{"id":10144,"date":"2010-09-19T13:09:26","date_gmt":"2010-09-19T17:39:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=10144"},"modified":"2010-09-19T13:09:26","modified_gmt":"2010-09-19T17:39:26","slug":"%c2%bfde-que-se-murio-el-nino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/09\/19\/%c2%bfde-que-se-murio-el-nino\/","title":{"rendered":"\u00bfDe qu\u00e9 se muri\u00f3 el ni\u00f1o?"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfDe qu\u00e9 se muri\u00f3 el ni\u00f1o?<\/p>\n<p>Cuando las muchachas bajan a este r\u00edo, las veo ba\u00f1arse. Catalina es la m\u00e1s hermosa. La pienso a cada rato. La beso en la piel azucenada, salada y tersa.  La sue\u00f1o como las abejas sue\u00f1an con las flores. <\/p>\n<p>La conoc\u00ed en alguna tarde brillante igual a hoy. Ven\u00eda enfermo de los ojos, los tra\u00eda todos amoratados y casi me estaba quedando ciego. Ella viv\u00eda con la amiga Gabriela en la choza que hicieron en el pantano. Entr\u00e9 despelotadamente por la puerta, dije no se qu\u00e9 de piedras que me lanzaron y ca\u00ed desmayado a los pies de ellas. Luego, me acostaron sobre montones de centeno que guardaban para calentarse en las noches. Dur\u00e9 dormido cinco d\u00edas. A la ma\u00f1ana siguiente Gabriela empez\u00f3 a preguntarme que si me gustaba Catalina, que si me quer\u00eda casar con ella.<\/p>\n<p>Entonces me olvid\u00e9 de Tatiana.<\/p>\n<p>Tiempo despu\u00e9s, cuando ya me hab\u00eda casado, me lleg\u00f3 la noticia de la muerte de Esteban, el hijo que tuve con la Tatiana. Hasta aquel momento, jam\u00e1s hab\u00eda sabido del hijo m\u00edo.<\/p>\n<p>Sal\u00ed del pueblo, le habl\u00e9 a Tatiana con la verdad. Discuti\u00f3 que no me la hubieran contado antes. Lo \u00fanico que falt\u00f3 fue que apareciera la Catalina a alborotar el entierro.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Arc\u00e1ngel, mujer sabia, casta y viuda lleg\u00f3 llena de remordimientos. Fue ella quien me rompi\u00f3 el compromiso con Tatiana. Fue ella quien se rob\u00f3 el oro con que pensaba pagar el costo de la boda.<\/p>\n<p>Me organiz\u00f3 la fiesta de despedida de soltero. Me emborrach\u00f3 con ron de ca\u00f1a. Me meti\u00f3 a la mujer del viejo Enrique en la cama. Todo lo hizo para impedir el casamiento.<\/p>\n<p>Pero la vi tan vieja, que no me inspir\u00f3 la rencura que siempre aliment\u00f3 en mi coraz\u00f3n, sino la ternura senil por ser la ni\u00f1a m\u00e1s grande que habr\u00eda podido conocer.<\/p>\n<p>Le pregunt\u00e9:<\/p>\n<p>-Vieja, \u00bfde qu\u00e9 se muri\u00f3 el ni\u00f1o?<\/p>\n<p>No supo responderme.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, cuando la gente se regres\u00f3 con el est\u00f3mago vac\u00edo, pues la plata no les alcanz\u00f3 para los pocillos de tinto. Volv\u00ed a preguntarle:<\/p>\n<p>-Vieja, \u00bfde qu\u00e9 se muri\u00f3 el ni\u00f1o?<\/p>\n<p>Se hizo la muy sorda y no me volvi\u00f3 a hablar.<\/p>\n<p>Cuando ya nos \u00edbamos a dormir. Aprovech\u00e9 la ocasi\u00f3n para preguntarle por \u00faltima vez:<\/p>\n<p>-Vieja, \u00bfde qu\u00e9 se muri\u00f3 el ni\u00f1o?<\/p>\n<p>-Ay, Sebastiano. T\u00fa si que eres muy insistente.<\/p>\n<p>Call\u00f3 un momento.<\/p>\n<p>-Esteban no es tu hijo. Tatiana te quiso, Sebastiano. Pero no lleg\u00f3 a parirte el hijo.<\/p>\n<p>-\u00bfT\u00fa sabes que a ella la intent\u00f3 violar el viejo Enrique?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-Pues ese no se qued\u00f3 en intenciones. Lo hizo. Y la manch\u00f3 para siempre.