CUENTOS POLÍTICOS 23

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Las Balas perdidas

La patrulla se movía por la avenida Baralt. Eran las diez de la mañana según el celular de Antenorio. Otra semana más de flexibilización, las calles tenían cierto movimiento, aun con las regulaciones de combustible. Los peatones con guantes y tapabocas, se veían raros y graciosos. Como ver otra clase de seres vivos invadiendo las calles, aglutinándose alrededor de los expendios de alimentos. A cada rato Antenorio iluminaba su Samsung para ver la hora, necesitaba llegar antes del mediodía a casa de Luisa para entregarle una caja de víveres. “La verdad es que los Pérez estamos bien fregaos, pensó, extraviando la mirada en la retaguardia de las féminas que subían por la acera, en dirección al Metro de Capitolio. Claro, hay muchos que por ahí andan fregaos, pero mi vieja se me está pareciendo cada vez más a la calavera esa que yo veía cuando estaba chamo, ¿cómo es qué se llamaba?, ah sí “el Fantasmagórico”. Qué me iba a imaginar yo que cuando estuviera grande, mi madrecita se vería así. Si ella siempre fue como Malula concejal, pasada de kilos. Pobre vieja, gracias a Dios por el comisario que me facilitó esta cajita.” Iba a seguir pensando, pero Cedeño lo interrumpió. Jefe, qué chimbo lo que le sucedió a ese carajito, era tan pequeño, sólo tenía nueve años. –Sí, vale, eso fue feo, pero ya pasan los dedos de mis manos los decesos por balas perdidas, sólo este fin de semana, y en la misma zona de San Martín. –Sí, yo lo sé, pero me parte el alma, era como mi sobrino… de la misma edad y todo. –Las balas no perdonan Cedeño. Somos lo que somos. Simples seres de carne y hueso a merced de las circunstancias. A merced de las balas perdidas. -Sí pero es terrible. Usted estaba allí, usted escuchó la declaración de la madre. Eran las ocho y cuarenta y siete de la mañana cuando el niño abrió los ojos, se sentó en la cama y empezó a estirar sus brazos, como hacemos todos para acomodarnos las articulaciones; de repente, se escucharon las detonaciones y él terminó con un orificio en medio de la frente. La bala se había desplazado varios cientos de metros desde la avenida, hasta el tercer piso, golpeando la barra metálica de la ventana que hizo que cambiara su curso hasta la víctima. Antenorio detalló la tembladera que tenía Cedeño con el volante en las manos, mientras relataba los hechos. –Cuidao y no te lleves a un pendejo por delante, cálmate chamo… yo sé que estás comenzando en esto y te afecta mucho, es más, si quieres te fumas el mocho de cigarro ese mientras conduces, me lo voy a calar por esta vez, pero concéntrate. Tranquilízate y acepta que la vida es frágil, y estamos a merced del hampa o de las consecuencias de ese hampa. Mira, ni siquiera los policías nos salvamos de las balas perdidas, aunque cuando se trata de nosotros, las balas parecieran saber siempre nuestra ubicación. –Ja ja ja… usted sí que tiene vainas. –Ah, te fijas, ya te estás relajando. Entiendo que todavía estás verdecito, pero eres un policía y de los bravos, de los investigadores. No dejes que te afecten estas cosas.

