SUEÑOS HÚMEDOS

 

La luz entró por la ventana de la habitación y punzaba en sus ojos. Aunque no tenía conciencia plena de sus facultades. No sabía si los pasos que daba en la estación al salir del vagón eran reales, o si la silueta arqueada de esa chica apoyada en una de las barandas permanecería todo el tiempo necesario para detallar sus partes más sensuales. Sí, era muy joven aún pero se notaba que podía pasar fácil los dieciocho. Cabello castaño de un liso que llegaba a la mitad de su espalda; justo eso y su camisa ajustable, le permitieron distinguir el torneado torso, y sus ojos se quedaron lelos en su baja espalda y en esas nalgas perfectas que provocaron el crecimiento de su paquete. Le encantaban las chicas así. Pequeñas, gráciles, y de sinuosas curvas. Mientras seguía caminando trataba de disimular ante la gente, por esa mirada de enfermo que ponía y que lo hacía ver cómo alguien raro, restándole otras posibilidades por allí. Sentía que iba a explotar si no dejaba de mirarla y tuvo que hacer un esfuerzo para salir del lugar. Luego se vio en el liceo, en aquella clase con la profesora de francés. Una morena de pechos grandes que le hacía imaginar cosas. Acababa de dar a luz su primer hijo y estaba en la fase de lactancia. Deseaba verla más de cerca y el momento esperado llegó. Lo llamó para explicarle unos errores que había tachado en su prueba. Allí se puso el bolígrafo en los labios, con un ademán que le parecía muy sexi. –Jordi, cariño, tienes unos errorcitos aquí que no me parecen, no entiendo qué te pasó en los participios, además… Sus ojos se clavaron en todo lo que mostraba aquella blusa. Dos bolsas de carne apretaditas, ni siquiera notó los racimos de venas verdes o quizás le excitaban más. Envidió al esposo, tener la oportunidad de verla todas las noches y hacerle el amor. Se dio cuenta del abultamiento inesperado en su cremallera y quiso ocultarla rápido con la mano. Pero la profe puso aquella expresión de sorpresa. Era más como un brillo de gusto en los ojos: “umjumm a ver qué tienes allí…” Pensó que estaba acabado, como mínimo lo avergonzaría frente a sus compañeros, pero lo miró a los ojos y explayó esa hermosa sonrisa : –Estás muy carajito todavía para mí, pero puedes acariciártela en mi nombre cariño, y lo mandó a sentar. Eso pudiera haberle formado un concepto totalmente torcido de las profes, pensar por lo menos que eran todas perrísimas, pero comprendió que el sexo era lo más normal del mundo. Y no se traumó por esa vaina, porque lo único que en realidad quería era descargarse lo más pronto posible. Luego en la casa con esa carajita colombiana que su mamá contrató para que hiciera los oficios. Comenzó a tocarle la puerta del cuarto un sábado por la mañana. A quién se le ocurre tocar a esa hora y de esa forma. Pero debía avisarle que ya estaba listo el desayuno. Abrió de lo más normal. –Sí, ¿qué es lo que pasa Rosemary? –Señorito Jordi, que ya está servido el de…, entonces lo notó, su cabeza se inclinó hacia abajo, mirando su falo y allí por supuesto comenzó todo. Ella puso su dedo en la boca de él como diciéndole que se callara y lo empujó más y más hacia atrás, hasta la cama. Sus dedos diestros sacaron el miembro tieso y rosado del pijama y sus labios lo abarcaron rozando con la lengua al mismo tiempo. –Se lo mamo súperbacanal, ¿verdad señorito Jordi? Lo tiene alebrestaito… Pero su madre comenzó a gritarle para que bajara a ayudarla y todo se acabó allí. Jordi se vistió y bajó al rato. Su madre estaba sola en la cocina sirviendo el desayuno. No entendía qué había pasado con la colombiana. No le preguntó a dónde estaba, todavía su corazón bombeaba fuerte por lo que había sucedido arriba. No quería que su madre pensara que a él le gustaba o algo. Le podía montar una chapita y esas vainas. Pero entonces lo supo.–Ay, de la agencia mandaron a llamar a Rosemary porque estaba apartada para otra familia, pero no importa hijo, mañana vendrá una gocha muy bonita que hará mejor el trabajo. Cuando terminó el desayuno subió a su cuarto, se tumbó sobre la cama y con la mano metida en el shorts, se puso a pensar donde estaría la colombiana.
 
La gocha llegó por la mañana pero resultó ser demasiado fea para sus selectos gustos. Era obesa y se le notaba lo cochinita, por eso ni le gustaba comerle la comida, la había visto sacarse algunos batracios de su nariz. Y cuando le tenía asco a una persona, por más hembra que pudiera ser en la cama ni le sacaba un mal pensamiento. Pero a la prima sí le pegó el ojo. Y fue delicioso cuando vino de San Cristóbal a hacerle las suplencias a la gorda. Ella era una cochinita más pero de forma distinta. Le gustaba verlo mientras se bañaba. Él la había pillado varias veces y haciéndose el que no la veía por el jabón en los ojos, se la batía endurecida mientras ella se tocaba desesperada hundiéndose los dedos. Un buen día la sorprendió poniendo el canal Venus en la tele de la sala. Sí, se despertó en la madrugada con unas ganas locas de orinar. Descendió por las escaleras al piso de abajo y notó la luz en la sala. Captó sus jadeos y resoplidos mientras se taladraba la flor. Se sentó en el mueble repentinamente a ver qué hacía, o si salía corriendo apenada por algo, pero en lugar de eso se levantó y empezó a modelar su shorts. Trataba de imitar a esas mujeres que bailan en los antros, y no sé si lo hacía bien, pero al Jordi lo puso durísimo. Como loco comenzó a besarle la parte de las nalgas que quedaba expuesta en el shorts. Su lengua ensalivada le acarició varios puntos que causaron sucesivas explosiones en ella. Cuando se dieron cuenta hacían el sesentaynueve completamente desnudos en la sala. No sabía si era racismo pero verla con esa piel lechosa tan blanca en contraste con la suya morena, lo ponía más loco, más explosivo, sobre todo cuando por fin y por primera vez, estrenó su herramienta dentro de una verdadera vulva. Esa fue la última imagen de ese sueño que lo hizo ver parte de su pasado y que lo confrontó con su realidad inmediata: Seguía siendo un hombre soltero que pisaba casi los cincuenta, que vivía con su madre y dormía en el mismo cuarto de cuando niño, y que hoy como todas las mañanas había despertado con una poderosa erección, que en muchos años no había podido poner fin.

 

 

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Axel Blanco Castillo

Axel Blanco Castillo

Profesor egresado del Instituto Pedagógico de Caracas. Algunos de sus cuentos han sido publicados en portales literarios y en su blog Historietas y otras Veleidadeswordpress.com

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