No toques a Mary Watson

No podemos despreciar un pequeño resquicio

cuando el peligro nos persigue.


 

 

Mensaje recibido…

Mary cierra la regadera y aguza el oído. El celular vuelve a sonar y alarga el brazo. Toma la toalla colgada en el dispensador y envuelve su larga cabellera rubia. Sale. Mete sus pies en las pantuflas. Se pone la bata de paño para absorber la humedad y no chorrear el piso. Camina rápido hacia la cómoda. Toma el inalámbrico. Tal vez sea su agente para lo del contrato con la disquera mejicana. Pero es un número desconocido…

HOLA. HOY TE VI CUANDO SALÍAS DEL CANAL…

-Otra vez ese tipo. Quién le habrá dado mi número. Los acosadores siempre surgen en la vida de Mary Watson. Su carrera como actriz le dio tanta popularidad que a veces tiene miedo de lo que le pueda pasar.

¿POR QUÉ NO RESPONDES?

SÓLO QUIERO HABLAR CONTIGO…

-El problema de estos tipos es que si no le respondes te siguen llamando y persiguiendo.

–Oye, ¿quién eres tú, dónde conseguiste el número?

–TÚ ME LO DISTE AQUEL DÍA, ¿NO LO RECUERDAS?… AH, LO QUE PASA ES QUE TE TOMASTE VARIAS COPITAS, JE JE. Y NI HABLAR DE LOS POLVITOS QUE TE INVITÉ…

-Mire, ahora no puedo atenderle, estoy grabando. Si lo que quiere es que le firme un autógrafo, tendrá que esperar su turno a las afueras del canal.

-NECESITO DECIRTE ALGO…

Mary corta la llamada. Siente otra vez esa sensación de inseguridad. La impresión de haber hecho una gran estupidez. Las noches de locura siempre le cuestan caro. Obliga su mente a recordar. Las imágenes le vienen fragmentadas… Salió del canal después de la grabación. Estaba feliz porque habían terminado el último capítulo de la telenovela y los tragos cayeron por cuenta del productor. Se vino casi todo el elenco. Recorrieron varias tascas en un centro comercial del este de la ciudad, y terminaron en una discoteca en el sótano. Recuerda que combinó su Mojito con el Daiquirí que le brindaron unos fans, y cuando se dio cuenta, estaba borrachita de pila con un Manhattan. Qué me quiere decir este tipo… Su voz le es familiar… Recuerda que fue al baño. Sus compañeros y el mismo productor le ofrecieron llevarla a casa, pero ella dijo que todo se le pasaría en el baño. Allí se relajó, dejó de encubrir la borrachera que sentía. Le daban ganas de mojarse la cabeza y la cara, pero se le echaría a perder el peinado y el maquillaje. Se sentó sobre la tapa del retrete, y miró a la última zorra salir con cara de chiste. Se inclinó en el lavamanos y se introdujo los dedos para vomitar, pero no salía nada. Fue allí cuando ese sujeto la sorprendió…

-Guau, qué bella eres en persona. Disculpa por meterme en el baño de ustedes, pero afuera es imposible abordarte, y quería conocer a la actriz más talentosa de la televisión. Ella sonrió y sus ojos centellearon un azul propio. Era un hombre alto, cabeza rapada, ojos vivos, traje formal pero sin corbata, y con una gran cadena en el pecho. Posiblemente enchapada en oro.

–Gracias por lo de talentosa, pero ahora me siento algo indispuesta para escribir autógrafos. El hombre saca un pequeño estuche de metal cromado y lo abre. Hunde una pequeña cucharita y se la acerca. Parece talco o leche pulverizada. Pero todos sabemos lo que es…

-¿Sabes qué es esto?, te va a quitar lo que tienes.

-Yo sé qué es, pero prefiero un trago.

-Hazme caso. No me digas que quieres salir de aquí haciendo el ridículo.

Mary mira directo a sus ojos. Luego detalla la puerta. No ve a nadie entrar y esnifa por una fosa. Le pide otro poco y lo hace por la otra, con habilidad de adicta. El hombre sonríe.

-¿Cómo te llamas?, le dice ella. Le parecía haberlo visto antes.

-Llámame Héctor, belleza.

– ¿Héctor qué?

-Solo Héctor…

-Mira solo Héctor, ¿vienes solito a divertirte a este lugar?

