CUENTOS POLÍTICOS 14

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La Ninfómana

Voy a confesarte que tengo más de un año de casado. Ni siquiera se lo he dicho a mamá ni a nadie por allá. Se van a sorprender cuando se enteren, porque siempre he sido un irresponsable con mi vida amorosa. Pero llega un momento cuando ves a alguien y dices: “yo como que me lanzo”. Tú sabes también, como mamá, que trabajo por mi cuenta y me ha ido bien acomodando vainas. Tú sabes que soy bueno en eso. Monté mi propio local y le puse el nombre de: El Arreglatodo. Resulta que en poco tiempo he ido comprando mis cositas. Un apartamento. Las vainas que debe tener un apartamento para que uno pueda sentirse en un verdadero hogar. Una camioneta Deadwood que le arranqué de las manos a la concesionaria y, por cierto, acabo de terminar de pagar. Me va bien. No me puedo quejar como otros coterráneos que por aquí no dejan de comerse el cable. Algunos han terminado regresando a Venezuela en los grandes armatostes aéreos de la revolución… Pedro, no sé chamo, pero tengo rato que no escucho ni siquiera tu respiración… hermanito, ¿estás bien?, ¿todavía están los bichos esos dentro del banco? Tose una vez si me escuchas…

En ese justo segundo, uno de los atracadores pasaba muy cerca de Pedro, detallándolo. Movía su arma sobre los cuerpos como si en lugar de arma tuviera un detector de metales. Pedro, pilísima como siempre, había desenchufado el auricular del oído más expuesto, el otro permanecía dentro de la oreja pegada al piso. Por cierto, ya no parecía  piso, sino una panela de hielo por el aire acondicionado, produciendo como estalactitas dentro de sus pulmones. Ya hasta le costaba mover el tórax, como si estuviera agarrotado por una caverna gelatinosa que sentía por dentro. Por eso cuando tosió se le infló una burbuja de moco entre la faringe y el esófago que, al instante, explotó y sonó demasiado asqueroso. –Pedrito, no me gusta lo que escucho, pero por lo menos sé que sigues allí. Y bueno, como te contaba. Aquí la gente no me busca por mi carita de jodedor, sino por el producto de mi trabajo. Me gusta que los equipos me queden finos. Tú me conoces, siempre has sabido que a mí me pueden criticar por muchas cosas, menos en dos: soy un obsesivo de mi trabajo y me encanta el sexo. Las dos cosas simultáneamente. Y lo hago tan bien que muchas siempre vienen para que las arregle. Y puedes estar seguro que quedan bien arregladitas…

Por otro lado, eso de cambiar piezas originales y ponerle un alambrito para que funcione, no va conmigo. Es de bruto trabajar mal para que los clientes se te vayan. Yo conozco a varios colegas en ese plan, se la pasan pidiéndome prestado porque ya nadie confía en ellos, y yo los aconsejo. Prácticamente me pongo como un tierno padre y eso que soy mucho más joven que ellos. En esas estaba yo, hasta que un viernes terminé invitándoles unos tragos en un club dance muy famoso por el sector. Salieron caballo blanco. Les brindé las cervezas porque ni para eso tenían. Pero ese lujo de que te inviten sólo se lo pueden dar los nacionales, los extranjeros tenemos que sudarnos el rabo para no perecer, porque aquí, nadie te tiende la mano. Y menos brindarte palos. A menos que quieran servirse de ti, por supuesto. Nada que ver con nosotros allá en Venezuela, ¿verdad Pedrito? ¿Pedro, me escuchas?, acuérdate de toser como te dije…

El tosido fue instantáneo. Ahora salió como si el chorro de voz tropezara con una pared hirsuta de secreción. Uno de los delincuentes lo miró extrañado. –Mierda, vas a tener que tomarte un palo de ron con limón, el mijo. Si no sales muerto de un balazo te mata la tuberculosis, papa. De verdad, Pedro no estaba montando un drama para poder comunicarse con su hermano. Él no tenía nada cuando entró a ese banco por la mañana. Pero de alguna forma, la conmoción del suceso hizo que todo deviniera en ese resfrío que no se le quitaba, y hasta seguía moqueando por la nariz.

