Alberto Añez Medina: La rocola poètica o el bolero como excusa. Roberto Simancas (R.S.)
Tomo la calle los viernes por asalto
Dionisio me espera libando alcohol
a medianoche cruzo la avenida
solitario, ebrio, endemoniado
persiguiendo con desgano sus pasos
(R.S)
Una de las características de la poética utópica, entendiendo ésta como opción por el socialismo; fue su irreverencia, el desenfado y la necrofilia como estética; de ello dieron fe los intelectuales reunidos en Caracas en la llamada Republica del Este en Sabana Grande, capitaneados por Caupocilàn Ovalle. Desde la euforia verbal, droga, alcohol y un humanismo fofo, se hizo poesía antisistema, como quien quiere desentrañar todo el andamiaje burgués. Los asaltos al cielo de estos pequeños burgueses no pasarían de ser simple intenciones de transformar el mundo y la realidad venezolana; para muchos hacer el triste papel de arribistas, como el mencionado Caopolican; quien finaliza escribiendo un libro entrevista a Carlos Andrés Pérez, síntesis de la corrupción puntofijista. Claro que no todos cayeron en la abyecciòn, caso del difunto Orlando Araujo.
En el Zulia, específicamente en Maracaibo, la resonancia del mayo francés y la revolución china y cubana; despertaron los sueños utópicos. La reforma universitaria en la Universidad del Zulia (Luz) al son de esos acontecimientos da como síntesis un movimiento literario denominado el Maracuchismo-Leninismo, jefaturado por el hoy catedrático Blas Perozo y Douglas Ludovic. En parafraseo del Diccionario General del Zulia, del extinto medico Luís Guillermo Hernández y el abogado Jesús Parra: estos poetas se impusieron llevar el voseo a la poesía, sin plantearse en ningún momento nada programático o manifiesto alguno; expresar un poética descarnada, irreverente, experimental, antipoética, la cual irrumpía contra la hegemonía estética europea y norteamericana, apropiándose de lo coloquial. La denominación de Maracuchismo-Leninismo fue una crítica a los supuestos marxistas, quienes en sus planteamientos dejaban fuera el ámbito popular, ironía en quienes abogaban por la causa de las mayorías; movimiento con influencias de Aristòfanes, Càtulo, Francoise Villòn, Lorca, Rabelais, Cervantes, Valle Inclàn, Ramón Sucre, Cortazar, Nicanor Parra, la Generación Beat Norteamericana, Vìctor Valera y el ya mencionado Caupolicàn Ovalles. Entre el desencanto, la rabia y la frustración emergen como protesta contra el surrealismo, que en la región tuvo como adalides al Grupo Apocalipsis, liderado por el difunto poeta Hesnor Rivera.
En ese contexto y opción de vida crece y vive Alberto Añez Medina, licenciado en letras, lingüista, hombre entregado a la formación educativa en todos sus niveles; quien hoy disfruta con honradez disfrutar su jubilación universitaria. Se acota que Alberto fue hermano del poeta Alfredo Añez Medina, fundador con otros del movimiento literario zuliano: Cal y Agua (1964); quien murió a mi temprana edad. Entre la lucha antisistema, bares, rocola, paseo con algunos miembros de la Generación Beat, regreso al claustro universitario; asunciòn de la presidente de la desaparecida Asociación de Escritores del Estado Zulia, miembro Vicepresidente de la Casa de la Poesía, gerenciada contra viento y marea por la actriz y poeta Xiomara
Rivas; Alberto sucumbe a la ebriedad, en la que consigue expresar en medio de desaparecidos bares de la ciudad su universo poético. Su obra poética comienza con Swing con son (1974), Lucky Bar Poem ‘S (1976), Libro Relato Juvides (1978) y Voto de Solitud (2001), poemario éste editado por la editorial de LUZ. El poeta entre sus méritos destaca haber recibido en el año 2007 el Premio Regional de Poesía, otorgado por la Gobernación del Estado Zulia, a través de la Secretaría de Cultura
El poemario Solitud, pienso que de entrada define al poeta: Carencia de compañía, sentirse desierto en una ciudad pueblo como Maracaibo; que sólo creemos excretar libando alcohol y abismados en un bolero. La religiosidad marxista de Alberto se expresa en la división del poemario: Tedeum Libérrimo, Salmodia Mixteca, Oración Caribeña, Miserere Porteño, Mosaico Orillero y Réquiem Idólatra; adjetivos desenfadados, como quien quiere escaparse de Dios y al fin no puede. La libertad como máxima utópica se asume con amores vividos con erotismo, sin copulas eternas; después de la pasión atizada con el vino el bardo cae en la resaca, sin importarle los chismes de viejas beatas en su ciudad de orilla. Cual caballo viejo a lo Simón Díaz en contraste, Añez no se va al establo; opta por el silencio, que para él es el desierto; para entender que cada día ahora es una dolencia, un amanecer de sobresalto, el alcohol tentación produce alteraciones; así que sus atardeceres son de luna llena y las noches serenatas sin rocolas. A todas estas el literato nos dice: eludí morir por cuotas/ y logré vivir a placer/…. Parafraseando el titulo de un libro del difunto Orlando Araujo, Alberto vivió Entre caña y borracheras, y como Neruda puede decir: Confieso que he vivido.
