{"id":1014,"date":"2008-01-15T17:08:57","date_gmt":"2008-01-15T21:08:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2008\/01\/15\/barbarossa-entre-los-trigales\/"},"modified":"2008-01-15T17:08:57","modified_gmt":"2008-01-15T21:08:57","slug":"barbarossa-entre-los-trigales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2008\/01\/15\/barbarossa-entre-los-trigales\/","title":{"rendered":"Barbarossa entre los trigales"},"content":{"rendered":"<h3>                          <a href=\"http:\/\/vallejomarquez.blogspot.com\/2007\/11\/barbarossa-entre-los-trigales.html\"><br \/>\n<\/a><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/bp0.blogger.com\/_dXmnWcEzwd8\/Ry5EEZyHjwI\/AAAAAAAAABs\/IrWgE7DmyWk\/s1600-h\/Barbarossa.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/bp0.blogger.com\/_dXmnWcEzwd8\/Ry5EEZyHjwI\/AAAAAAAAABs\/IrWgE7DmyWk\/s320\/Barbarossa.jpg?w=696\" border=\"0\" \/><\/a><\/p>\n<p>Por Mauricio Vallejo M\u00e1rquez<\/p>\n<p>El sol abrasaba con ternura los campos alrededor de Stalingrado. Unos hombres caminaban entre los trigales hablando de algo que no llegaba a nuestros o\u00eddos. El hombre en los campos de San Petesburgo parece ser tan insignificante como una hormiga en un oc\u00e9ano. Pero esos hombres son los que sostienen toda una naci\u00f3n.<br \/>\nEl amanecer que esos hombres recordaron toda su vida fue el de esa ma\u00f1ana; despertaron al canto del gallo y con la hoz en mano fueron a cortar el trigo.<br \/>\nLas espigas se convert\u00edan en mares dorados cuando el cielo se vest\u00eda de luz. Un hombre en ese momento parece no ser nada, el sol, el trigo, la luz son todo.<br \/>\n&#8211; San Petesburgo, como lo llamamos normalmente, dej\u00f3 de llamarse as\u00ed. Sobre todo desde que el maese Stalin tom\u00f3 el poder de todas las Rusias. Un suceso sin importancia mientras el trigo inunde las panader\u00edas de toda la uni\u00f3n sovi\u00e9tica. Yo, mientras. mi deber con el ej\u00e9rcito rojo sea alimentarlo, lo har\u00e9. Me siento responsable de llevar al socialismo en la sangre, porque somos el pueblo, uno en verdad.<br \/>\nEsa ma\u00f1ana del 13 de septiembre de 1942 el 6\u00ba Ej\u00e9rcito, una formaci\u00f3n de \u00e9lite compuesta por 300,000 hombres dispuestos a todo, bajo el liderazgo de uno de lo generales favoritos de Alemania: Friedrich Von Paulus. Procuraba ganar las tierras sovi\u00e9ticas para preparar los primeros mil a\u00f1os del Reich. Eso a un hombre que s\u00f3lo sabe manejar su hoz no le debe de importar, pero esta vez s\u00ed import\u00f3, parec\u00eda ser el fin del socialismo.<br \/>\n-Todo se ve cenizo, creer\u00eda que es mejor que dejemos el trigal, dijo Fiedorovich.<br \/>\n-El trigo es nuestra vida, a qui\u00e9n se lo demos no importa. Stalin procur\u00f3 darnos lo mejor. Pero ahora no me importa \u00e9l. Dicen la malas cabezas de todas las ciudades que \u00e9l mand\u00f3 a matar al maese Trostki. Si fue \u00e9l no s\u00e9. Y si viene alguien a desbancarlo mucho que mejor. Total, si el trigo sale bueno.<br \/>\nLas palabras del viejo no parecieron muy alentadoras al muchacho. Total el ej\u00e9rcito rojo apenas lograba una peque\u00f1a resistencia sobre los alemanes. La retirada del jovencito no fue una sorpresa para su padre. El miedo, a veces, resulta ser el mejor consejero. Para Fiodor el miedo ya era realidad. Siempre crey\u00f3 en el socialismo, ahora deb\u00eda confirmarlo al no dejar la ciega.<br \/>\nUna mosca parec\u00eda entrar en su cabeza. Lo tir\u00f3 al suelo, con un dolor que le quemaba todo su cr\u00e1neo, sinti\u00f3 su zumbar saliendo por su oreja izquierda. El viejo no logr\u00f3 mantenerse en pie, se hinc\u00f3. Ese hombre rudimentario, blanco como la nieve y enrojecido de sus p\u00f3mulos por el trabajo. Hombros anchos, visi\u00f3n de \u00e1guila. No sinti\u00f3 su muerte, cre\u00eda que la muerte s\u00f3lo es el fin del cuento. Pero en esa ca\u00edda logr\u00f3 ver a Barbarossa con sus huestes, bajo el mando de una cruz gigantesca. Iba a preguntarle si en verdad era \u00e9l. Pero una espiga fue cortada por las balas y con una lentitud sepulcral se detuvo en el suelo. Barbarossa dio la orden de parar la marcha y dijo: \u201cYa no hay nada, ya no hay nada viejo Paulus. Regresemos cuanto antes a Alemania. La guerra est\u00e1 perdida\u201d.<br \/>\n(1999)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Mauricio Vallejo M\u00e1rquez El sol abrasaba con ternura los campos alrededor de Stalingrado. Unos hombres caminaban entre los trigales hablando de algo que no llegaba a nuestros o\u00eddos. El hombre en los campos de San Petesburgo parece ser tan insignificante como una hormiga en un oc\u00e9ano. 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