<\/p>\n<p>-T\u00fa eras la esperanza de remediar la situaci\u00f3n. Pensaba que, tal vez, cas\u00e1ndola contigo recuperar\u00eda la honra. Pero ella fue m\u00e1s all\u00e1. Se enamor\u00f3 de ti. Y eso yo no iba a permitirlo.<\/p>\n<p>Enmudec\u00ed.<\/p>\n<p>-\u00bfDe qu\u00e9 se muri\u00f3 el ni\u00f1o?<\/p>\n<p>-Eso no te importa.<\/p>\n<p>-\u00a1Yo soy el padre!<\/p>\n<p>-\u00bfDe qui\u00e9n?<\/p>\n<p>-Del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Me convert\u00ed en jinete por despecho. Tatiana no me perdon\u00f3 la infidelidad. Beb\u00ed el aguardiente m\u00e1s amargo, la indiferencia. Me fui de la villa para siempre. La busqu\u00e9 en los ojos negros de otras mujeres. Jam\u00e1s la encontr\u00e9.<\/p>\n<p>Aprend\u00ed a contar las noches que pasaba lejos de ella. Aprend\u00ed a cazar las panteras de la selva. Aprend\u00ed a llenar mi vida de nostalgia. <\/p>\n<p>La nostalgia envejec\u00eda como las azucenas que crec\u00edan en el jard\u00edn, que Tatiana no volvi\u00f3 a regar. Pero la ten\u00eda petrificada dentro de m\u00ed. Envejec\u00eda con m\u00ed.<\/p>\n<p>La vida se transform\u00f3 en el d\u00e9bil son, muy d\u00e9bil, que siempre pens\u00e9 que era el idilio. Al contrario, era el sonido de las ranas, era la cadencia de la pesadumbre.<\/p>\n<p>Avanzaba por los naranjados senderos de la hiel. La lloraba hasta alcanzarme la noche. Me dol\u00edan los labios que la amaron. Luego, la despreci\u00e9. No sospechaba que all\u00e1 en el pueblo, todav\u00eda se mor\u00eda por m\u00ed.<\/p>\n<p>Las cascadas purificaban ese amor.<\/p>\n<p>Las hermanas de la Tatiana eran m\u00e1s hermosas que Tatiana. Y la Tatiana ten\u00eda los ojos bonitos, negros como el caf\u00e9. De eso me enamor\u00e9. <\/p>\n<p>Empec\u00e9 a frecuentar la casa de la mam\u00e1. Le llev\u00e9 girasoles, leones de juguete y hasta la cr\u00eda de mi burro. As\u00ed fue creciendo la simpat\u00eda entre los dos. La llev\u00e9 a los arrozales, donde la hice m\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando decid\u00ed casarme, le llev\u00e9 orqu\u00eddeas.<\/p>\n<p>Su pap\u00e1 era c\u00f3nsul en Mil\u00e1n. All\u00e1 conoci\u00f3 a la Mar\u00eda, que muri\u00f3 al bautismo de Tatiana.<\/p>\n<p>Vagaba por el desierto de la soledad. Entonces conoci\u00f3 a esa mujer italiana, bella como el narciso, dulce como el caramelo. El nicho vac\u00edo se hizo f\u00e9rtil. El a\u00f1o siguiente su mujer dio a luz a la ni\u00f1a Tatiana Teresa y Carmelo.<\/p>\n<p>Tras eso, la madre del c\u00f3nsul, lo mand\u00f3 a llamar, porque los viudos nunca ser\u00e1n felices sin la compa\u00f1\u00eda de cualquier mujer. Y menos con hija que criar.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Joaqu\u00edn se conoci\u00f3 con Mar\u00eda Arc\u00e1ngel en la escuela rural. Por esa \u00e9poca, \u00e9l presid\u00eda la junta de maestros. Ella lleg\u00f3 para reparar la vida de ese ermita\u00f1o atolondrado, que bien pod\u00eda comer jab\u00f3n por el desorden que le dej\u00f3 en los sentidos la muerte de Mar\u00eda Teresa.<\/p>\n<p>Ambos pasaban las noches, oyendo la m\u00fasica del tr\u00edo de guitarras que se reun\u00eda a cantar en la plaza del pueblo.<\/p>\n<p>Pronto, cuando Mar\u00eda Arc\u00e1ngel ya se hab\u00eda instalado en la Pensi\u00f3n de los Maestros, el se\u00f1or Joaqu\u00edn empez\u00f3 a enviarle frutas. En agradecimiento, ella lo invit\u00f3 a cenar alguna noche de julio fr\u00eda. Encendieron la chimenea. Desde entonces lo am\u00f3 con el alma.