Allá cayó (En torno al Referendo Revocatorio)

Allá cayó, allá cayó, allá cayó, allá cayó.
Y dibujaron su muñequito e’ tiza
En la acera ¡Que pena!

“Allá cayó” – Desorden Público (1997)


Quienes me conocen así sea “de lejitos” saben que no soy defensor alguno del principal bloque político que representa a la Oposición, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Nunca he sido partidario de sus personeros, ni del campo social al cual históricamente han pretendido representar, ni mucho menos de sus intereses e ideologías, por cuan variadas puedan ser. In the grand scheme of things, al menos en cuanto a la MUD se refiere, pueden encontrar en mí la más profunda hostilidad. En mi tránsito por la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela –otrora trinchera del pensamiento de izquierda, y espacio de encuentro para las próximas vanguardias políticas del país– comúnmente me han tildado de: «Chavista/Escuálido», «Anarcopunk», «Nihilista», «Posmoderno», «Trotskista» o simplemente de niño criticón y quejón. Y creo que hay algo de cierto en algunas de esas acusaciones.

También es cierto que el devenir de la Revolución Bolivariana, cuyos orígenes podríamos trazar de manera odiosa y paradójica en las revueltas del 27 de Febrero de 1989 (Si nos apegamos a las narrativas populares y le agregamos además una pizca de mitología chavista), se perfila hoy día como la materialización de la advertencia de Orwell. No hablo sólo de la metáfora que alude al totalitarismo más vulgar, aquel de 1984, pues bien sabemos que la sociedad de consumo y la industria cultural denunciadas por Horkheimer, Adorno, Marcuse, y demás intelectuales de la Escuela de Frankfurt, se asemejan muchísimo más en cuanto a cómo operan los mecanismos de dominación que predominan en nuestras sociedades capitalistas que a la sobredeterminación de la sociedad por el Estado, propia de la distopía orwelliana. Me refiero a la aparente (Y debatible) inevitabilidad de la degeneración de un proyecto revolucionario –Moderno en su espíritu– que en algún momento pretendió fungir como eje de emancipación de las masas marginadas de nuestro país, para convertirse en esa suerte de “(…) Bota que pisa el rostro de la humanidad“[1], una y otra vez. Nos guste o no, la agenda bolivariana tiene como como orígen histórico el clímax de la debacle puntofijista, coartorepublicana, ADCopeiana; pónganle ustedes la cola al burro– Pero de aquel espíritu subversivo, contestatario y rebelde que en algún momento caracterizó al corpus social chavista, quedan sólo cenizas.

“(…) Existe una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra. Y como a cada generación que vivió antes que nosotros , nos ha sido dada una flaca fuerza mesiánica sobre la que el pasado exige derechos.” [2]

Pero la voluntad de los hombres aparece siempre como verdadera ante sí mismos en el devenir de la historia. El proyecto societal y político de aquella clase media ilustrada como bien lo era la Generación de 1928, ostentosa de ideas eurocéntricas forjadas en el exilio, y poseedora de la fuerza mesiánica de la cual nos hablaría Walter Benjamin, fue también un grupúsculo de hombres que se veían a sí mismos como la salvación necesaria, en su momento, ante los males del Gomecismo. Hoy día ¿Podemos decir que la empresa histórica del chavismo se erigió como victoriosa? ¿Se fundó un nuevo esquema político que trascendiera los males de la alternancia del pasado? ¿Es su narrativa en torno al escenario histórico en el cual nos encontramos una narrativa crítica frente a su propia realidad? Tres veces no.

La legitimidad de la discursividad de la izquierda –De la cual, sin duda, soy acérrimo simpatizante, aún y dentro de sus matices– alcanzó con la hecatombe bolivariana los bajos fondos: El lumpenproletariado como sujeto histórico; la austeridad como razón de Estado; y la reproducción violenta del capital sobre las espaldas de las masas desdentadas. Lejos de ser un movimiento histórico, partero de un nuevo devenir, el chavismo es sólo otro ente prisionero más de la instrumentalización del poder que en algún momento se dignó a criticar. ¿La razón? Castrada– Y me perdonan el machismo.

El chavismo, en todo caso, es funcional hoy día sólo a la legitimación de las voces del pasado. Una caja de resonancia dentro de la cual no tiene cabida disonancia alguna. Una clase política grotesca, una élite incuestionable, y un obstáculo para quienes deseamos un mejor porvenir. Y en su ‘contraparte’, una oposición hecha a su medida: Inútil, paralítica, y tan carente de cualquier imperativo crítico como su contendiente. No existe asimilación del discurso de ninguno de los dos ‘bandos’ en el sujeto político que hoy día aspira cualquier estado de existencia superior al actual; olvídense de las encuestas y de Luis Vicente León, que acá lo que hay es un profundo rechazo a la promesa inconclusa del proyecto revolucionario y no un amplio apoyo al tigre de papel que es la MUD. Chavismo y oposición forman parte de una misma quimera, un mismo sistema de pensamiento: Un Estado unidimensional, una sociedad unidimensional, y un universo de posibilidades también unidimensionales: ¡Barbarie y más barbarie!