-A veces sólo o acompañado, pero siempre estoy aquí, bueno, soy el dueño de este lugar.

-¿Qué eres el dueño del baño para damas?

-Ambos soltaron carcajadas. Obvio que ella entendió bien lo que dijo.

-Bueno…entonces tienes que invitarme un trago.

-Sí pero no aquí, en un lugar más exclusivo.

La opacidad que había en sus ojos se aclaró. Sintió que su mente recuperaba el control de sus movimientos. Salieron del baño y les presentó a sus colegas actores.

-Chicos les presento al dueño del Discovery Bar.

–Un placer amigo… encantados… un honor…

-Igual para mí, dijo Héctor, mientras le hacía gestos al barman.

-Rafa, voy a salir por un rato, atiende bien a los amigos de esta mesa. Son estrellas de la tele, okey. Todo lo que pidan va por casa.

Héctor tomó de la mano a Mary, y salieron del local por una puerta trasera, que los ponía justo dentro de un edificio residencial. Subieron un piso dentro del ascensor. Héctor abrió una puerta. Sistema de seguridad. Piso de granito. Alfombras persas. Muebles de terciopelo color marrón. Paredes llenas de adornos y pinturas. Puso música: Sexual Healing de Marvin Gaye. La llevó a la cocina. Sacó calamares de la nevera, salsa rosada, un poco de Roquefort, botanas, y descorchó Champagne.

Mary entonces recordó…

-AHÍ NO, COÑO, NOOOO. La cama de Héctor. Aquella lengua carrasposa en su cuello. El espejo pegado en el techo del cuarto. Los cuerpos de ambos, cogiendo con la potencia de la comida. Las copas. Las rayas de coca sobre una escudilla de plata.

POR QUÉ LO HICISTE MARY WATSON. OJALÁ QUE ESE TIPO NO TE HAYA PEGADO UNA MALA VAINA.

 

2

 

La gente suele equivocarse. Pero cuando no puede enmendarlo, cuando no puede hacer nada al respecto, deja un sabor amargo en la boca. Se convierten en payasos montados en un maldito trapecio.

Mensaje recibido…

Es una foto…

Ella desnuda en la cama. Su cara dentro de la bandeja de coca.

Otra…

Su nariz empolvada, ojos en blanco, la boca abierta y Héctor montándola por detrás.

Dos más…

Ella vomitando con la cabeza dentro del escusado. Y en la ducha, sostenida de las llaves para no caerse, defeca sus eses líquidas que hacen un gráfico en sus piernas.

Última…

Desnuda. Piel de porcelana sobre la cama, abierta de piernas, con el sexo en flor.

Hay un texto…

-Quiero que vengas a mi negocio, ya mismo. No me hagas usar estas fotos…

Mary tiembla y toma el teléfono. Busca en la agenda el número de su hermano.

– ¿Aló?

–Hola Iván.

–Hola Mary… oye, cuánto tiempo. Qué te pasa… ¿estás metida en algo?

–Necesito verte…

En un Café, en pleno Boulevard. Sentados en unas mesitas con toldo. Beben dos marrones fuertes. La gente metida en lo suyo. Ellos parecen dos comics grisáceos en un fondo lluvioso con edificios recién frisados.

–Iván, gracias por venir. Te llamé porque tú me dijiste que… (Ella deja de hablar y lo mira con ganas de soltarse a llorar).

-Que podías contar conmigo, ¿no?, por supuesto que sí cariño. Nos criamos juntos en el orfanato. ¿Qué te pasa nena, alguien quiere lastimarte? Mary llora. Tiene una crisis de nervios que Iván trata de calmar abrazándola. Su alter ego se asoma por un resquicio del subconsciente…

–Ni lo pienses Valdemar, le suelta, ella es mi hermana. Prometí que la protegería de todo, ¿está claro?… ¿está claro?

-Coño, sí, con esa voz convences a cualquiera.

-Necesito que me ayudes, dice Mary, hay un tipo que quiere controlarme con unas fotos que me tomó. Cometí el error de quedarme con él una noche. Mira… Mary le dio su móvil para que viera las fotos. –Me da mucha pena que las veas, esas fotos son muy explícitas, ¿verdad?

-Sí, parece que fueron tomadas por un psicópata.

