa noche en  el asiento y yo empiezo a encaj\u00e1rmelas en la espalda, en el cuello, en  las piernas porque no me parece justo que est\u00e9n ah\u00ed contray\u00e9ndose como  tenacitas de cangrejos y yo haci\u00e9ndome la loca\u2026 me cae mi bufanda  morada, que pens\u00e9 que hab\u00eda perdido en el metro y resulta que no. Me cae  el hombro de mi amigo favorito en el que dorm\u00ed, incluso, mientras me  arrastraba hasta adentro de mi casa, aterrorizado por un posible  atentado canino de los colmillos de mis perros. Me caen las llaves de mi  casa en la cabeza, los lentes de borde finito y met\u00e1lico de hace cuatro  a\u00f1os, los labios gruesos de mi hallazgo en las puntas secas del pelo.  Se vuelve todo como un Picasso, un collage involuntario.<\/p>\n<p>Me cay\u00f3  un chorro de corotos y saliva, una marea rancia de recuerdos robados que  los muy hijos de puta se dedican a coleccionar. Hay gente enferma en  esta mierda de mundo y cuando se organizan en gremios, es peor, mucho  peor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ten\u00eda rato analizando el fen\u00f3meno. Ten\u00eda rato observ\u00e1ndolos. Con su salsa brava, con sus boleros, con sus reggaetones. Haci\u00e9ndose los inocentes. 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