Cuando llegaron a la altura del Silencio, se desviaron por donde estaba el antiguo cine Junín, tenían a la izquierda la Plaza O’Leary, y al frente, los edificios de la Reurbanización, construidos durante el gobierno de Isaías Medina. Cedeño ya se había fumado media caja de Cónsul y Antenorio estaba mareado, hacía tiempo que había dejado ese vicio. –Abre más la ventana y saca más el brazo. Ese humo me va a producir Covid. – ¿A dónde es que vamos? –Ya tú sabes, a casa de mi mamá para dejarle la caja, y aprovechamos de comer allá. ¿Tienes hambre? – Fíjese que en este momento no siento nada en el estómago. Y qué raro porque ya son las once. –Qué vas a sentir tú con ese poco de humo. Mira, para que te ilustres un poquito, respecto de lo que estábamos hablando… Una bala puede desplazarse a mil doscientos metros por segundo; eso es casi cuatro veces más rápido que la velocidad de la luz, por eso uno no puede extrañarse de lo que informaran los derechistas esos del Monitor de Víctimas, respecto a los homicidios por balas perdidas entre el año dos mil catorce y quince… ¿Cedeño, me estás siguiendo? -Sí, jefe, lo que pasa es que estaba mirando una chamita que estudió conmigo, y le estaba sacando la mano. -Okey…bueno, un sesenta y cinco por ciento de las muertes se efectuaron, cuando las personas se quedaban atrapadas en la línea de fuego, mientras dos bandas se caían a plomo limpio, o cuando alguna se enfrentaba a efectivos policiales. –Mire, yo creo que Caracas se las trae, porque según un portal que leí en internet, Méjico, en su informe anual de seguridad Pública del año dieciocho, denominó a Caracas como la segunda ciudad más violenta del mundo. Además, este país se llevó la medalla de oro en el año 16, como importador de armas. Dicho por el propio Instituto de Investigaciones Internacionales para la Paz, que está en Estocolmo. Casualmente en estos días, que estaba revisando el Twitter, salió una información de que el Estado le había comprado armamento a los iraníes. Antenorio alargó un brazo y le arrancó el cigarrillo a Cedeño. –Dame acá esa vaina, que ya no soporto más el humo. Íbamos muy bien, chamo, hasta que te metiste con la revolución. –Pero yo no sabía que usted era… -Lo que haces es repetir como un loro lo que dicen por las redes. Eso boicotear el proceso que tanto le costó al comandante eterno. –Pero jefe, fue sólo un comentario, ni siquiera sé si es verdad. –Fue sólo un comentario fue sólo un comentario, te pusiste como un cotorro, chamo. Yo no sé, pero si quieres seguir siendo mi compañero, tienes que cuidar lo que dices. Tú eres un funcionario al servicio del Estado, no puedes andar por ahí repitiendo sandeces. ¿Nos entendemos?

La trifulca

Cedeño asintió, pero no habló más hasta que llegaron a la casa. La señora le cayó bien. Cocinaba sabroso. Se mostró muy agradecida con su hijo por la caja. Hablaron de la familia que ellos tenían fuera del país, de las llamadas de algunos… y que les mandaban saludo a Antenorio y a su esposa Tatiana, que fue haciéndose presente a medida que discurría la conversación. –Un día de éstos, vamos a la casa y te la presento, Cedeño. Ella también cocina excelente, como mi mamá. – Yo creía que no ibas a agregar “el cómo mi mamá”. –Ah vieja, no se ponga celosa, que usted es una maestra de la cocina. Luisa sonrío, aunque enseguida frunció el entrecejo, como si se acordara de algo… Mira, mijo, yo estoy muy molesta contigo porque me le andas lavando el cerebro a la Tati… Fue cuando comenzó el altercado. Cedeño estaba incómodo, y después de atragantarse con el almuerzo, pidió permiso y se levantó de la mesa. –Lo espero afuera, jefe. –Okey chamín… vieja, ella también tiene su cabecita para pensar, yo lo que hago es mostrarle mi posición ante un mundo gobernado por las élites, las desigualdades, le hago ver los efectos del Neoliberalismo. El mismo que hizo sufrir a nuestro país en la cuarta. –Ajá, pero me puedes decir algo, ¿se puede saber por qué ahora sufrimos el doble, si se supone que ya nos libramos de los gobiernos neoliberales de la cuarta? –Bueno, por los gringos y su bloqueo económico, ellos siguen molestos porque ya no dependemos de ellos y hacen que sus aliados no comercien con nosotros. Por eso es que no tenemos recursos. –Ay qué emocionante, mijo, parece una historia por entregas, y me puedes decir qué papel juegan entonces los nuevos aliados económicos, todos esos negocios que el gobierno hace con ellos, la venta de crudo, gas, oro, entre muchos otros que salen de aquí. Cómo nos pagan, ¿con chapa?, es obvio que en divisas, verdad mijito, ¿y quién administra esas divisas, los gringos o nosotros? Te fijas que tengo razón cuando te digo que el modus vivendi de los habitantes de un país, es el reflejo de la buena o mala administración de los recursos que llegan. No es culpa de otros, mijo, sino de los propios administradores. No se justifica que los venezolanos no puedan vivir ya de su salario, porque la moneda no valga nada, eso sí es un crimen. Antenorio sacó el celular para leer los mensajes de wasap, mire mamá, tengo un mensaje urgente del comisario, creo que es un caso, otro día seguimos con la charla. Esta buena. Se tomó de un trago el cafecito que Luisa le había puesto sobre la mesa y le dio un besito en el cachete y salió. Ella comenzó a recoger los trastes para fregarlos, y se dio cuenta, que el compañero de su hijo era el único al que no le había servido café, fue cuando cayó en cuenta de la trifulca que había formado frente al él, y le dio tanta vergüenza, que se puso roja.

 

SOBRE CUENTOS POLÍTICOS: es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son productos de la imaginación del autor o se usan de forma ficticia. Cualquier semejanza con la realidad, con personas vivas o muertas, eventos o escenarios, es mera coincidencia.

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