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La Disonancia Cognitiva de Venezuela

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La teoría de la disonancia cognitiva fue propuesta por el psicólogo León Festinger en 1957. De forma resumida, esta teoría propone que cuando en un individuo entran en conflicto cogniciones (sistema de ideas, principios o valores) ya sea por ideas o comportamientos contrarios, éste modifica su sistema de ideas o el comportamiento a fin de justificar dicha disonancia.

No soy psicólogo ni mucho menos, y si bien es cierto que la teoría de Festinger ha tenido sus duras críticas, a juicio personal considero que describe a la perfección lo que le ha ocurrido a la sociedad venezolana en los últimos años. Los preceptos políticos se han convertido casi en dogmas religiosos y los venezolanos parecemos tener una justificación para todo.

Hablamos de paz. Estoy segura que todos compartimos el mismo concepto de paz y sin embargo la guarimba y la agresión se ve justificada por el bien mayor…Salir del Gobierno. Por el otro lado hablamos de justicia y democracia. Estos conceptos están más que definidos y sin embargo, el abuso de poder y los actos de corrupción se ven justificados por el bien mayor…. La Patria Bonita. Y así de justificación en justificación nos hemos degenerado como sociedad.

El debate, respetuoso es enriquecedor, pero no logro entender cómo hemos llegado al punto en el que nuestra ideología política ha sustituido por completo la razón. Cómo se puede criticar la futilidad de enfrentamientos religiosos y sin embargo, participar en enfrentamientos por diferencias políticas?. Todos vivimos nuestra realidad y creemos que somos poseedores de la verdad, por tanto, existen tantas realidades como personas y en medio de todas estas realidades individuales, existe una que es común para todos: Venezuela.

En 15 años de “debate” político, mientras el pueblo venezolano hemos sido objeto de cuanta estrategia de psicología social aplicada al mercadeo existe por parte de nuestros ilustres políticos y nos hemos embarcado en retórica tras retórica defendiendo modelos teóricos, la práctica de gestión del gobierno ha probado dar los mismos resultados que la tan criticada IV República. Esta es nuestra realidad en común.

Justificaciones, existen millones. Culpables, somos todos, pero responsable es el Gobierno, y lo es, no porque sea socialista, comunista, derechista, etc. lo es porque los cargos que componen el ejecutivo deben encargarse de gestionar los recursos de todos los venezolanos para el bienestar de TODOS y obviamente no han desempeñado bien su TRABAJO. Mientras el país sigue en franco decrecimiento económico y con un patrón inverso en inseguridad, los venezolanos seguimos enfrascados en una disonancia cognitiva cuyo único aporte es empeorar la situación.

La OPOSICIÓN

Asomar la idea de que a punta de trancar calles y quemar cauchos se va a salir del Gobierno de turno, sólo incrementará la resignación y desesperanza de la gente. Si la estrategia es llamar la atención de los medios internacionales, para que haya algún tipo de intervención (no militar) extranjera, pues creo que ya hemos comprobado que esto tampoco resultará en lo que se espera. Mientras los titulares se enfocan en las protestas, las advertencias de sectores clave para la seguridad, como lo es la industria farmacéutica, ocupan una esquina. Si se quiere obtener al 50% más 200.000 de las personas que piensan distinto, se debe apelar a la realidad en común y no hacer hincapié en lo que precisamente diferimos. Aquí debemos aplicar los principios de la teoría de grupo, tan bien ejecutada por el PSUV durante las incontables campañas políticas.

El GOBIERNO

Inevitablemente, el Gobierno tendrá que solucionar el problema Venezuela, de pretender seguir en el poder. Continuar sólo reconociendo en cadena nacional su incapacidad para gestionar ya no es suficiente (después de 15 años, seguir siendo blanco fácil de la CIA, los infiltrados, Uribe, paramilitares, iguanas nazifascitas, etc. es reconocer que no se es eficiente para manejar el país en el escenario actual). Pero, al igual que la oposición, el Gobierno parece no haber aprendido nada. La política controladora que sólo aumenta la burocracia, lejos de solucionar la situación, incrementa la corrupción, causa principal de nuestra realidad compartida.

La creencia de que a punta de leyes y decretos se solucionan los problemas, es precisamente lo que nos ha sumido en el debacle económico. Somos venezolanos, no suecos. Mientras más difícil sea obtener algo, más corruptos habrá para sacar su tajada. Mientras más se señale que el desabastecimiento se debe a una guerra económica y al contrabando, más se evidencia que para que esto ocurra tienen que haber funcionarios involucrados en actos de corrupción.

Lo malo de mantenerse en el poder por tanto tiempo es que los resultados de las políticas aplicadas te alcanzan.

El PUEBLO

El pueblo debe comenzar por internalizar ciertas cosas. La primera es que no existen soluciones mágicas y desear y repetir algo no lo convierte en realidad compartida. La segunda es que independientemente del gobierno de turno, los ciudadanos somos los que construimos un país y criticar la corruptela del gobierno y sus enchufados mientras raspas el cupo CADIVI, sólo te convierte en parte del problema. La tercera y más importante es que por más galáctico que sea un presidente, la salud, educación, oportunidad de crecimiento económico y personal y la vida digna no son dádivas o regalos del gobierno. En un país con estos recursos esto es una OBLIGACIÓN y si la misma no es cumplida de forma óptima, pues no debe estar al mando y punto.

La ideología política, es eso, una ideología y los votos no deben basarse en la compatibilidad ideológica, sino en la capacidad de dar resultados sostenibles. Los políticos venezolanos sólo aprenderán a hacer bien su trabajo, cuando el pueblo de Venezuela se quite el complejo de inferioridad y reconozca que lo único que necesita para superarse es un sistema de seguridad (entendida por seguridad, la económica, la social, la ciudadana, etc) que le permita por sus propios medios alcanzar sus objetivos, sin necesitar de “regalos” del Gobierno de turno.

En conclusión, en lugar de cambiar nuestro «ideario» para justificar nuestro comportamiento,  comencemos a cambiar nuestro comportamiento para contribuir constructivamente a nuestra realidad compartida.

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