LISTA DE ASESINOS SERIALES

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La mayoría de los hombres son malos.
Bías de Priene

 

 

Me hubiera gustado que esta lista se hubiese ceñido al clásico modelo de los top ten de la web*, pero la información disponible en la misma y la poca que no abunda en medios impresos acerca del tópico que la mía trata, aunado a la procrastinación conocida, me llevaron a concluir que lo mejor sería listar a los asesinos seriales de los que sé su modus operandi, partiendo de meros criterios subjetivos.

De modo que hube pensado en añadir información sucinta sobre cada elemento de esta lista breve y algunas comparaciones con otros asesinos seriales, pero resulta, de facto, mucho más económico y realista, una en la que únicamente se los mencione sin recurrir al frecuente grafismo con el que se presentan sus abyectas fechorías en las disímiles literaturas. Así que presento a una que reúne a varios tipos de asesinos en serie, bajo su propio sello.

Yo no hablo del número de cadáveres ni del sadismo, pero todavía me inquieta lo prolífico de muchos psicópatas de esta lista, pues considero que estriba en puras curiosidades sobre la conducta psicopática presente en el género humano que surgieron cuando me replanteé la “ausencia de empatía” desde diferentes perspectivas. La integrante más antigua es de la Edad Moderna; aunque no dejo de considerar a Calígula, a la histriónica Cleopatra VII y a Nerón, sin descontextualizarlos, al igual que a Jesse Harding Pomeroy, quien ocupa un lugar especial entre mis cartapacios.

Me conformo con incluir a aquellos cuyo narcisismo los llevó a jugar al gato y al ratón con las autoridades, a restar y a agrandar méritos a sus deleznables crímenes, como otrora Javed Iqbal Mughal, Henry Lee Lucas y Ottis Toole, entre otros. En lo concerniente a este punto, excluí a los sádicos verdugos de reyes y ciertas religiones, así como a los aristócratas Gilles de Rais y a Vlad III Tepes, pero sí dejé a Erzsébet Bathory. De los nobles que ‘gustaban’ de torturar y copular con sus jóvenes víctimas, hay quienes sostienen que pudieron haber sido el blanco de una confabulación para despojarlos de sus dominios, comenzando por una serie de acusaciones presentadas a las autoridades de su época, que los vinculaba con la magia negra y a cierta afinidad por los enemigos del reino.

De forma semejante fue afectado Vlad III Tepes, a quien hoy se lo ve –fuera de su tierra– más como un monstruo que como a un brillante estratega militar cuyas loables acciones lograron expulsar de Europa a los moros por un breve lapso. Mucha leyenda negra rodea a estos nobles; quizá nunca se separe a la leyenda de estos hombres; quizá nadie de esta centuria pueda leer los diarios perdidos de la Condesa Sangrienta.

(Aún me pregunto si es lícito incluir en esta lista a individuos con parafilias como la necrofilia. Eso no quiere decir que no haya responsabilidad penal, pero hay lugar. Pues en los lapsos de racionalidad entre víctima y víctima, ¿deben los individuos que sienten placer por los cadáveres frescos vivir en sociedad? Muchas de estas interrogantes surgieron cuando investigaba sobre las trepanaciones de El Carnicero de Milwaukee y acerca de otros necrófilos llevados a la gran pantalla.)

Ya sea por traumas de la infancia, los diferentes factores sociales o de tipo neurológico–o todas ellas–, muchos etiquetan a esta conducta psicopática de reciente. Eso hizo que me preguntara una vez más si también hubo asesinos seriales en las extintas especies del género Homo. El asunto no podría estar zanjado. “Poco probable”, me dije una vez. Y aunque la atrocidad de sus homicidios varíe de asesino en asesino, lo que los caracteriza es el patrón que relaciona a la serie de víctimas que dejan a su paso, además de ser cometidos en intervalos que pueden distar entre años u horas, conocido como período de enfriamiento.

Muchos asesinos seriales son carismáticos y manipuladores, lo que los hace mentirosos natos. Y lo son para ganarse la confianza de sus víctimas y conducirlas adonde las mismas estarán completamente desprotegidas para así ejecutarlas a su gusto. Por lo general, el perfil de las suyas incluye a miembros de los grupos más vulnerables de la sociedad, como ancianos, infantes y mujeres jóvenes. Por ello se ha aducido que mientras más vulnerable es la víctima, el nivel de perversidad es, por lo tanto, más elevado.

Asimismo y pese a que pueda haber algún interés material –aunque no siempre hay presencia de conducta delictiva si se examina el historial de los particulares–, la motivación principal es la realización de una fantasía. Sin embargo, no todos los casos se corresponden con las definiciones que de ellos se tienen. Esto último que refiero me recuerda a los postreros años de vida criminal de Ted Bundy –maníaco-depresivo, ladrón, fetichista, necrófilo, estrangulador, violador y sádico–, cuyo patrón se salía del que los detectives tenían de él, puesto que comenzó a incluir a víctimas cuyo perfil no correspondía con el habitual.

