{"id":11612,"date":"2010-11-09T20:14:35","date_gmt":"2010-11-10T00:44:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=11612"},"modified":"2010-11-09T20:14:35","modified_gmt":"2010-11-10T00:44:35","slug":"parkinson","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/11\/09\/parkinson\/","title":{"rendered":"Parkinson"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><em><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/Parkinson.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11650\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/11\/09\/parkinson\/parkinson\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/Parkinson.jpg?fit=230%2C278&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"230,278\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Parkinson\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/Parkinson.jpg?fit=230%2C278&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-full wp-image-11650\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/Parkinson.jpg?resize=230%2C278\" alt=\"\" width=\"230\" height=\"278\" \/><\/a><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>A mi amiga Joney<\/em><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Resulta que hay un momento de la vida en la cual comienzas a morirte poco a poco, como si fuese una monta\u00f1a a la que hubieses subido y ahora te toca bajar hasta el fondo del valle porque detr\u00e1s de ti viene otro por el mismo camino y por m\u00e1s que quieras cederle el paso nadie quiere adelantar su tiempo. Van falleciendo los amigos, los conocidos, viejos amores, se van marchando los hijos a recorrer sus propios caminos \u00a0y va naciendo un enorme vac\u00edo alrededor. Pero cuando comienzan a morirse partes del cerebro, la vida va despareciendo como por peque\u00f1as cuotas, como a cr\u00e9dito y pagando intereses de mora. Y se pierden los archivos de los recuerdos alegres o tristes que revisabas en los momentos de soledad. Pablo no pod\u00eda explicar c\u00f3mo sucedi\u00f3 exactamente. Fueron dos tipos, dijo. Sali\u00f3 del banco y lo llamaron por su nombre y apellido. Como si le conocieran desde hac\u00eda mucho tiempo. Fue uno de esos d\u00edas en el que el p\u00e1rkinson le dio algo de tregua y lucidez. No hab\u00eda nadie cerca a quien pudiese llamar para que lo llevara a cobrar su pensi\u00f3n, ni hijos, ni nietos, cada quien en su trabajo, en su casa, los chamos, el rebusque diario\u00a0 y de vez en cuando le entraba aquella sensaci\u00f3n de que pod\u00eda valerse por s\u00ed mismo. Ya quedaban muy pocas cosas en el refrigerador y de las medicinas s\u00f3lo restaba para un par de dosis. As\u00ed que, como pudo, se dio un buen ba\u00f1o, se arregl\u00f3 con viejas ropas domingueras, tom\u00f3 el bast\u00f3n y el sombrero y sali\u00f3 de casa. Esper\u00f3 con paciencia el bus en la parada. Lo ayudaron a subir y se fue hasta el centro de la ciudad. \u00a0Ya no recordaba cu\u00e1ndo hab\u00eda sido la \u00faltima vez que hab\u00eda ido hasta el centro. La vida se hab\u00eda ido cerrando conc\u00e9ntricamente al vecindario, a la cuadra, a la casa y \u00faltimamente s\u00f3lo a algunas habitaciones del piso inferior; las escaleras no le iban con los temblores del cuerpo y sus lentos pasos.\u00a0 Al menos en el banco la fila de los ancianos no era tan larga. Hab\u00eda acumulado un par de meses de su pensi\u00f3n y eso le alcanzar\u00eda para hacer el <em>tour<\/em> por varias farmacias para buscar las medicinas y para comprar algo de comida. Le pidi\u00f3 al cajero que le chequeara el saldo de su libreta de ahorros: \u201cPablo Jim\u00e9nez\u201d, le dijo el tipo al leer la primera p\u00e1gina, con una sonrisita ladeada dibujada detr\u00e1s del cristal de la taquilla, para luego sacar algunos billetes de la caja, contarlos con la m\u00e1quina, colocarlos dentro de la libreta y entreg\u00e1rselos. \u201cQue tenga buenas tardes\u201d\u00a0 le dijo Pablo con su inestable voz. No hab\u00eda recorrido ni diez metros de la puerta del banco cuando escuch\u00f3 claramente su nombre. Se detuvo, quiso voltear\u00a0 pero le tomaron por el brazo y