–JA JA JA JA, NO ME HAGAS REÍR, IVÁN, ERES UN MALDITO HIPÓCRITA.

– ¡CÁLLATE VALDEMAR!, responde mentalmente.

Mary sigue.

–Quiere que vaya al Discovery Bar esta noche, si no voy, va a venderlas a la prensa. ¡Ay Dios mío!, Iván, si esas fotos llegan a los medios se acaba todo para mí. Mi carrera. Mis sueños. Creo que soy capaz de hacer todo lo que me diga ese degenerado.

-¿Cómo se llama?

-Héctor.

Iván lo conoce. -Sí, ese tipo es un famoso proxeneta. Se había metido en problemas por eso mismo como hace un año, salió en todos los diarios. Parece que varias familias se unieron y lo denunciaron por extorsionar algunas chicas. Las había reclutado en su club de zorras. Ganó el juicio por falta de pruebas que lo conectaran al negocio. Parece que tiene un apoderado.

-¿Y los testigos?, Iván, ¿hubo testigos?

-Sí, pero no fueron suficientes para el juez. Aunque todo el mundo sabe que el Discovery Bar, no es sólo una discoteca. También es un prostíbulo de lujo, muchos poderosos van a revolcarse allí, ¿me entiendes entonces que ese tipo tiene quien lo proteja? Lo más probable es que desee reclutarte, por tu fama como actriz. Los grandes de la ciudad pagarían cualquier suma por follarse a la protagonista de la novela de las nueve, ¿no crees?

– Y cómo hago entonces. No quiero que ese tipo me utilice pero… tampoco voy a permitir que esas fotos se publiquen. Si el precio es ser una de sus putas… tendré que hacerlo, hermano.

-Cariño, ojalá pudiera darle una paliza a ese tipo y recuperar esas fotos, pero éstas manos solo sirven para escribir. Aunque sé de alguien que nos puede ayudar…

–Nones, no me metas en tu escenita de héroe.

–Necesito que me ayudes Valdemar. Siempre te doy lo que me pides.

–Falso, qué con tu cachonda editora, qué con tus fans, qué con esta ricura de hermanita. Bueno no lo es realmente, fue una compañerita del hospicio donde te abandonaron, ¿no?

–Ellas están prohibidas para ti, ¿está claro? Largo silencio. Iván observa la cara de desespero de Mary.

-Valdemar, coño, sé que no siempre te doy lo que me pides, porque que nunca he estado de acuerdo con tus cochinadas. Tú lo sabes…

–Pero te beneficias con las mierditas que te doy, ¿no?

–No vamos a comenzar con eso ahora; mira, tú ganas, si te encargas de Héctor, te permitiré una de mis fans. Pero sólo una.

-¿A cuál? Me encanta aquella rubia medio pendeja que se babea por ti, ¿recuerdas? La que te he pedido cientos de veces…

-¿Mimí?… ¿la que se viste de negro, la gótica?

-No, pendejo, esa se pinta el cabello. Es una auténtica rubia. La que siempre usa vestiditos pasteles y tiene ese delfín tatuado los dos brazos.

-Ah, Liana. Pero esa la hija de mi editora, vale, no puedo permitírtelo.

Largo silencio. Hay una lucha dentro de Iván.

-JE JE, AHORA ESTÁS EN UN DILEMA CABRÓN. ¿NO SABES QUÉ HACER? ¿QUIERES QUE SALVE A TU SABROSA HERMANITA? ENTONCES TIENES QUE DARME A LIANA.

–Está bien Valdemar, suelta Iván, es toda tuya.

Mary termina su café. Su mano tiembla al levantar la taza. -Entonces, qué crees, ¿me voy con Héctor?

-No, contáctale primero por teléfono. Dile que irás seguro mañana, pero que hoy tienes que grabar. Dame un día para que el amigo que te dije actúe.

-Buena idea. De hecho, hoy comienzo a grabar una nueva temporada de la novela. Ay Iván, dile a tu amigo que tenga cuidado, ese tipo debe tener hombres y muchas armas.

Mary se levanta y le da un beso en la mejilla. Iván la abraza. Ella tiembla en sus brazos y entra en crisis. Comienza otra vez a llorar y le moja el hombro. –Gracias porque puedo contar contigo, le dice, y luego se va. Iván paga la cuenta y coge el camino contrario.