<\/p>\n<p>Los meses subsiguientes fueron zozobrantes para los dos. Mar\u00eda hab\u00eda quedado embarazada. No estaban casados. Los hijos les nacer\u00edan bastardos. Decidieron ir a donde la mam\u00e1 de Joaqu\u00edn. Ella los recibir\u00eda. Los ayudar\u00eda a guardar el secreto.<\/p>\n<p>La Tatiana ten\u00eda diez a\u00f1os. La ra\u00edz de la femineidad le brot\u00f3 tan de prisa, que ni siquiera la buena Encarnaci\u00f3n Dolores, que present\u00eda los pasos de la ni\u00f1a antes que ella los resolviera, se dio cuenta de cuando nacieron los v\u00e1stagos de tal belleza.<\/p>\n<p>El esp\u00edritu de la abuela no la juzg\u00f3 nunca. En cambio al pap\u00e1, cada vez que no le agradaba algo, agarraba el cintur\u00f3n y se lo lanzaba a las nalgas de Tatiana. Ese hombre llevaba el coraz\u00f3n inquieto del le\u00f3n.<\/p>\n<p>Tatiana no lloraba. Gem\u00eda como gata. Gem\u00eda cuando la manten\u00edan a pan y agua. Gem\u00eda al torcer el camino que su padre predestin\u00f3 para ella. Gem\u00eda cuando en los campos se escuch\u00f3 las semillas del arroz creciendo con la lluvia.<\/p>\n<p>Los montes desbordados por el agua de los manantiales. Los bueyes enterrados por la melaza del trapiche. Los hombres escapando de la creciente que llegaba. Y nosotros pensando en el amor. La corriente nos arrastr\u00f3 fuertemente. Al otro d\u00eda, el fuego se extingui\u00f3. <\/p>\n<p>El dolor fue siete veces mayor.<\/p>\n<p>Encontr\u00e9 el diario que al huir ella olvid\u00f3. La primera hoja tra\u00eda el coraz\u00f3n pintado con sentimientos que fueron verdad. Pero luego me explicaba que tendr\u00eda que marchar. Rele\u00ed, rele\u00ed. Record\u00e9 los domingos, sentados en la mesa me ped\u00eda escucha los fragmentos del diario de mi vida.<\/p>\n<p>Buscaba alivio para vendar mis heridas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del entierro la bes\u00e9.<\/p>\n<p>-Me besaste.- Se toc\u00f3 los labios.<\/p>\n<p>Me agarr\u00f3 la mano.<\/p>\n<p>-Me da tristeza hablarte as\u00ed, creo que lo que sent\u00eda por ti ya se muri\u00f3.<\/p>\n<p>Me dio la espalda.<\/p>\n<p>El d\u00eda que regres\u00e9 de otro lugar, la gitana del puerto donde anclaba el barco, me llev\u00f3 a la tienda que atend\u00eda. Sac\u00f3 del ba\u00fal pesado de debajo de la mesa de barajas la fotograf\u00eda que Tatiana se tomara de perfil, para que la llevara en el bolsillo del pantal\u00f3n. Tan feliz me sent\u00ed, que hasta pens\u00e9 en otro encuentro, que alg\u00fan d\u00eda la volver\u00eda a ver.<\/p>\n<p>Por ella me fui. Y por ella volv\u00ed.<\/p>\n<p>La luz de luna. La luz de estrellas. Todo se hizo eterno. Cuando ri\u00f3 sent\u00ed nacer flechas de cari\u00f1o dentro de m\u00ed. Los ni\u00f1os me contaron que a nadie quer\u00eda. No la olvid\u00e9 de ah\u00ed en adelante. Dej\u00e9 caer mi alma en las manos de Tatiana.<\/p>\n<p>Una, dos, tres serenatas y ya la ten\u00eda.<\/p>\n<p>Al hablarme la vieja Mar\u00eda Arc\u00e1ngel de la violaci\u00f3n de Tatiana, valor\u00e9 el temple de Tatiana, el mejor que pod\u00eda tener cualquier sagitario en esa situaci\u00f3n. Me imagin\u00e9 c\u00f3mo se habr\u00eda sentido, siendo tan ni\u00f1a, tan fr\u00e1gil de esp\u00edritu, tan d\u00f3cil como las palomas de la plaza. Siempre que me encontr\u00e9 con ella, evit\u00e9 mencionar ese percance. A veces el polvo del tiempo es mejor no correrlo.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo me habr\u00eda perdonado?<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l llaga habr\u00eda cerrado m\u00e1s r\u00e1pido?