sinti\u00f3 el fr\u00edo del metal que le apretaba entre dos costillas. \u201cNi se te ocurra voltear viejo\u201d, le dijeron, mientras el otro soplaba \u201cdale que no viene nadie\u201d. Lo llevaron hasta el espacio entre dos camionetas estacionadas y le pidieron exactamente\u00a0 la cantidad de cuatrocientos veinticinco bol\u00edvares que hab\u00eda sacado. Una mano que no atinaba el bolsillo por el parkinson y el miedo. Sinti\u00f3 el golpe del hierro por la frente y una mano, que no era la suya, que sacaba violentamente los billetes y la libreta del pantal\u00f3n. Se sent\u00f3 recost\u00e1ndose de uno de los cauchos y s\u00f3lo vio las espaldas de los dos tipos que se marchaban caminando tranquilamente como si nada hubiese ocurrido. Un hilo de sangre bajaba desde los grises y ralos cabellos, pasaba por los surcos que los a\u00f1os hab\u00edan labrado en su frente \u00a0y manchaba su camisa de domingo. Alguien pas\u00f3, lo vio e intent\u00f3 ayudarlo a levantarse pero \u00e9l no quiso. Lleg\u00f3 el vigilante del banco, llamaron a la polic\u00eda que lleg\u00f3 en nueva, sonora e in\u00fatil patrulla. Pablo record\u00f3 que ten\u00eda una peque\u00f1a libreta donde anotaba los n\u00fameros telef\u00f3nicos dado que su memoria hab\u00eda perdido la facultad de memorizarlos y con el golpe a\u00fan latiendo entre las sienes mucho menos. Pidi\u00f3 que llamaran a Eugenia, la menor, porque era la que podr\u00eda estar m\u00e1s cerca y lleg\u00f3 al lugar con el olor de unos cauchos que ven\u00edan demoliendo el asfalto por las calles. Apart\u00f3 a la gente y se agach\u00f3. Pregunt\u00f3 lo que ya todos le hab\u00edan preguntado. Si, dos tipos, me llamaron por mi nombre, me enca\u00f1onaron, me pidieron exactamente lo que hab\u00eda sacado del banco, me golpearon, no, no les pude ver la cara, no s\u00e9, no recuerdo, en otros tiempos hubiese peleado, no me robar\u00edan tan f\u00e1cil. Mientras se apretaba la herida que ya no sangraba con un pa\u00f1uelo. Eugenia se levant\u00f3, pidi\u00f3 hablar con el gerente del banco, el tipo le atendi\u00f3 pero le dijo que no pod\u00eda hacer nada, que si sab\u00edan el monto pod\u00eda haber sido alguien en la fila. \u201c\u00a1Pero si todos eran ancianos!\u201d, \u201c\u00a1Qu\u00e9 se yo!, en estos tiempos uno no puede confiar en nadie, ponga la denuncia\u201d. Se regres\u00f3 al lado de su padre y se sent\u00f3 a llorar de la impotencia mientras lanzaba in\u00fatiles maldiciones y les recordaba la madre desde el vigilante hasta el presidente. Lo abraz\u00f3 y poco a poco, lentamente, \u00a0se fue apaciguando su rabia.\u00a0 Pablo puso su mano temblorosa sobre la cabeza de Eugenia y le acarici\u00f3 el pelo. Se le hab\u00eda perdido en la memoria cu\u00e1ndo hab\u00eda sido la \u00faltima vez que se hab\u00edan abrazado.<\/p>\n<p>\u00a0William Guaregua<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A mi amiga Joney \u00a0 Resulta que hay un momento de la vida en la cual comienzas a morirte poco a poco, como si fuese una monta\u00f1a a la que hubieses subido y ahora te toca bajar hasta el fondo del valle porque detr\u00e1s de ti viene otro por el mismo camino y por m\u00e1s [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":672,"featured_media":11650,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[3],"tags":[],"class_list":{"0":"post-11612","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-descontento"},"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/Parkinson.jpg?fit=230%2C278&ssl=1","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pfpCD-31i","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11612","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/users\/672"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11612"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11612\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11650"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11612"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11612"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11612"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}