 

3

 

Las vainas malas se nos presentan cuando menos sospechamos. Sí, parece un refrán de la abuelita, pero es cierto. Los engendros no sólo salen en las Torres Oscuras de Stephen King, también se aparecen a plena luz.

Mary se monta en el carro. Gira la llave y aprieta el acelerador para calentar. Sintoniza la emisora de Jazz que le gusta. Mira por el retrovisor, para retroceder, y ve alguien en el asiento de atrás. La apunta con una bereta. –Oiga mi diabla, no se me ponga berraquita, que la voy a llevá con el jefe. Métase por la vía, pues pa’ el Discovery Bar…

Mientras conduce suena el celular. El colombiano se inclina sin dejar de apuntarla e introduce la mano en el bolso de Mary para sacar el aparato. Mira el mensaje.

-Es de su chamba, pero hoy está de vaca, ¿no? VEA PAL FRENTE BECERRA QUE VA A CHOCÁ.

Salen de la autopista y llegan al local. Afuera tres hombres de traje, obviamente armados.

-Siga, pues, chibita. Pal estacionamiento, no ve…es esa vaina oscura de allá…muy bien…amjá…estaciónese allí…

Adentro todo sigue oscuro. Los antros son así, como una noche eterna. Algunas luces blancas y muchas otras de colores dan una tenue claridad. Héctor está sentado en una de las mesas. El colombiano le pone a la chica en frente.

-Guau, estás casi sin maquillaje, pero aún sigues bella. Siéntate corazón, ¿quieres tomar algo? Mary lo perfora con la mirada.

–Así no me mirabas aquel día. ¿No te quedó el saborcito de esa cogida que te di?

-Dame todas las fotos que tomaste, abusador. Dámelas para irme a mi trabajo, y todo quedará aquí, si no, voy a denunciarte.

Héctor miró al colombiano y se privaron en carcajadas.

-Colombia, esta caraja no sabe con quién trata.

-Sisas, la berraca se fumó una lumpia, mi don.

-Mary, vas a hacer unos trabajitos con unos clientes muy poderosos. Si obedeces, te daré las fotos. Levantó la mano con las imágenes que podían destruir su vida.

-Héctor, esta que tú vez aquí, ha trabajado duro en la vida. Hice estudios de arte dramático desde muy joven. Me esforcé para poder brillar. Rechacé muchas propuestas indecentes para que me tomaran en serio. Preferí escalar yo misma. Fue duro pero pude llegar donde estoy. Y ahora tú quieres simplemente que me convierta en una puta. Tu puta. De verdad que eres un ser miserable y ruin.

Una mesera llegó con los tragos. La miró extraño. Como si quisiera decirle algo.

–Aquí están, patrón.

–Ponlos en la mesa y vete. Dile a Fran que no abra todavía.

–Sí patrón, pero primero voy al baño, que estoy con una cagantuna.

–JA JA JA, mira Fabiana, no digas esas cochinadas aquí, delante de la gran actriz. Mary y la mesera intercambiaron miradas.

Héctor continuó.

-Mary, no es por mucho tiempo. Dame un año o dos y te doy las fotos. Lo que pasa es que cuando te ofrecí, me dieron un buen adelanto, ¿comprendes? Quítame esa carita, no estará mal para ti, ganarás un diez por ciento de todo… ¿trato hecho?

-Eres un maldito. Dudo que me entiendas o comprendas lo que significa mi trabajo. No sé de dónde saliste, pero creo que te he visto antes de aquella noche.

– Yo siempre he estado aquí, cariño. Este es mi negocio y tú viniste a buscarte líos.

-¿Líos? ¿Qué líos Héctor?, ¿qué mierda te hice? Sólo vine a celebrar con mis amigos. Tú me seguiste al baño. Me drogaste. Me llevaste a tu departamento.

Héctor se tomó un trago y prendió un cigarrillo. Le dijo al colombiano que los dejara solos.

-Cariño, te diré la verdad…sí me conoces… Me volviste loco cuando te vi en la tele. Me obsesioné contigo. Sólo me acostaba con tipas que se veían como tú. Una vez fui a buscarte a ese canal, y te invité un café. En aquella época tenía cabello y era más fornido, aunque no tenía la plata que tengo ahora. Yo era el extraño que te enviaba esos exóticos adornos florales. Te invité tres veces a una cita a ciegas, pero tú preferiste al galán que grababa contigo. Un tal Juan Carlos. Uno de esos mariquitas metrosexuales. Yo era tan inseguro por esa época que hasta te dije un nombre falso.