En Salmodia Mixteca, que puede significar Salmo aborigen, con referencia al pueblo mixteca del Estado de Oaxaca, México; el poeta usa el verbo empínate como iniciación chamànica que nos lleva al despecho perenne, que él llama Mariachi indisoluble. La religiosidad es una constante en este hombre, quien pareciese profesar un teismo sin Dios; aunque sabemos por oída su concepción materialista dialéctica: Invocabas silencios conventuales/cerca de los novenarios/Soñabas idílicos aquelarres/sahumando las letanías. Y como buen occidental no puede evitar ver en la mujer el hechizo y la perdición para el hombre; ella tentación, generadora de celotipias: Eran tus desplantes/incitadoras de pérfidas caricias/…Gestas que orbitabas/ con sutiles embelesos/en los arpegios del trago/.
El dialogo con Carlos Contramaestre, a quien está dedicado el poemario; pienso que es una excusa de Alberto para aflorar su verdadero mundo poético. Son los altibajos de su rocola poética lo que encuentro presente en cada uno de los poemas, y su invitado no es más que un Virgilio que acompaña a Dante en su paseo por el infierno; que son los bares o mesas adornadas de botellas de cervezas con un fondo musical de Felipe Pirela, Julio Jaramillo, Toña la Negra, Daniel Santos y tantos otros representante de dicho ritmo caribeño, sin que dejen de faltar las rancheras mexicanas: Fijaste sus acordes/en tu mente azogada/como corrido exhausto/por añejas abluciones/con el impío guayabo/que te amortecía/. La sinfonía del bolero como excusa, para expresar todo su intimismo humanista, toma vuelo en Alberto en imágenes como estéril involución, expiación sin culpa, veniales cuentas; su infierno terrenal lo expresa musicalmente con tremolinas, campaneras y depresiones, que dan la nota de ayes aflautados, donde se concentran los rencores amorosos que viajan con el poeta; por lo que entre bellos verbos gerundios: cotorreando, pintorreando y auscultando entiende que su Virgilio Contramaestre: Vuelto del despecho/acorazabas los dicterios/entre gozosas aficciones/y lúcidos ensueños/; es decir, comprender que buscar el otro es un vacío, mutilados los encuentros, queda la mudez, de allí la zozobra; sólo queda esconderse con dicterios, gozar el pesar ido y lanzarnos a reales ensueños.
