PARTÍCULAS MARAVILLOSAS

 

 

Soy un guiñapo pateando el borde filoso de la estación, burlando la muerte. Estúpida mente que alucina con los rieles. Estúpidos dulces venenosos que nunca debí tragar. Abajo crece el mar metálico y dos soles se ponen en el horizonte. Es como estar en otro planeta. Ejecuto mi mejor clavado… El que siempre quise hacer y nunca hice… Soy Riddick… Soy el capitán del Enterprise en un agujero psicodélico… Soy millones de chispas que flotan y traspasan el techo a una velocidad de no retorno… Ya no me importa quién fui, lo he olvidado. Si me preguntas por mi destino, que si tengo certeza de lo que me espera, es sencillo, no lo pienso. Tampoco creo tener siquiera una sutil idea del dolor que sentiré. Lo que sé, es que mi pecho se convulsiona por algo más que el dolor, como si mi corazón fuera derretido por llamas… Sí, es por ti Milena…porque me dejaste… Porque me abandonaste en este cosmos incomprensible. Porque no dejaste una maldita pista de tú paradero. No tuviste misericordia de este patán. El que te daba lo que querías, tú paliza, tú noche de fiesta, tú doble dosis de peligro. Es lo que me decías siempre, aunque sabías que era tú perdición. Sí, nuestra perdición… Caigo…, y es como si te escuchara hablar. ¿Dónde estás Milena?, ¿dónde te fuiste? Espero que no te arrojes como yo al maldito tren…

Mi acción inesperada, como es obvio,  genera un pánico masivo. Muchos abren sus bocas y gritan como si eso pudiera salvarme. Algunas madres tapan los ojos de sus chicos. Pero los curiosos se aglutinan al borde para precisar detalles. Aunque otros sólo explotan de risa, sin poder explicar que son los nervios que controlan los tendones de sus rostros, pero no importa, yo lo sé, y los perdono. Perdono a todos los que quisieron ayudarme o los que no. Perdono a los que se divierten con este circo. Perdono a los que criticaron mi vida. Esta cinta difusa que se reproduce sin que pueda evitarlo.

Todo este tiempo para pensar, lo siento raro. Parece que caigo sin caer, sin que pase lo que tiene que pasar. El que conduce el tren sonríe mientras lee algo en su celular. Por fin mi cuerpo se adecúa en el aire para la colisión. Las ruedas contra los rieles emiten chispas que terminan por llenarlo todo. Es cuando noto a Milena. Su cabello azul me ayudó ubicarla. Al parecer no me di cuenta de sus gritos chillones. De mi nombre cantado en sus labios con ese toque aniñado. Viniste hermosura, viniste, y no me dejaste, y eso quiere decir que me perdonas, ¿verdad?…

Qué ironía amor, que ironía…

Ahora que me convierto en millones de partículas, y noto por esas lágrimas que me sigues amando…

Recuerdo que una vez rabiosa me dijiste…

Que querías verme morir.

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Axel Blanco Castillo

Axel Blanco Castillo

Profesor egresado del Instituto Pedagógico de Caracas. Algunos de sus cuentos han sido publicados en portales literarios y en su blog Historietas y otras Veleidadeswordpress.com

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