CUENTOS POLÍTICOS 25

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imagen de: http://rellenossanitarios.blogspot.com/
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 La Disfunción

Nunca habían tomado tanta agua como esa noche. Y no sólo por los estragos de la jornada sexual, como un recurso profiláctico contra el hambre. Lo que pasaba es que tenían una semana tratando de callar los regaños de un estómago rebelde. Y por eso se levantaban casi a las once de la mañana, para luego guapear con agua hasta las dos de la tarde, y entonces, sí, calentaban un poquito de los granos sabor a sal que entregaban por la comunidad. Pero a esos granos no le sabían ni el nombre. Porque no eran caraotas, lentejas, ni arvejas, y tampoco garbanzos… – ¿Y entonces qué bazofia nos están dando, pana?, escupía Carlitos otra vez unos granos sobre el plato. Viviana no le respondía nada. Porque cuando el hambre los visitaba de esa forma, ella solía ponerse como muda. Su percepción del mundo quedaba neutralizada por los retazos de un ni tan remoto pasado. ¿Un mecanismo de defensa opositora? Nadie sabe. Pero cuando se le agotaban aquellos bienhechores recuerdos o no podía concentrarse, reclamaba la atención de su Carlitos. Se quitaba la dormilona hedionda que ella cargaba siempre para dormir, y su imagen espectral surgía. Una cada vez más escuálida Viviana trataba de lucir sus pantaletas percudidas, que imperativamente sostenía con las manos. Carlos, se quedaba como mudo ante esa mujer irreconocible. Aunque ella se esmeraba, moviéndose como modelo en comercial de champú: “Ven gordito, para que te comas este espagueti en salsa”, le decía. Pero dicho estímulo no parecía ser suficiente. Qué raro, con Viví nunca me ha pasado esta vaina. Ella siempre ha sido una verdadera provocación para mí. Quién sabe, de pronto el impacto de verla así tan acabadita y mortecina, ha sido un duro golpe para Carlibiri, y miraba hacia abajo, a su entrepierna. Entonces, apela al archivo de emergencia: “imágenes de Vivi”, un recordatorio de lo buena que estaba cuando la conoció en la UCV, y antes de que la revolución le terminara de robar lo mejor de su vida. Sus treinta kilitos de puro amor.

El resultado fue inmediato.

Boca arriba sobre la cama, Viviana se le acercó y le dio el besito más rico que pudo, con lengüita y todo. –Guau, bebé, qué sabroso lo hiciste. –Tú también estuviste divina, catira, aunque te falta crema dental. –Ay, tú si eres malo, chico; mira, no quiero que lo tomes a mal, pero no te diste cuenta que esta vez te costó más. Vas a tener que pedirle a un urólogo del hospital que te revise. No sé, gordo, no vaya a ser un caso prematuro de disfuncionalidad.

Hombres de la basura    

-Yo sé que estamos pasando por una fuerte, pero hay personas que están peores. -¿Peores?, me cuesta un poco entender que alguien esté peor que nosotros, Catira. -Hay muchos casos que lo demuestran, gordo; mira, en estos días, por aquí mismo, estaba una señora muy pobrecita tocando de casa en casa. Chico, nadie le daba nada, y me dio un dolor. Cuando tocó, agarré de la nevera y le di un poquito de estos frijoles que tenemos, aunque sea para que tuviera algo en el estómago. Y tú me conoces, se me salió el sociólogo y comencé a preguntarle dónde vivía, y si tenía hijos, y entre adultos y menores cuántos miembros residían en su casa… ya sabes, como un censo. –Y qué te dijo, porque la mayoría de esas personas que piden tienen casa propia y toda vaina, están hasta mejor que uno. –Sí, pero este no es el caso, la pobre me dijo que vivía en el Guaire, junto a otras decenas de familias. Tiene ocho hijos, y mientras el esposo busca cosas de valor dentro del propio río, ella recorre Caracas. Chico, no te pongas a buscarle cinco patas al gato, hay gente peor que uno. –Catira, yo estoy consciente de eso. Pero fíjate lo que nos pasó a nosotros. A mí, un odontólogo como yo… Tú sabes cómo viven los profesionales de la medicina en otros países. Cómo me iba a pasar a mí por la cabeza, que la clínica donde estaba trabajando se iba a ir del país. Viviana torció los ojos como si escuchara la repetición de un discurso presidencial. -…y que tú y yo íbamos a ser dos nuevos pelabolas más, que dependen únicamente de la administración pública. La obstinación de Viviana comenzó a pintársele en el rostro. -Pero, okey, sí, está bien, hay gente que está más fregada que uno, tienes razón, yo he visto a muchos comiendo desechos en los basureros. Todavía nosotros no estamos en esa clase de miseria. –Pero mira, lo de los basureros es un casito más complejo. Bueno, tú sabes que estamos hablando de temas que estudiamos nosotros, los sociólogos. –Pero claro, mi vida, cómo no me había dado cuenta que estaba al lado de la mujer más instruida del planeta, vale. Viviana sonrió y le dio un tierno piquito. –Pues sí, todas esas familias que viven en los botaderos, clasificando papel, cartón, tela, plástico, cobre, alimentan toda una organización delictiva, qué te parece. Según InSight Crime, un portal de noticias que recoge rigurosas investigaciones, dice que esta mega banda tiene su centro de operaciones en el vertedero “La Bonanza”. -¿Sí?, ¿y dónde queda esa vaina? –En el estado Miranda. Y según la fuente, la suma que recogen es multimillonaria. Y todo esto bajo la mirada impertérrita del que te conté, como muchas otras cosas que pasan en este país. –Pero entonces, los que recogen la basura les toca por lo menos su buena tajada ¿no?, es por eso que pasan años metidos en esa fetidez. No encuentro otra lógica. –Ni te creas. Se trata de gente en pobreza muy extrema, que aparentemente no tienen otro medio de obtener recursos. Son personas que trabajan como burros por un ínfimo porcentaje. Al pasar el tiempo, se convierten como en esclavos; son vigilados por otros miembros de la banda, para que no se queden con las cosas de valor. Algunos, hasta han sido eliminados por esa razón. Ay, me gustaría que leyeras ese artículo, está muy bueno… Destapa otra olla putrefacta más. La extensión del trabajo per sé, no es tan grande, pero devela lo esencial del problema. –Pero, cuéntame, pues, no me vayas a dejar así… -No te voy a decir nada, quiero que lo leas… Carlos se levantó de la cama y se fue hasta el baño. Ella lo siguió. No se puso la dormilona porque pensó que la podía ensuciar. Miró a Carlitos detenido en el espejo. Se miraba el rostro debajo de los ojos, se palmeaba la flacidez de los pectorales y trataba de sacar rollos de su barriga. -Ay, chico, no te veas tanto que no vas a sacar más carne de allí, estás igualito que yo, has adelgazado un mundo. Ambos se metieron en la ducha. No tenían champú, ni jabón de olor, sólo se restregaban el cuerpo para quitarse el sucio y los residuos de sus fluidos.

-Mira, catira, te voy a decir algo…

-Dime, gordo.

-Que ya no quiero que me digas más gordo, vale.

-JA JA JA

 

SOBRE CUENTOS POLÍTICOS: es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son productos de la imaginación del autor o se usan de forma ficticia. Cualquier semejanza con la realidad, con personas vivas o muertas, eventos o escenarios, es mera coincidencia.

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