CUENTOS POLÍTICOS 12

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Javier Téllez: Teatro de sombras
EL CUENTO

Quiero contarles un cuento que no es cuento. No se lo digan a nadie. Con el estómago pegado al espinazo, vengo a martillarles un rato apelando a su don de gente… Permiso guaya permiso, zona zona, permiso negro que voy pasando… El Metro estaba al tope de su capacidad. No fue sólo el tono golpeado de su voz al soltar las frases lo que llamó la atención de los pasajeros, sino lo innovador de su forma de pedir. -Quiero contarles un cuento que no es cuento. No se lo digan a nadie. Con el estómago pegado al espinazo, vengo a martillarles un rato apelando a su don de gente… Luisa le pareció inesperado y algo invasivo. Pero aún así de sopetón podía notarse la sinceridad del sujeto. Por eso sacó un caramelito de menta de su cartera y se lo dio con mucha gentileza.  –Gracias mi mayol, soltó el hombre. –Querrá decir señora, mijo, dijo ella bruscamente, porque detestaba esa propiedad de darle mal uso al castellano.–Copiado zona zona, no hay rollo, mis respetos doña. Cada vez que el tipo abría la boca, el reducido espacio donde estaba atrapada Luisa en los asientos preferenciales, se llenaba de un humus insoportable. Como una mezcla de excremento y cocuy. – ¿Usted está tomando tan temprano, mijo?, soltó Luisa dibujando una mueca de decepción. –Es lo único que me quedó de la cuarta, doña, porque hasta el yerro me lo paliaron los tombos. Zona zona, peligro, peligro… Luisa le entró un frío en la espina dorsal cuando escuchó lo de la pistola. Por eso como que se le agarrotó la garganta y su lengua dejó de fabricar frases. –Sí mi doña, cuando éramos felices y no lo sabíamos. Cuando yo estaba en las alturas trabajando tranquilito con mi yerro, pa todos laos. Ejerciendo mi especialidad, los bancos y los camiones blindados de Trasvalcar. Cuando se ponía la vaina muy pelúa, porque en la cuarta también se ponía dura la vida, ¿verdá goldo? Un tipo rechoncho movió la cabeza afirmativamente y sin mirar, porque manipulaba un teléfono. Pero usted lo sabe mejor que yo doñita, porque tiene más kilometraje, ¿verdad? No se ofenda ja, qué vacilón, no se lo digo por pure, sino por la experiencia, ¿me entiende? Bueno, entonces me ponía a robar camioneticas, porque este Metro ni con unos pases encima. En la cuarta éstas instalaciones eran burda de zona zona, peligro, peligro… como cuando uno está en la cárcel y vez de lejitos la zona de un pran. Por ahí no pasas ni muerto, no se lo digas a nadie…

Hoy lo que hago es contar con el don de gente para comerme la papa. Porque sin yerro no consigo chamba decente, y bueno, ese es mi cuento. Porque es feo estar inventando vidas paralelas, como los bichos esos que desfilan por estos lares.  Y él que quiera darme un bollo de pan, mis respetos. Luisa le estiró un billete y él lo tomó con una media sonrisa alzándolo a contra luz para verificar su legitimidad. Movió el entrecejo con cierta duda.–¿Son los nuevos? –Sí mijo, los que salieron en cadena presidencial. –¡Guillo!, si en mis tiempos hubiera tenido que arriesgar la vida por un billete de monopolio, me habría volado los sesos, qué ñero, y siguió por el vagón con su cuento a la vez que integraba el billete en una enorme fajilla que sacó.

LA XENOFOBIA

Una señora como de sesenta años, con el pelo pintado de amarillo, tocó a Luisa con unas uñas larguísimas pintadas de fucsia. –Ay Mary Carmen, chica, casi se me paraliza el corazón, no te había visto, donde estabas… –Ja ja ja, ay manita, si no fueras mi amiga me lo tomaría enserio, tú si exageras. Me vas a decir que estás tan asustada así… -Claro mija, no te había visto. –Tú lo que estás es vieja y ciega, estaba a dos puestos de ti, lo que pasa es que no me veías. Y cuéntame, ¿cómo están tus hijos? –Todos están bien, chica. -¿Y los que tienes por fuera, consiguieron trabajo?, porque ellos son profesionales. -Sí, consiguieron, pero no ejercen sus profesiones todavía. Eso es muy rudo. – Cuando fui a tu casa hace como un año, te veía preocupada sobre todo por ellos, los que están fuera. –Al principio sí, un poco porque en ese momento no tenían un trabajo fijo. Lo otro es la incertidumbre de cómo los trataran por allá, ya sabes, la xenofobia. El Perú es un ejemplo, la cosa está delicada con los venezolanos. Fíjate que los que se regresan, se quejan de cómo los tratan. -Bueno, Luisa, al parecer nos humillan porque somos tan preparados que le quitamos sus empleos. Y como eres extranjero no te pagan igual que los nacionales, no importa cuánto te esfuerces. Pasas a ser un ser vivo distinto, como inferior. -Pero ojalá fuera sólo eso, Mary Carmen, y no sé si serán ideas mías, pero me parece que en los medios informativos se ha generado una matriz rara en contra de nuestros compatriotas. Los ponen como asesinos, buscapleitos, ladrones, para hacértelo corto, de todas las noticias de la prensa peruana, siempre sale uno de los nuestros como perpetrador de un siniestro. –Puede que sea la línea editorial, no te acuerdas la telenovela aquella que vimos donde todo se desarrollaba en torno a un canal informativo. –Ay sí, como que diste en el clavo mana. –Pero dime otra cosa, Luisa, nunca me dijiste que tus hijos estaban en el Perú. –No, ninguno, afortunadamente. Lo de mis hijos es otra historia. En los países donde se encuentran, vamos a decírtelo así, los tratan pacíficamente. Porque tú sabes que es imposible que te traten como uno de ellos. Además, la gente que migra tiene que comenzar como a vivir otra vez. No importa si aquí fuiste el presidente de la república, o el defensor del puesto, allá te puede tocar hacer de cachifa en un hogar, pulir zapatos, vender jugos, cuidar carajitos, lo que nunca te imaginaste hacer en tu propio país.