Y menciono a su etapa final porque él ya no tenía el mismo cuidado con el que solía ejecutar sus planes. Acaso se haya debido a la paranoia de ser buscado por el FBI. Nunca manifestó contrición por ninguna de sus víctimas cuando lo entrevistaron en sus mediáticos juicios. Y aunque cumplió su sentencia en la silla eléctrica, siempre sagaz, se valió de todos los recursos para prolongar y tratar de anular, fútilmente, su pena de muerte. (Recomiendo a los lectores prestar especial atención a todas las artimañas que usó para tal fin.)

Y como sé que el tema es extenso e intrincado, visité a un amigo que es médico psiquiatra en mi pueblo, para que esclareciera algunas de mis dudas respecto a la conducta de los asesinos seriales. Él no es uno forense, pero a todos ellos le dan una formación en esa área, como parte de su carrera. Recuerdo que mencionó tres cosas sobre las que brevemente discurrimos: la disfunción familiar, el funcionamiento cerebral y la fascinación morbosa en torno al tema.

Respecto a la primera, es indiscutible que el entorno familiar es fundamental para el desarrollo del individuo, como factor de socialización primaria. Por lo que el doctor me dijo que entre comillas heredan los rencores, las ilusiones de sus padres y que la misma, es decir, su familia, fue crucial para signar la forma en que estos se relacionarían. Por ejemplo, es importante observar el caso de Mery Bell, alias la Niña Asesina, no solo para ilustrar a este primer factor sino también con respecto a la reinserción de los criminales a la vida civil.

Cuando hablamos sobre el funcionamiento cerebral, dijo que probablemente presenten uno anormal, pudiendo una(s) posible disfunción neuronal explicar algunas conductas de los asesinos seriales. Acaso este es el punto más complejo, pero con forme avanza la ciencia neurológica, campos como la neuropsicología forense arrojan luz sobre la interacción y los patrones de actividad cerebral de estos individuos con respecto a la población general.

Y sobre la fascinación morbosa: que pareciera existir una en aquellos que escriben sobre este tópico o que la estudian. Asimismo, releyendo algunos artículos sobre los más celebres de USA, me refirió que también pareciera existir una proyección de quienes los estudian y no de los asesinos mismos. A lo que surgió la pregunta: ¿cuál es el criterio? Entonces parafraseó a Gregorio Marañón, porque en el fondo (y esto es indiscutible por más monstruos –o no– que sean) son pacientes y no hay enfermedades sino enfermos, para verlos como humanos. Y yo conjeturo que sus aserciones se basan en los criterios de formulaciones como aquellos de los investigadores de finales de los 80’s y los del Dr. Michael Stone.

Además, la conducta homicida es tan antigua como el hombre mismo. Lo que nos condujo a Jung y a lo prístino de las religiones, a la antropofagia presente en algunos casos, al vampirismo clínico y así a que yo mencionara a los rituales de nuestros antepasados durante el Cuaternario. Aclaro: la antropología evolutiva es una cosa y la psiquiatría forense y el psicoanálisis, otra. Pero las digresiones son indefectibles en estas conversaciones.

Por lo que en este punto acordamos que es un tópico muy lucrativo si se sabe explotar,  –como bien se ha hecho– porque existen novelas, películas, series y hasta canales dedicados a recrear, fabular y a exagerar los hechos de las conductas criminales, especialmente a los asesinos seriales, quienes hoy por hoy parecen ostentar la corona, ya que la predilección por ellos es patente. De hecho, a sus más fervorosos imitadores se les llama copycat.

(Por este mismo hecho es que me abstengo de describir su perversidad, puesto que la información en la web está sesgada, lo que dificulta el menester de ponerla en orden. Pero no puedo negar que me hubiera gustado discurrir sobre si Jack el Destripador habría poseído un coeficiente intelectual igual o superior al del ladino Unabomber, así como el frecuente paralelismo que se consigue en asesinos como la Mataviejitas y el Monstruo de Montmartre, si se busca a cualquiera de los dos, o lo que relaciona a los que cazan en familia, como a los Bloody Bender, que no son iguales a los Swawney Beane.)

Las etiquetas de “ángel de la muerte” y “viuda negra” son consabidas en criminología; sin embargo, qué pasa con aquellos que matan a quienes los “alejan” de sus hijos y con los filicidas a la manera de Ronald Clark O´Brian e infanticidas/filicidas como la pareja asesina de Ian Brady y Myra Hindley, que requerirían de otras categorías como esos famosos parricidas “que conmocionaron a la nación”.

En suma, este es un tema muy delicado porque muchos casos siguen abiertos, verbigracia el Zodiaco. También están presentes los dolientes; a ello hay que considerar el aspecto sociológico, porque en Occidente, en general, sigue estando relacionado con temas tabúes porque es parte de uno mayor, llamado Muerte. Y la Muerte es un constructo que tiene diversas percepciones culturales en cada sociedad y época. Todo lo que sea eutanasia, ortotanasia, suicidio, homicidio, muerte presunta, entro otros., es tema de pura opinión comprometida.

