La puerta en el piso. Página 5.

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Al menos recordé a Kity. Entonces… comencé a masturbarme, más no conseguía acabar.

-MALDITA PESADILLA.- grité en voz baja. Y pensé: <>

La luna seguía roja como el sol de la bandera de Japón. Ányer tenía sacó una pistola nueve milímetros. Contradiciendo a Chejov, quien decía: “en una historia si sacas un arma debes dispararla.” Ningún arma fue disparada, sólo se disparaba el aburrimiento. Finalmente y para combatir lo anodino. Dejé a Anyer y me fui del balcón volando como Mary Popins y regresé a la casa de Maga. En la habitación de ella, había un gato blanco; el felino hizo un gesto extraño, no entendí nada. De inmediato… se puso a la defensiva. De mi mochila saqué un tetrapak de litro e hice que la leche flotara en el aire, pues el gato se llamaba Apolo en sentido onírico. El piso se veía redondo y yo tenía la mente cuadrada. De pronto vi que Kity salía del espejo y acercándose abrió las piernas de Maga. Por un momento pensé que Kity fuera lesbiana.

Okey.

Mientras no tocáramos el piso estaríamos bien. Mientras no hiciéramos ruido estaríamos bien, mientras…

A veces pensaba que el sexo era lo mejor del mundo. Mejor que esos tontos que se drogaban y bebían licor como osos borrachos. Y el sico-sexo resultaba mejor, me ayudaba a cerrar el corazón y abrir la mente para atacar y actuar, aquel era mi sueño lucido, y en los sueños no había moral, todo se valía. Podía abrirle las piernas a cualquier mujer que yo deseara. Y chuparle el clítoris en sus sueños. Y seguía oliendo a jazmín.

Maga dormía, tenía derecho al sueño, a fantasear, a sico-sexuar. Muy dormida en su cama y yo quería acostarme justo al lado de ella y sentir su respiración. Por unos segundos me dio escalofríos en aquel incendio. Y di un grito semejante al león cuando eyacula adentro de la leona. Kity blandió un consolador negro de silicona, separó las piernas de Maga he hizo una seña que no entendí. La vulva era blanca y esponjosa, totalmente depilada, sin vello, ni cañones, nada, al borde de parecer una superficie pulida con cera neutra. En medio del objetivo Kity olió las sabanas. Tres segundos después me acerqué al rostro de la durmiente y le di un beso en la boca. No sentí nada, fue como besar… un maniquí. Me gustaría saber cuánto tiempo lleva sin fornicar en la vida real.

Nota:

Como en la morgue el forense hacia su trabajo, nosotros aquí, con las durmientes hacíamos nuestro trabajo. Porque un muerto no se puede defender y una mujer dormida tampoco.
-Cuidado, creo que viene alguien.- dijo Kity.

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