Otroga Fomas en su laberinto. De Marat a Dudamel.

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A finales del siglo XVIII, durante el reinado del Terror en la Francia revolucionaria, el jacobinismo fundía sus laureles mediante instrumentos de propaganda impresa, como el periódico de corte radical llamado L’Ami du Peuple, El amigo del pueblo.

El asesinato de uno de uno de sus más celebres escritores Jean Paul Marat, dio pie a la elaboración de una de las imágenes pictóricas más representativas de la Revolución Francesa: La Muerte de Marat (1793), encargada por la administración jacobina al afecto pintor Jacques-Louis David, quien pocos meses después presentó el cuadro en la Convención Nacional.

David, no sólo era amigo de la Revolución, sino amigo de Robespierre, lo que le llevó a convertirse en uno de los líderes artísticos de la Primera República Francesa, donde tuvo una participación activa y contraria a los fundamentos del viejo orden. Un artista verdaderamente adscrito a los dictámenes de la Revolución.

No poca risa y mojigata vergüenza ajena, y bien ajena; provocan las palabras e injurias que Otroga Fomas, un clérigo de la diócesis mayamera de la oposición venezolana, escribía, para regocijo del ala más descerebrada de los contrarios al despreciable régimen Venezolano, esa especie de elite recién vestida sin muselina ni fruslerías colonialistas, contra el mundialmente famoso Director de Orquestas, Gustavo Dudamel.

El prestigioso historiador de arte T.J Clark, se refería a La Muerte de Marat, como la primera pintura modernista, por “la manera en que llevó la cosa política en su materialidad, sin llegar a transmutarla”. Es por esto que el intento de injuriar al músico, intentando inmiscuirlo en una metáfora de novena fila, y acusarlo de formar parte de una totalidad política sólo puede ser obra de un gazmoño, un capellán de centro comercial, un producto de su tiempo, de su tiempo perdido en la Universidad (Católica).

La moralidad del despreciable régimen, se escapa de las manos de la templanza del también director de la Filarmónica de Los Ángeles, cuando nadie más puede encargarse de enarbolar la bandera de Venezuela y permitirse ese cinismo sinfónico. Allí en la posición de director de la Orquesta Simón Bolívar, donde menos mal no es posible poner otro general del ejército no menos cínico y más patriótico.

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