Mary miró al techo unos segundos, y entonces recordó. – ¿Tú eras Logan?

-Sí, fui tan pendejo que te di el nombre de mi superhéroe favorito, Wolverine.

-Por qué no me lo dijiste aquella noche.

-Es que no te lo pensaba decir, Mary, cuando te vi aquella noche, estabas rodeaba de los mariquitos colegas tuyos, y yo ya tenía planes para ti. No sé por qué te lo digo ahora.

-Pero tú no sabías que vendría.

-Me fascina tu inocencia. Conozco a tú productor, él ha venido varias veces a este local. Me enteré que terminaban la telenovela y lo invité a venir. Le dije que quería conocerte especialmente.

-Bueno, y por qué tanta la maldad. No llegamos a nada y ya, a muchas personas les pasa y siguen su vida.

-Te parece poco haberme cambiado por el marico aquel. No cariño, tengo que mostrarte lo que hago con una mujer que me rechaza. Esta noche viene un ministro muy poderoso y te irás con él. No quiero escenitas.

 

4

 

La noche cae sobre la ciudad. La autopista perece una serpiente bioluminiscente que avanza sin cesar. Los edificios son como árboles de navidad. La parte más pobre de la ciudad se recoge. Cierra sus puertas. Advierte la presencia del mal. La otra parte. La más rica y bulliciosa, sale a riesgo de todo. Creen que de alguna forma quedaran librados de la ruleta rusa. La que decide quien vive o muere. La mafia es una mujer traicionera que lo quiere todo. Maneja a los hombres como marionetas. Los pervierte. Los enajena con la ilusión de poder. Pero se da el gusto de prescindir de ellos cuando quiere.

-¿Por lo menos puedo ir al baño?

Héctor asiente y llama al colombiano con un gesto. -Mira, espera que salga del baño y la llevas al apartamento treinta y dos. Héctor saca la llave del manojo y se la da. –La dejas encerrada hasta las once más o menos. Ya sabes, hasta que el ministro llegue.

–Sisas Jefe.

Los brazos sobre el lavamanos. Las manos de Mary tiemblan. Se obliga a resignarse a lo que le espera. Una vez tuvo un mal episodio sexual con un novio. Tenía apenas dieciocho. Él la forzó hacer el amor y lo que hizo fue maltratarla allá abajo. Cortó la relación, pero le costó mucho superarlo. Ahora imagina los maltratos que podría recibir de estos hombres. Lo más probable es que se lo hagan como animales. Mary llora desconsolada, sabe que al salir del baño el colombiano la espera para llevarla a su desgracia.

Un movimiento en el picaporte que suena al girar.

La mesera Fabiana entra y le dice que es un oficial encubierto, que es un honor conocerla.

-Te ayudaré a escapar, le dice, abrazándola.

Mary se va en llanto y Fabiana la zarandea, necesito que te tranquilices y escuches lo que tienes que hacer…

-Atrás está el escape de emergencia. Sales del baño y tomas el sentido contrario y te escondes. No trates de salir, yo te digo cuando, todo está lleno de hombres del Héctor. Espérame allí sin moverte o hacer ruido. Veré que puedo hacer para distraerlos.

Pasa el tiempo y la detective no regresa.

Mary escucha un tiro y sale. A medida que se aproxima a la mesa, observa el cuerpo de la chica en el piso, con un tiro en la sien. Sus ojos desorbitados. La sangre formando un charco alrededor del cuerpo.

-¿Mary, sabías que esta perra era policía? Ella no podía articular frase. La sangre. El cuerpo que hacía un momento conversaba con ella. Era lo que necesitaba para entender de lo que Héctor era capaz. Y que no sólo debía proteger su vida pública, sino su propia existencia.

Héctor le dice a Colombia que se lleve el cuerpo. Las pocas pertenencias de la detective están puestas sobre la mesa. Placa, pistola Ruger SP101, grabadora conectada a un micro-receptor a través de un cableado extrafino. Todo lo tenía debajo del bluyín y dentro de la blúmer. -Limpien todo, quemen toda esta vaina.