El poeta en Oración caribeña pareciese guiar a su Virgilio Contramaestre, éste es observado en todo el derrape de sus emociones etílicas; Alberto lo imagino libando alcohol con el otro desde una perspectiva apolínea, como quien hace la función de aprendiz, para luego él buscar su sendero entre bares y odaliscas como pretexto: Las emociones,/repentina aprensión de los humores/.Sabe que el poeta artista Carlos busca: Ese saciarte sin fin,/esa duda de expresarte ilícitamente/y después, que vaina tan buena,/derrapabas el odio y esmorecías los celos/. Pero la realidad esta allí después de la noche: Luego el “rol” y el silencio/Más tarde decir: /”Así calaremos al pie de la morgue”:/ No obstante el poeta del Techo de la Ballena, el mismo del Homenaje a la Necrofilia, sabe que: Tu vida se bolerizaba a dentelladas/Como fiel orillero soliviantabas las barras/el deber beber era un modo de diluirte/Amanecías con el olor a tanatorio/y la ilusa plegaria ahíta de impiedad/. De ese modo Contramaestre obtiene su consagración: y obtuviste la plenitud/en la asunciòn del vacío. /
De la exaltación de las emociones que dan los efectos etílicos, cuando imaginamos que Dionisio asume nuestros pasos, en Miserere Porteño, el salmo 50 , canto solemne que se hace del mismo en las tinieblas de la Semana Santa; es a mi criterio el reposo del acompañante Contramaestre, quien aunque: Aun permaneces omnisciente/… impávido y lacerante… hace reflexionar a Alberto y dice: Que puedo decir de tu periplo porteño/…No el antiguo discurrir,/aquel que comenzó con el asombro/y acabó con tu finitud,/ya sepultada y descompuesta/. Después del vino trasegado junto a la rocola que no se detiene, ido a la muerte Contramaestre, Alberto pareciese desenmascarar tanto tanatorios: Todo envileció:/fingiste ser oráculo/en tu parquedad,/con tus siquis sin rumbo/con tu soma sin augurios/; para seguir con Mosaico Orillero, piedras y vidrios, salpicando sus colores en un puerto lago, que puede ser o no Maracaibo, donde el poeta Alberto comienza su definición propia del embeleso, el guayabo por la hembra: alborear ido, pesar venido./; rocola callada, depresión desfogada./. Así nos lleva a su cierre poético con Requièm Idolatra: Carlos y Botiquín:/Orfeo protegía al benjamín. /Carlos y Academia:/Eros salvaba la bohemia.
Sin lugar a dudas Alberto Añez Medina es un poeta realizado, su poética etílica depura el lenguaje; hombre que de su generación mantiene su posición vanguardista, sin claudicar en sus principios ideológicos; pero ante todo creando un verdadero universo poético. Confieso que no le conozco; apenas rocé una presentación muy escurridiza con él por intermedio de la poeta Gladys Aquebeque, de la cual el bardo ni se acordará; luego con motivo de un año más de la Casa de la Poesía, referida; hace ya tiempo, al oírle entendí que ha sido un hombre de convicciones, que optó por el recinto hogareño entre sus mujeres: esposas, hijas y nietas; que a diferencia de algunos cofundadores del Movimiento Maracuchismo Leninismo, quienes han caído en los excesos que da el poder, como el bardo marinero, especie de Caupolicàn maracucho, compartiendo con el Hombre del Sur, hoy Sultán Zuliano en Perú; el docente que siempre será Alberto, el poeta bien logrado, da ejemplo de haberse mantenido en su ideario y su poética contra viento y marea, con las consecuencias que de seguro habrá producido el alcohol en su organismo; mas llevadero desde ese humanismo casi religioso que inunda su poesía y su estilo de vida. Como quien también gozo el vino entre juglares, asomados y uno que otro poeta y artista, me permito finalizar con otro poema:
Descreimiento para la fe
R.S.
Amanecí sin bala Víctor
hastiado de tanta necrofilia
dejé los cadáveres en el camino
con ironía acepto que la utopía fue un grito
alaridos de borrachos en bares exclamando por pases siderales
Mentira que crucificaste el vino Ludovico, te mató
o tú Julio con aquello de: Dichoso el hombre que creo el vino
para crear tu leyenda en la calle La Tradición
Lo real lo concreto: El Este con su republicas se cayó
Sabana Grande no es una fiesta, verdad Masò
convertida con Pare de sufrir en camisa de fuerza para enajenados
nadie se acuerda de Caupolìcàn
desapareció como el Muro de Berlín
muriò triste con su libro antitesis de ¿Duerme usted señor Presidente?:
Entrevista con Carlos Andrés Pérez
asì finalizò su revoluciòn de sueños: sin ninguna fantasia
Amanezco ahora todos los días sin resaca Víctor
decapité a mis muertos y les sellé con el segundo velorio guajiro
que hasta Maria E., mi hembra idealizada, resultó una cualquiera
Atravesé bien sólo nuestro infierno terrenal
encharcado como buen Leo no me caguè
y hoy un día cualquiera cual hijo pródigo retomo mi perdida fe
sin Nazareno ni saltos al cielo
sumergido en la cotidianidad, sencillo y sereno
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