-Ayer hablé con Deisy y Elvira, ellas están en Buenos Aires. Las dos trabajan cuidando niños en el día. Por la noche sirven tragos en un antro, eso me angustia por el peligro de los abusadores, y como son extranjeras… Lo bueno es que ya no viven en casa de Sheila, la amiga de Elvira, otra poeta que ha publicado ya varios libros. Supuestamente su amiga no quería que se fueran. Pero una cosa es lo que dicen y otra es cómo te hacen sentir. Cuando llegas todo es maravilloso, pero cuando pasan los quince días comienzas a heder, aún matando tus tigritos para ayudar. Es lo que me cuentan las muchachas por Wasap. Fue un verdadero alivio que el empleo nocturno les diera lo suficiente para pagar un apartamento de alquiler.

-Sí, qué bueno. ¿Y la gorda?, preguntó Mary Carmen, mientras se miraba el rostro con un mínimo espejo, porque trataba de quitarse la película de sudor con polvorete. –Amalia está en Panamá. Feliz con su empleo en el restaurante de Martín. Un amiguito de Facebook que la ayudó desde que estaba aquí. –Eso me huele a algo que sé… –Bueno, no me imagino lo que puede estar pasando entre esos dos. Pero a las pruebas me remito. La pidió en la embajada, le pagó los pasajes y la mantiene alojada en su apartamento de solterón. –Esa chica tiene suerte. –Yo creo que es Dios manita, a esa niña éstos oídos la escuchaban todas las noches pedirle al de arriba que le presentara una oportunidad para largarse. Poder encontrar a alguien de confianza, porque si somos claros, de aquí nadie sale sin ayuda. -Y lo hizo, el de arriba se lo concedió. Yo voy a tener que pedirle a Diosito que me presente un galán para que me saque de aquí, porque de verdad, yo estoy a punto del colapso… ¿Y viste el programa de María Corina esta mañana?, lo que dijo sobre la investigación esa que publicaron en el Pitazo. Luisa miró al techo como rebobinando. -Chica, sobre los niños venezolanos que nacieron desde el dos mil trece para acá. Cómo los ha perjudicado esta crisis alimentaria, cómo viene afectando el desarrollo normal de sus capacidades neurológicas. Y lo más terrible, las consecuencias que esta atrocidad tendrá a futuro… Entonces, ¿no escuchaste el programa?… por eso es que yo mija, lo primero que hago al despertarme por la mañana y salir del baño, es prender la radio. Es como asomarse por una ventana y ver cómo está la calle antes de salir de la casa. Es básico. –Sí, yo lo escuché… lo tengo en la punta de la lengua… no hables más que se me olvida… Mary Carmen sonreía mientras miraba la cara de calamidad de su amiga al parir un recuerdo. –Ya está: “La Generación del Hambre”, tengo que buscarlo en las redes, lo que pasa es que ese internet está pésimo. Se va, viene, se vuelve a ir… Está como el dólar. –Ja ja ja, tú si tienes vainas, Luisita. Mira, ¿y tú hijo Wiston cómo le está yendo? –Él está en pleno centro de Santiago, es el único que no tiene trabajo estable. Pero gana un platero arreglando cosas, como aquí se me graduó de técnico superior en electrónica…

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Escritor venezolano nacido en 1973. Egresado del Instituto Pedagógico de Caracas. Profesor de Ciencias Sociales. Algunos de sus cuentos han sido publicados en diversos portales literarios y la revista impresa Yelmo y Espada. Ganador del Turpial de Oro en el concurso Cuentos de Amor 2015 por la Sociedad Venezolana de Arte Internacional. Es autor del libro de cuentos Al borde del caos, por la Fundación “El Perro y la Rana” y Más de 48 horas secuestrada en (CreateSpace Independent Publishing Platform, 2014). Administra el blog personal historietasyotrasveleidadeswordpress.com

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