Acción poética -Notas suicidas.

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Mujerzuela

¡Amada mía!

Perdóname no haberte querido como debía,

Hoy eres solo un espejismo que ven mis ojos por todas partes,

Intento acariciar tu pelo, pero no estás ahí para sentirte,

Te hablo, pero no me oyes,

Te pienso, pero ya no estás aquí.

¡Amada mía, ya no estás aquí!

Añoranzas
II

 

¡Observa tú, en que se ha convertido lo pasado!

Cenizas dejadas por el fuego calcinado,
hechas de plástico, de juguetes, de videojuegos, de risas, de bromas.

Ah, sí tan sólo pudiera vivir en aquel país de mis recuerdos…
Ah, sí tan solo las olas del mar me arrastrasen consigo en la marea…

¡Observa, pequeño adulto!

El brillo metálico de la hoz sostenido en el mango por la mano huesuda,
de la muerte,
Calavera de ojos telúricos,

¡Eterno hastío, eterna desolación!

No derramen lágrimas el día que venga la muerte a por mí, queridos míos.

Mi paso sin rumbo, mi huella sin pie,

¿Qué me puede quitar la muerte, pregunto?

¿Mis prendas de vestir, mi par de zapatos, mis cuatro camisas, mi tres pares de media rotas favoritos, mis poesías, mis libros?

¿Qué me puede quitar la muerte,
Qué no me haya quitado la vida?

Obsesiones
III

 

Escribiendo para vivir,

A pesar de la ausencia,

Intentando amar y olvidar para ser feliz,

Aprendiendo a perdonar para no odiar,

Sonriendo y haciendo reír

Para no llorar;
El cine, la buena música, los amigos de verdad, el café, la poesía,                           los atardeceres en el mar

Viviendo sin capital, en la casa de siempre; en el hogar de mi señor Padre y mi señora Madre.

Sin casa propia, sin auto, sin trabajo, sin un centavo.

Pidiéndole siempre a mis prestamistas,

pa’l pasaje, pa’ los libros, pa’ las copias, pa’ los lápices, pal’ existir.

Entonces la pantalla del ordenador me muestra la vida ideal

Dinero, fama, éxito a los veinte años de edad.

Milagro de esta época,

el no acabar,
Drogado
Pistola en mano

O

La soga: Al cuello atado

Delirante, ¿no es así?

Apagón
IV

 

La poesía hoy tocó a mi puerta,
en sábanas oscuras con rosas de pétalos negros que me acurrucaban,

La sombra de la oscuridad acelera mis nervios y en tropel la sangre circula por mi cuerpo

No hay luz a mí alrededor; no es sorpresa

Mis dientes relampaguean en la oscuridad,
con una resignada sonrisa;

El que se ríe de su miseria
Aprende a no amargarse en la pobreza
Ni a llorar de pena un Domingo de misa
El estómago rugiendo; el niño sentado en el regazo
Al amparo de un nuevo día

La poesía hoy tocó a mi puerta;
llamó y yo le atendí, dejándola que pasara y se sentará en la mesa.

Una taza pequeña de guayoyo;
una taza mediana de café marrón,
un pedazo de casabe

Desayune junto a ella y me contó las nuevas;
murió un señor mientras trotaba
Su corazón de repente se paró.

La muerte le sorprendió trotando y,
consigo se lo llevo

Sollozan lágrimas mudas;
Corriendo en las mejillas de sus amigos y familiares

Hoy la poesía tocó a mi puerta.

Afuera había mucha hambre y muchas almas en pena;
mientras los vivos en este plano,
lloran de indignación, de rabia y de penas

La muerte tiene mucho trabajo,
en esta época sangrienta.

Roja es la sangre: Progreso, igualdad, paz y resistencia la bandera.

Ondulando sobre cadáveres, coloca la estaca en el blanco cráneo,
de un niño pobre,
el fascista revolucionario,
Mientras grita: ¡Abajo el imperio!                                   ¡Muerte a la oligarquía!

¡Patria por siempre!

 

Cuando terminamos el austero desayuno, la poesía se levantó de su silla para irse.

Me acarició la barbilla, me miró tiernamente con ojos de agua y colores de estrella en sus iris, me besó con sus delicados labios las mejillas.

Su aroma afrodisíaco se quedó grabado para siempre en mi psique.

Se despidió en la puerta la Venus,
y detrás de ella
dejó una blanca y azulada estela.

Adiós, poesía;

Mi inspiración te espera.

 

Guille Liscano.

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