El robo tenía ya más de dos horas y ni la policía, ni la brigada especial, ni la guardia, parecían estar al tanto. Al colmo de que la calle estaba trancada por una manifestación oficialista y el banco se daba por cerrado.

Te decía que fui a un club dance con unos amigos, y salieron unas criaturas de lo más bellas que comenzaron a moverse por la plataforma. Cuando estábamos por la cuarta ronda, salió una caraja con unas caderas en forma de manzana, que me recordó a la mismísima Salma Hayek en la película El Crepúsculo al Amanecer. Tenía un colorcito canela y bailaba hasta mejor que la Hayek. Pana, desde ese momento como que perdí el juicio. No lo digo metafóricamente, Pedrito, esa mujer me enloqueció al punto, que me las arreglé para sacarla de esa vida y se convirtiera en una mujer de hogar. Y sí, en reglas generales, me fue bien. Además, obtuve dos vainas fundamentales en la vida de un hombre: Una mujer que hiciera la comida y me proporcionara esa calidez de hogar, de refugio ideal que todos necesitamos, y claro, sexo gratuito y seguro a cualquier hora. En esas estaba yo. Y qué podía pedir de la vida. Una mujer así, tan bella y caliente en mi vida. Pero poco a poco me agoté. En la medida que pasaron los meses se gastaron mis suministros. Camila pedía más y más y muchísimo más… Empezamos con seis veces al día. A los tres meses yo no pude y pasé a cuatro. Allí empezaron sus largos baños en la tina con un vibrador adaptable que se compró. Yo me preocupé y comencé a comprar mariqueras para la erección. Pero llegó ese ominoso día…  ¿me sigues, Pedrito? La tos de Pedro fue carrasposa pero rápida, como diciendo que estaba escuchando, pero que dejara de preguntarle la misma vaina a cada rato…

Llegué del trabajo como a las ocho de la noche y me eché a la cama a dormir. Como a las cinco de la mañana, la alarma me levantó otra vez para trabajar y la encontré en la sala con el televisor encendido en el canal de adultos, y el vibrador en las manos. Cuando me vio quiso que le cumpliera pero mi compañero ya no daba señales. Ella me había dejado sin municiones durante la madrugada. Trataba de darle a la cabeza a ver qué enfermedad podría tener esa mujer y fue cuando recordé el mote que le tenían en el club dance donde trabajaba: Camila, la ninfómana.

Hermano, tú pensarás que soy un pendejo porque un hombre que se respeta no le huye a una mujer así. Pero para hacértelo corto. Ayer Camila se me apareció en el apartamento con un tipo que puede ser su abuelo. El hombre me quiere pagar para que la deje participar en una película porno con él, porque resulta que es un empresario del cine de adultos y además, dice que tiene el mismo problema que ella. ¿Qué me puedes aconsejar?, tú tienes más experiencia que yo en estos asuntos, eres un abogado. ¿Qué me dices?

Pedro tose de forma repetida, como si ya no pudiera controlar el deseo de toser, pero a la vez, como si quisiera decir algo que no encuentra forma de expresar.  –Entiendo, Pedrito, es verdad que no puedes hablar, bueno, cuando pase lo del robo te vuelvo a llamar por wasap para que me ayudes con esto que me tiene de cabeza.

SOBRE CUENTOS POLÍTICOS: es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son productos de la imaginación del autor o se usan de forma ficticia. Cualquier semejanza con la realidad, con personas vivas o muertas, eventos o escenarios, es mera coincidencia.

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Escritor venezolano nacido en 1973. Egresado del Instituto Pedagógico de Caracas. Profesor de Ciencias Sociales. Algunos de sus cuentos han sido publicados en diversos portales literarios y la revista impresa Yelmo y Espada. Ganador del Turpial de Oro en el concurso Cuentos de Amor 2015 por la Sociedad Venezolana de Arte Internacional. Es autor del libro de cuentos Al borde del caos, por la Fundación “El Perro y la Rana” y Más de 48 horas secuestrada en (CreateSpace Independent Publishing Platform, 2014). Administra el blog personal historietasyotrasveleidadeswordpress.com

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