METAHUMANOS

Se ajustan los micrófonos mientras la música del programa transcurre. Margaret Cárdenas lo ve con una dulce sonrisa y hace una seña con la mano. Más allá de las cámaras, alguien grita: ACCIÓN.

-Hoy tenemos al señor Carlos Sosa con nosotros. Su fama de defensor de los inocentes crece en las calles. ¿Qué desea decirle a toda esa gente que lo ve por televisión.

-No me gustan las entrevistas señorita. Dejo claro que lo hago sólo por lo convenido antes de la trasmisión, je je. Aunque me gustaría aprovechar para desmentir las sandeces que se dicen sobre mí…

-¿Quiénes lo dicen?

-Bueno, algunos periódicos y programas de televisión.

-¿Puede mencionarlos?

-No creo que le convenga…

-¿Está acusando de algo a la producción de este programa?

-Mire, no he venido a buscar altercados, sólo quiero que me haga las preguntas para salir de esta vaina.

Ella lo fulmina con los ojos y sonríe mirando a la cámara.

-Algunos dicen que usted es el portador de una clase de poder, ¿eso es cierto?

-Yo no lo llamaría poder; es una especie de don que me hace presentir el mal.

-¿Puede dar un ejemplo a la audiencia?

Carlos puso ojos de desconcierto.

-¿Ahora mismo?

-Por supuesto, señor. Si es capaz de demostrar lo que dice.

-En este momento no es posible. No puedo controlarlo. Cuando viene, viene… El sobresalto y las imágenes se dan porque en breve se producirá algo malo.

-Bueno, díganos un caso que haya resuelto.

– Ayer en un autobús se montaron dos sujetos que pensamos eran buhoneros. Brincaron el torniquete con esa habilidad callejera sabe… uno de ellos balbuceó un palabreo que nadie supo traducir inicialmente. Mi corazón comenzó a saltar como loco y las imágenes a producirse… Supe lo que pensaban… Uno de ellos sacaría un arma y le volaría la cabeza al chofer, luego a los que se resistieran al robo.

-¿Y qué pasó?

-Me acerqué al que tenía el arma y le apreté un brazo con mucha firmeza. Le dije que sabía que tenía la beretta de un comisario de policía. Que si no se bajaba de la unidad con su cómplice, todo terminaría muy mal para ellos. Por supuesto, ellos hicieron lo propio.

-Muy interesante.

-Sí, nadie me engaña cuando oculta algo que pueda afectarme. A veces, cuando el peligro sobrepasa toda lógica, puedo hasta leer sus mentes. Sólo por cuestiones de segundos, claro… Podría leer la suya, si quiere, je je.

Margaret carraspeó disimulando el proyectil que estaba a punto de lanzar.

-Eso no es completamente verdad… ¿o sí, señor Carlos?

-¿Cómo dice?

-Eso de que nadie lo engaña.Una fuente nos contó un episodio que ocurrió hacen dos semanas en un banco…

La frente de Carlos se llenó de puntitos de sudor que traspasaban la fina capa de maquillaje.

-En la cola de la taquilla le gustó una chica… ¿cierto?…

Se la describo: nariz fina, cabeza rapada por un lado y por el otro, largo y rubio. Vestido marrón con escote que dejaba expuesto un gran delfín multicolor. Intercambiaron números telefónicos. Quizás hasta hicieron una cita. Usted estaba avorazado señor Carlos, eso es seguro, pero el ensueño se disipó cuando su diosa alzó un arma, dio dos tiros al techo, y lanzó un bolso para que lo llenaran de billetes grandes. Se escucharon detonaciones en otros puntos. Los cómplices gritaron que todos se lanzaran al piso. Y usted no pudo predecirlo señor Carlos. Al parecer sus facultades se esfumaron.

– No, eso no es cierto… me gustaría conocer la fuente que se lo dijo.

-No se extrañe, hay videos y muchos lo han bajado por las redes sociales. No se puede negar que usted ha salvado personas.  Pero ese día algo le falló.

-Sigo sin creer lo que dice.

Margaret lanzó una mirada cómplice directo a los ojos de su entrevistado y sonrió.

-No lo siga negando. Su don es bastante inestable para ser confiable.

-Lo que puedo decir es que el sobresalto y las imágenes, casi nunca me fallan. En esta Caracas tan peligrosa, es una ventaja poseer este don.

Sacó un cigarrillo con una mano temblorosa y se lo puso en la boca.