-¿Qué dices Mary? ¿Entiendes lo que puede pasarte, si no cooperas?

-Sabía que eras un pervertido, pero nunca pensé que podías llegar a tanto. Héctor la agarró por los cabellos. Su mano dio varias vueltas tensándolo más fuerte.

-¡AYYY! ¡SUÉLTAME MALDITO! ¡SUÉLTAME!

-Colombia oyó todo lo que hablaste con esta perra. ¿De verdad querías escaparte?

-¡AYYY! ¡DÉJAMEEE POR FAVORRR! ¡AYÚDENME! ¡AYUDAAA…!

-No te golpeo porque necesito que estés bien para esta noche. Pero después te mandaré de reposo por unos días. Empujó a Mary hacia el colombiano. –Llévala a donde te dije. Dile a Cintia que la arregle para esta noche. Y que no salga hasta que venga el ministro.

Encerrada en aquel cuarto, por su mente discurrían imágenes terribles. El miedo podía hacer que viviera pesadillas aun despierta. Abrió una neverita y tomó una botella de tequila. Son las diminutas que regalan en los hoteles pero sirve. Como para un trago. Tomó varias. Los nervios persistían. La idea de una violación. El dolor agónico de la muerte misma.

-¡MALDITO!, gritó, y su mente produjo el eco de un odio que acumuló como un peligroso veneno. Sus ojos miraban a sus ojos en el espejo. Una mirada dura y triste a la vez. Luego escuchó la puerta. Cintia entró apurándola para que se metiera bajo la ducha. Mientras la maquillaba, le dijo que su sueño había sido siempre embellecer a una verdadera estrella de televisión. Que era un honor para ella y lamentaba que fuera en esas circunstancias. Mary asintió. Era obvio que Cintia, era otra víctima atrapada en aquella mazmorra de la prostitución.

Pasaron varias horas, y a las once en punto, se oyeron otra vez los cilindros del picaporte. Cintia terminaba de dar los últimos retoques al cabello de Mary Watson cuando Colombia entró.

-¿Dónde está la zorra de la televisión?

-Aquí papi, mira, la estrella quedó como para grabar una película con Édgar Ramírez… ¿Merezco un besito verdad?

-Ah, vainas, el maricón este. Le voy a meter un tiro por el culo. Dónde me puso a la berraquita. Mary estaba sentada frente al espejo. Se levantó nerviosa por la presencia del colombiano, pero miró a Cintia por un momento, había jurado que era una mujer, en su vida nunca había visto un transexual tan femenino. El colombiano la tomó de la mano y la llevó con Héctor.

-Aquí está la diva, señor ministro, dijo Héctor. Disfrútela de la forma que guste. El político sonrió. Sus dientes tenían restos de comida que trataba de sacar con un mondadientes. Sacó una chequera y escribió un monto de seis cifras. Lo firmó con un garabato que sólo él entendía pero cuya validez nadie podía negar.

Esa noche Héctor celebró el cheque. Su local estaba atestado de gente. El calor en la pista vencía fácil las ráfagas del aire acondicionado. Una salsa erótica. Una de sus favoritas de Eddie Santiago. Ve a Pamela, una modelo de modas que invitó. También piensa que se enamoró de ella una vez. Está ebria. Le gusta así. Con suficiente alcohol en el cuerpo. Las chicas se entregan fáciles cuando toman. Ella le pasa los brazos por el cuello y hombros mientras pasa. Él le soba los glúteos. Son firmes. Se concentra en su forma. En su color probablemente trigueño. Imagina cómo será esa mujer en la cama. Planea lo de siempre. Su departamento. Tragos. Polvillos mágicos. Y mucho sexo. La canción pasa. Se mezcla con otra más lenta de los ochenta. Bailan. Su empalme tropieza con los muslos de ella. Acerca la boca a su oído para invitarla a la suite. Pasa una sombra por detrás que roza su espalda. Es cuando siente la punzada. Como una estaca de hielo frío que lo atraviesa. Valdemar mueve el filoso picahielos rompiendo con exactitud debajo de sus costillas, traspasa fibras musculares y llega a las vísceras. Saca y mete otra vez. Y otra vez. La mueca de lo atroz es interpretada por Pamela como una ocurrente morisqueta. Por eso ríe con toda su boca sin detectar que ya Héctor no reacciona. Sólo que su sistema nervioso y la droga que ha consumido lo mantiene bailando por unos minutos. Misterios del cuerpo humano. El autor del crimen, desaparece.

