Coronavirus, plaga apocalíptica o qué?

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The soldier with gas mask and gun
The soldier with gas mask and gun

Esta madrugada tuve un sueño. Entonces decidí escribirlo y publicarlo en mi facebook: Yo era como un soldado universal, que vivía en un futuro postapocalíptico en Caracas. Había aparecido un virus, llamado coronavirus. Todas las personas cubrían parte de su rostro con máscaras desechables. Haciendo una locura, me negué a utilizar dicha máscara y busqué el consejo de unos doctores que me dijeron un secreto sobre el coronavirus.

Estos médicos pertenecían a una sociedad secreta. Ellos usaban un símbolo que consistía en un circulo cuadrado. La cura y todo lo posible para vencer aquel virus me fue transmitida en idioma chino, el cual tenia que traducir por medios electrónicos. Cuando ya estaba a punto de traducir, la alarma del reloj despertador sonó y abrí los ojos y cerré el laboratorio de mi mente..

Ya no había nada que hacer. Sólo el ocio encerrado en casa. Me transformé en un indigente y fui arrestado e internado en una cárcel para indigentes ubicada en Quinta Crespo. Allí el pran era un transformista, hombre vestido de mujer. En los pasillos caminaba Keiler, seudónimo de un ex-espía y policía político. Quien hablaba mucho del apocalipsis descrito en la biblia.

Me vi en un espejo, barbado y greñudo. Y supe que los doctores de la sociedad secreta no existían. Subí al quinto piso y dije unas palabras. Luego salte rompiendo una ventana y escapé.

Corriendo por las calles de Quinta Crespo vi la tercera Guerra Mundial en el cielo como si fuera la pantalla de un cine venido a menos.

Finalmente en el sueño me asignaron un nombre, y me pusieron un numero en la mano derecha y un tatuaje en la frente, compuesto por un código de barras. No soy un delincuente pienso.

No utilizaré ningún aparato electrónico en un ataque de tecnofobia.

Corrí a una farmacia y veo a los doctores llorando porque la computadora central está en mi cerebro. Inicié sesión neuro-informática y en aquel futuro quise una novia antes del fin.

Y antes de despertar de ese sueño lucido, veo dos opciones de callejones sin salida, una creer en dios, la otra ser ateo.

Soy inmortal, me digo, como para darme valor, y envalentonado prosigo. Vamos aquí me tienes coronavirus, voy a morir de pie.

Callate, aquí nadie va a morir, este es mi sueño y nadie muere.

Bjork y Chewbacca aparecieron de la nada y me pusieron una mascara de anestesia con tres mil miligramos que harán explosión. Mi cuerpo flotó en una nube con hongo de espuma y cereza gris, luego de mi ego, me transformé en una silueta humana de esferas verdes fosforescentes. Y le dije:

Sabes, desde el primer día que te vi me gustaste.

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