Pero, de nuevo, no se puede confundir la antipatía y animadversión por un proyecto político como el que representa la variante más absurda del chavismo (El condescendientemente denominado “Oficialismo”) y la Mesa de la Unidad Democrática, con las aspiraciones de una población que se siente cada vez más vulnerable ante los excesos de la élite. Élite en su sentido estrictamente negativo –Hugo Pérez me tacharía de conspiranóico, de leerme– y con todo el peso de la palabra: Pequeños grupos que ostentan la hegemonía en la dinámica de poder de una sociedad. El último exceso ha sido aquel del cual todos tenemos conocimiento: El CNE suspendió la recolección de las manifestaciones de voluntad necesarias para la activación del referendo revocatorio. Sin lugar a duda, otro golpe más a los derechos civiles, la soberanía popular y la democracia por parte de aquellas castas embriagadas con el poder estatal. Como siempre, quienes tenemos nuestra conciencia intacta denunciaremos esto en todos los espacios posibles. Aunque nos duela.

Allá cayó –Como reza la canción del emblemático grupo– el referendo revocatorio.

[1] Orwell, George. 1984 (pp. 155)
[2] Benjamin, Walter. Tesis de Filosofía de la Historia (pp. 1)
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Juan Planas

Juan Planas

Estudiante de la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela. Preparador del Departamento de Teoría Social.

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4 Comentarios

  1. Hitler dijo:

    La escuela de arte, la de sociología, la de historia, la de filosofía… Puras incubadoras de mangazones que llegan a los 40 años para ser mantenidos sus padres y creerse intelectuales por escribir recitales de lugares comunes como éste. Los del chavismo son terribles, pero los de la oposición son peores: argumentadores de pendejadas, especialistas en copiar y pegar tres malcocinadas ideas socialistas (light, como gusta a los intelectuales caviar) que no dan ni para tesis de bachillerato.

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  2. Juan PlanasJuan Planas dijo:

    Me siento halagado por la crítica, Adolf.

    Es enteramente discutible lo que comentas acerca de la Escuela de Sociología, Artes, Historia, Filosofía. Recientemente en la Escuela de Sociología, por ejemplo, hubo el breve destello de una generación muy anclada a todo el asunto del libre mercado (Rothbard, Hayek, Von Mises) que no tenía ni una pizca de ideas socialistas– Pero bueno, hasta Mises acusaba de socialistas a Hayek, Friedman y el resto en una de esas reuniones de la Sociedad Mont Pelerin. Pensar que por tratarse de escuelas que comúnmente son hervideros de ideas alternativas sobre la sociedad no puedan coexistir allí tradiciones del pensamiento conservador, refleja un desconocimiento grave, además de la repetición de un ‘lugar común’ en torno a la producción intelectual y el estado del pensamiento político en nuestras academias. Fíjate, yo no diría que ninguna de esas escuelas son hoy día incubadoras de ideas socialistas, light o no.

    Estoy de acuerdo contigo en cuanto a los lugares comunes en el artículo (De hecho, pensé en dejar por fuera el asunto de Orwell, realmente. En retrospectiva es un tanto cursi y ciertamente un lugar común terrible). Admito que me cuesta hilar ideas políticas complejas porque no suelo escribir artículos de opinión; suelo ser un ensayista académico, que es a lo que me dedico. Me fijé como meta salir un poco de esa comodidad y pues, tratar de escribir alguna literatura / ensayos políticos también y ¿Por qué no? Un artículo de opinión o dos. Tampoco es coincidencia que haya optado por escribir acá en panfletonegro.

    Igual valoro vuestra opinión. En todo caso ¿Cuál sería tu respuesta en materia de ideas políticas al problema venezolano? Y al Referendo Revocatorio, en particular. Lo pregunto porque –Y no sé si me equivoco– asumes de alguna manera que mi oda al RR me vincula al chavismo o a la oposición. Eres libre de comentar y responder lo que desees– En todo caso, el anonimato se presta para muchas cosas.

    Un abrazo. Ah, y 1488 :).

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  3. Gordon Garcwyn dijo:

    Hmmmmm, Rothbard, Hayek y Von Mises fueron todos economistas. No pertenecían a ninguna escuela de Sociología, Artes, Historia o Filosofía aunque el pensamiento de éstos influenció no solo estas áreas sino muchas otras. Tu comentario pareciera endosarlos a un área del pensamiento humano al que no pertenecieron ni en el que se formaron.

    Creo que todas estas disciplinas tienen grandes pensadores y ejemplos para buscar otros de otros lados.

    Me recuerdas a muchas amigos arquitectos que toman por ejemplo a Ove Arup como ejemplo de gran diseñador cuando en verdad fue un ingeniero.

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  4. Juan PlanasJuan Planas dijo:

    Hola, Gordon.

    No lo endorsa en lo absoluto. Precisamente por eso los he mencionado: Porque allí está el vacío teórico del pensamiento conservador en la Escuela de Sociología (UCV). Ahora, de que se está formando una tradición conservadora, se está formando. Si nos enfocamos únicamente en los referentes sociológicos, diría que en el mejor de los casos existe un decantamiento por el pensamiento weberiano y ciertos correlatos postmodernos. Pero de nuevo, es sólo a manera de aclararle al amigo anónimo que comentó más arriba, que no existe una direccionalidad política que le sea innata a ninguna de esas escuelas–Ello también es un lugar común.

    El caso de la Escuela de Sociología de la UCAB es enteramente diferente, por lo que no me atrevo a opinar.

    Un abrazo.

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