-Eres un bromista Héctor. No me digas que nunca has bailado la música de Cyndi Lauper. Héctor se desploma como un árbol en medio de la pista. Pamela grita. Algunos ven el centelleo de un líquido escarlata que persigue a todos y empieza la histeria. Un número incontable de personas intentan salir sin pagar de la discoteca. Encienden las luces. Muchos hombres de Héctor han sido asesinados de la misma forma, entre ellos, el colombiano. La muchedumbre logra derribar a los porteros y salen.

 

5

 

Ellos son así…les gusta el poder. Los mantiene viles e insensatos con los más débiles. Les gusta abusar, sí, hacen del mal una forma de vida. Las chicas son sólo utensilios de disfrute. Lo que pasa es que a veces, pueden elegir la equivocada.

El ministro conversa con alguien desde una línea privada. Está en interiores con una bata abierta y el habano encendido en la mano. Mary Watson sale del baño y escucha las carcajadas. Quisiera escaparse. Abrir simplemente la puerta del dormitorio y salir, pero dos gorilas están afuera. Se acomoda en una silla sin producir ruido. Él sigue hablando… Nota su gran abdomen y piernas desgarbadas. Tetillas anormalmente desarrolladas, cara gorda, con papada. Es como un enorme sapo. –Tranquilo, compadre, la contraloría también está en el guiso. Mientras no se haga auditoria, la fiscalía no pedirá informes. Los recursos pasaran debajo de la mesa. Carcajadas. No, tú parte no te la puedo decir por teléfono, ¿eres pendejo? Bueno, ahora estoy muy ocupado compadre… El ministro cuelga y busca con los ojos a su actriz favorita. Le hace señas con la boca para que ocupe la cama.

-No estoy preparada para esto, dice Mary.

-Comprenderás que no voy a perder mi dinero, cariño.

Mary se recoge más en la silla, abrazando sus piernas.

-Ahh, y te me vas pones jodida: Roca, Camilo, entren acá. Necesito que me sostengan a esta caraja. ¿Crees que porque eres una actriz no puedo cogerte? Quítenle la ropa…

El sudor de Mary no huele a la colonia que le aplicó Cintia antes de salir. Huele a miedo. Huele a terror. Huele a locura. El forcejeo la vence. La deja extenuada. Desnuda. Su sexo depilado muestra las sinuosidades de su flor y hace que el ministro se empalme. Los guardaespaldas sólo pueden mirar y contenerse. Nada más les es permitido.

El jefe deja caer su bata y el bóxer. Mary cierra los ojos y trata de unir las piernas, lo más que puede. Aun con los lacayos del ministro que tratan de abrirlas. Con las otras no es tan traumático, piensa el ministro. El sexo es lo más normal del mundo, cariño, dice en voz alta. Pero en estas condiciones, es repulsivo, responde en su pensamiento Mary. Los tipos logran abrir sus piernas. Ella, ya resignada, aprieta los párpados y espera que la pesadilla pase rápido. Pero no siente nada. Escucha un ruido. Un zas, como de sacos que se rasgan y luego se desploman. Abre los ojos. El ministro yace en el piso, igual los otros dos. Los cuerpos tienen una notable herida en el pecho. Rápido los charcos rojos se unen formando uno más grande. Todo fue muy rápido o sus ojos estuvieron demasiado tiempo cerrados. Hay un hombre con sobretodo y traje en la puerta. Sólo logra verle de perfil, pero le parece muy familiar. Le dice que se vista pronto y se largue, que la policía no tarda. Ella agarra la ropa que puede conseguir en medio del pánico, y atraviesa la puerta corriendo, todavía desnuda.

 

Para leer otras historias de Valdemar pinche aquí:

http://www.revistaprotesis.com/search?q=axel+blanco+castillo

 

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Axel Blanco Castillo

Axel Blanco Castillo

Profesor egresado del Instituto Pedagógico de Caracas. Algunos de sus cuentos han sido publicados en portales literarios y en su blog Historietas y otras Veleidadeswordpress.com

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