<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00eda conseguido alg\u00fan nuevo querer?<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00eda logrado borrar el recuerdo del viejo Enrique?<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 se muri\u00f3 el ni\u00f1o?<\/p>\n<p>Esas preguntas pronto hallaron reposo en otras mentes. Yo quer\u00eda volver a ser el amigo. Lo \u00fanico que se hab\u00eda preservado del odio era la amistad. La cuid\u00e9 todos estos a\u00f1os. Lo \u00fanico que deb\u00eda hacer era preservarla algo m\u00e1s.<\/p>\n<p>El beb\u00e9 naci\u00f3 en agosto, muy lejos de m\u00ed. El bisabuelo m\u00edo, que estaba muy enfermo, se tom\u00f3 la \u00faltima foto de la vida con \u00e9l. Tom\u00f3 mazamorra de pl\u00e1tano hasta los nueve a\u00f1os. Y se muri\u00f3 a los quince.<\/p>\n<p>Yo no sab\u00eda qu\u00e9 sentir cuando me cont\u00f3 que tuvo ni\u00f1o. Ni tampoco qu\u00e9 decir cuando supe que hab\u00eda muerto. Fue como el escalofr\u00edo que da al subir los p\u00e1ramos. Eso. Tatiana me miraba a los ojos con los ojos heridos. Esper\u00e9 que se le pasara la angustia. Al rato, vi que estaba mejor. Llam\u00e9 a Catalina. Trajo dos pocillos de caf\u00e9 y se sent\u00f3 a hablar con nosotros.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, Tatiana despert\u00f3 nueva, brillante y con la tez cambiada. Catalina la hab\u00eda invitado a pasar la noche con nosotros. Ella acept\u00f3. Parec\u00eda vieja por las vicisitudes, pero al otro d\u00eda se volvi\u00f3 m\u00e1s joven. Ya no ten\u00eda arrugas en la cara. Ya no ten\u00eda canas.<\/p>\n<p>El luto que siempre usara desde que la reencontrara, desapareci\u00f3 del equipaje. Lo tijerete\u00f3. Luego, lo quem\u00f3 en el patio de las gallinas. Mir\u00e9 esto con estupefacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esa no pod\u00eda ser la Tatiana que me hab\u00eda buscado por mil caminos. Esa no pod\u00eda ser. Esa no pod\u00eda ser la Tatiana que me hab\u00eda visitado ayer. Esa no pod\u00eda ser. Esa no pod\u00eda ser la mujer, la madre de mi hijo. Esa no pod\u00eda ser. Le pregunt\u00e9:<\/p>\n<p>-Tatiana, \u00bfte sientes bien?<\/p>\n<p>-S\u00ed, estoy de maravilla.<\/p>\n<p>No pod\u00eda ser.<\/p>\n<p>Qued\u00e9 atrapado en cierta \u00e9poca, y eso no me dejaba ver que la gente a mi alrededor cambi\u00f3. Las ra\u00edces de mi descendencia fueron cortadas muy temprano, sin dar tiempo para que se enamoraran, o al menos besaran. Hoy no entiendo por qu\u00e9 me toc\u00f3 vivir tanto tiempo.<\/p>\n<p>La selva me retrajo los sentires.<\/p>\n<p>El mar me infl\u00f3 el pecho.<\/p>\n<p>\u00bfY los hijos?<\/p>\n<p>La luna me los arrebat\u00f3.<\/p>\n<p>Fue en noche plateada la violaci\u00f3n de Tatiana. Fue en noche plateada mi huida de la villa. Fue en noche plateada, cuando el demonio me arrebat\u00f3 la esperanza de hacer mi vida con los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 An\u00eds<\/p>\n<p><a href='http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/Me-vas-a-extra\u00f1ar-Binomio-de-oro-de-Am\u00e9rica.mp3'>Me vas a extra\u00f1ar-Binomio de oro de Am\u00e9rica<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfDe qu\u00e9 se muri\u00f3 el ni\u00f1o? Cuando las muchachas bajan a este r\u00edo, las veo ba\u00f1arse. Catalina es la m\u00e1s hermosa. La pienso a cada rato. La beso en la piel azucenada, salada y tersa. La sue\u00f1o como las abejas sue\u00f1an con las flores. 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