-Disculpe, pero no puede fumar aquí.

-Ah sí, es verdad que estamos en esta MIER…

-Cuidado, estamos frente a millones de televidentes.

-No tiene qué decirlo, lo comprendo perfectamente, señorita. Le diré lo que me llevó a hacer algo por las personas…

-Aleluya, justo lo que quería preguntarle.

-Hace un año leía el periódico y me alarmó la cifra de los decesos por asalto. Las fotos eran tan espantosas. Aquí los malandros matan por tener y por no tener. Por las cosas más imbéciles asesinan a la gente en este país de MIER…

-Señor Carlos, recuerde la censura.

-Está bien… ¿puedo seguir hablando?

-Nadie lo detiene…

-Me sentí un villano tener este don y usarlo sólo para mí. Pobre gente. Muerta sólo por resistirse a que le quiten sus vainas. Decidí alertarlos de los atracos minutos antes de producirse. Advertirles de la presencia de los malos en cualquier parte de Caracas. No lo dude ni por un momento, eso me ha funcionado.

-¿Se considera un meta humano?

-Esa idea me aturde. Todos sabemos que los meta humanos no existen, sino en las historietas o en las pelis. Me considero un hombre con algo de ventaja, eso es todo.

-¿Qué dice de usar súper nombre?

-¿Es un chiste, verdad?

-Bueno, no sé…, usted dice que no es un superhéroe, ¿entonces por qué trajo esa máscara?

–No quiero que la gente me reconozca en la tele.

-Pero señor, muchos ya han visto su rostro. Por qué cree que supimos dónde ubicarlo. La gente que ha salvado sabe quién es usted. ¿Por qué no se la quita?

-No puedo.

-No me diga que tiene miedo a los televidentes.

-No quiero que alguien en especial me reconozca.

-¿Se refiere a la chica del banco?, por Dios señor Carlos…

-Señorita, respete mi decisión, por favor…

-Okey, le haré la última pregunta para cerrar. Si la policía lo contacta… ¿estaría dispuesto a colaborar con ellos?

Carlos se encogió de hombros.

-En realidad… no sé qué decirle…

-Le haré otra porque no me contestó la anterior. Tras el robo en la entidad bancaria, ¿no ha visto más a su diosa?

-La policía no ha capturado a los asaltantes, por qué tendría yo que dar con esos criminales.

-Bueno, según la historia del banco usted se hechizó con ella, ¿no?

-¿Insinúa que puedo ser su cómplice?

-Sólo es un comentario señor. Muchas gracias por aceptar nuestra invitación al programa.

La cámara hizo un close up sobre el rostro del entrevistado y luego se centró en la anfitriona.

-Gracias a todos por su preferencia y pueden seguirnos en nuestras cuentas de Twitter y Facebook. Para la próxima semana seguimos buscando a los meta humanos. ¿Existen en realidad los meta humanos? ¿Están en nuestras calles? Hasta la semana que viene por el canal 23.

Carlos salió del canal, molesto. Se quitó la máscara y la lanzó en un tonel de basura en las afueras. Pensaba en el abuso de algunos periodistas, esa forma invasiva que usan para obtener la respuesta que quieren. Prendió un cigarrillo y siguió directo a su casa. No estaba de ánimos para salvar vidas. Pero no se arrepentía del todo por la entrevista. Fue inteligente hacerse el duro y pedir un chequecito antes de aceptar. Si no, sería como los pendejos que se conforman sólo con salir en televisión, como si fuera la gran cosa.

Llega a la puerta de su departamento y la abre. – ¿Llegaste?, pregunta una voz femenina desde el baño. Ansioso se quita la ropa, se mete bajo el agua de la ducha y comienza a besar el delfín multicolor de su espalda. Quiere abordarla, pero ella se envuelve en una toalla y sale. Le dice que es un estúpido, que pudo reconocerlo aún con esa piche máscara. Que le había prometido que no iba. Carlos le suplica que no lo deje con esas ganas, pero ella no regresa. Vacía su vejiga y mientras el líquido amarillo se va por el desagüe, su corazón comienza a latir rápido, en breve, nuevas imágenes transcurren en su mente.

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Axel Blanco Castillo

Axel Blanco Castillo

Profesor egresado del Instituto Pedagógico de Caracas. Algunos de sus cuentos han sido publicados en portales literarios y en su blog Historietas y otras Veleidadeswordpress.com

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