Una montadera de cachos eterna

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la cachona somos todos

Los tachirenses viven cerca de la frontera. Y el que tenga los bolívares y la voluntad, puede ir a saciar sus penas de productos escasos en Colombia. Por su puesto, tienen que pagar el valor de libre mercado. Pero bueno, allá, atravesando la línea imaginaria, encuentras de todo. Harina pan, papel tualé, aceite, leches y quesos de todos los tipos, toallas sanitarias, azúcar, harina de trigo, colombianas hermosas…lo que vos queráis.

La gente crítica a Álvaro Uribe, y con sus razones. Pero aunque nuestros hermanos colombianos no se jacten de tener patria, ellos no tienen las preocupaciones pendejas que nuestros culos padecen. En 8 años de gobierno, Uribe dejó un mejor país.

Díganme, por favor háganlo, que se supone que podemos decir luego de los 14 años de gobierno del ex-presidente Chávez. A mí me da es risa y lastima, que lo que hasta los opositores le reconocen al antiguo mandatario fue su “regaladera de plata”. Porque las misiones, y no me vengan a joder aquí, las misiones fue lo único que hizo Chávez. Es decir, lanzar plata a la calle como un ganador de lotería.

El gran logro del ex-ejecutivo fue crear el país de: los churupos sin trabajo. Porque o es una misión, o es conseguir dólares cadivi y revender a precio de mercado negro, o comprar harina pan y picharla a lo escondido, o echar gasolina y llevarla a los países fronterizos, o pagarle al gestor por tu licencia de conducir, o pasarle al comisionista pa’ conseguir el Ford, o hablar con el tigre pa’ que te resuelva la vainita…no pana, lo que nos dejaron fue un país de mafiosos. Capriles habla de los enchufados, pero aquí los enchufados somos todos.

Somos el gordo sedentario que critica al atleta, el estudiante que lleva 15 años en la universidad y juzga al político corrupto, el libertario que se refiere a los gays como “parchas”, el opositor que desdeña la polarización pero afirma que “dentro de la MUD todo, fuera de ella nada”. Somos una contradicción andante.

¿Cómo llegamos aquí? Nos convertimos en los que tanto nos arrechaban.

Saben, yo he trabajado. He sido testigo de mesa. Siempre he votado. He estado en las marchas, charlas y discusiones. Estudie. Le aporte a mi universidad siendo preparador, y en eventos académicos de diversas índoles. Escribo aquí, a ver si alguien me lee y recapacita o aprende algo nuevo.

Otra gente, con mayor dedicación que yo, ha dejado el pellejo en la búsqueda de un país diferente. De un cambio que nos lleve a mejor. Pero, ¿y si eso no es suficiente? Un gran pana mío se enamoró de una mujer, que aún adora, pero que no era con la cual él iba a pasar el resto de sus días. Tal vez Venezuela es eso. Una mujer que busco, llamo, brindo, quiero, cuido; pero que igual me monta más cachos que una ninfomaníaca.

Aún cuando yo me pueda ir. Aún cuando Juan se pueda ir. Los venezolanos ni porque quisiéramos nos podemos ir todos a otro lugar. Estamos en este rancho con la cachona. Y a pesar que cada día en las noticias vemos más razones para sufrir por nuestro país, la única opción es seguir luchando por un mejor mañana. No porque las cosas vayan a cambiar, no porque nuestros hijos tengan un futuro esperanzador. Sólo porque no queda de otra.

A seguir votando, a seguir trabajando, a seguir luchando, aunque los cachos nos duelan. Porque el insolucionable problema es que la cachona, es nuestra casa. La cachona, somos todos.

 

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