De aquellos de Venezuela, todavía tengo en mente a José Dorángel Vargas Gómez, alias el Comegente. Yo recuerdo la época en que los medios venezolanos se hacían eco de su caso. Cuando era un niño, sintonizaba las noticias y veía sus declaraciones a la prensa, sentía miedo del psicópata andrajoso que se jactaba de haber descuartizado a los hombres incautos que transitaban por su “zona de caza”, y la forma en la que manifestaba su alegría por “comer” en el presidio al que iría, era repulsiva.

Perversos polimorfos, ¿cuántos no cumplen las fantasías homicidas con las que alguna vez soñaron? Es decir, ¿quiénes no hacen realidad el deseo que llegaron a sentir de asesinar a sus semejantes, a veces de forma impulsiva y otras vindicativamente? ¿Cuántos fratricidas, uxoricidas y matricidas no nacen?

Para hablar de los genocidas tendría que hacer otra lista, pues se clasifican distinto a los asesinos seriales por su modus operandi; para ellos, los fieros, que fueron ostensiblemente más prolíficos que los que integran a esta.

 

 

  • Los Bender (1871-1873). La fecha entre paréntesis es el presunto período en el cual esta familia comenzó y dejó de asesinar, por lo menos en el condado de Labette, en Kansas.
  • Theodore Robert Bundy (1946-1989).
  • Jeffrey Lionel Dahmer (1960-1994).
  • Juana Barraza Samperio (1957- ).
  • Gordon Stewart Northcott (1906-1930).
  • Dennis Lynn Rader (1945- ).
  • Peter Kürten (1883-1931).
  • Herman Webster Mudgett (1861-1896).
  • Zodiaco (1968- 1969). Tantos sospechosos y al final las autoridades se quedan con las manos vacías. La actividad de este asesino serial se realizó en la última centuria, entre los 60’s y 70’s respectivamente; comprendiendo sus últimos años las misivas que solía enviar a la prensa y a la policía. Solo se comprobaron 7 víctimas, aunque él se atribuyó muchas más. Y como ocurre en estos casos, se duda de la autenticidad de las cartas de las postrimerías de los 70’s, de sus crímenes y si realmente se trató de un solo individuo o de varios.
  • Jack el Destripador (1888-1891). Al igual que el asesino del Zodiaco, la escasa evidencia forense hace imposible atinar con la identidad del asesino auténtico de los crímenes, por lo que solo se toma en cuenta la serie de víctimas del período de 1888-1891.
  • Luis Alfredo Garavito (1957- ).
  • Erzsébet Bathory (1560-1614).

 

 

 

NOTA:

 

* A principios de este año pude visitar una maravillosa página en la que obtuve mucha información, llamada asesinos-en-serie.com; pero desde que ha estado desactivada, no he podido acceder, así que tuve que buscar otras, más gráficas pero con información detallada sobre los homicidios. De hecho, siempre se conseguirá más sobre los crímenes que sobre otros aspectos igual de relevantes sobre los perpetradores, acaso por lo que hube señalado al final de la lista.

Sin embargo, en esta estupenda página (que es la que actualmente uso) conseguirán información relevante sobre diversos tipos de asesinos seriales: https://grotesqueandarabesque.blogspot.com/?view=flipcard

Así mismo, les dejo el enlace en el que aparece el reciente libro del autor del mencionado blog, por si están interesados en saber más del corpus al respecto. He aquí:

https://www.antartica.cl/antartica/servlet/LibroServlet?action=fichaLibro&id_libro=204333

 

 

 

Bibliografía

 

Alvaro, M. (2014). Ted Bundy “El Asesino de Señoritas”.  Consultado: 17/02/2018https://grotesqueandarabesque.blogspot.com/2012/01/ted-bundy-el-asesino-de-senoritas.html?=1

Ferrater, J. (1979). Diccionario de Filosofía, vol. 1. Alianza Editorial. Madrid – España. pp. 264, 265.

Ferrater, J. (1979). Diccionario de Filosofía, vol. 3. Alianza Editorial. Madrid – España. pp. 2079, 2084, 2086.

Muñoz, R. (2010). Retrato de asesinos seriales. Muy interesante. (XXVII). No. 09. Editorial Televisa, México. pp. 50-60.

Quintana, A. (2014). Parejas Asesinas. Muy interesante. (XXXI). No. 02. Editorial Televisa, México. pp. 66-71.

Serrano, J. (2014). Asesinos en serie: definición, tipologías y estudio sobre la temática. Consultado: 19/02/2018 https://www.uv.es/gicf/3R1_Jimenez_GICF_10.pdf

Suárez-Meaney, T. y Chías, L. (2015). Geografía criminal y el homicidio serial: el caso de Juana Barraza. Consultado: 21/03/2018http://132.248.9.34/hevila/Archivosdecriminologiaseguridadprivadaycriminalistica/2015/vol5/5.pdf

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Gleiber Alvarez

Gleiber Alvarez

Profesor, procrastinador, aficionado a la psiquiatría forense.

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