Faceless Promenade
o, porqué la plaza pertenece a otra dimensión.
“Veritum dies aperit.”: El tiempo descubre la verdad. Séneca
Al oeste del Centro Cultural de la Ciudad Universitaria, un pasillo cubierto en sentido norte-sur divide la Ciudad Universitaria. Los historiadores lo reconocen como el “cisma” definitivo entre la formación beauxartiana de Villanueva, y la plena asimilación los ideales de la arquitectura Moderna. De un lado, la disposición simétrica del conjunto de medicina, con influencias de Erich Mendelsohn y de la arquitectura purista de los 20´s, y del otro, la disposición asimétrica y brutalismo del concreto armado expresando todo el repertorio formal del Corbusier de la postguerra. Los edificios del Centro Cultural se disponen rodeando un espacio techado: La Plaza Cubierta.
¿Cuál es el programa de la Plaza cubierta? Si comparamos el conjunto cultural de la Ciudad Universitaria con la acrópolis griega, la Plaza cubierta, por analogía, sería la stoa del conjunto. La Plaza cubierta es el corazón de la Universidad, no solamente por la diversidad de recorridos que en ella se cruzan, sino por ser el principal nodo de circulación del Campus, espacio universal que funciona como espacio articulador y lobby de los diferentes volúmenes que articula a su alrededor.
La comprensión por parte del movimiento moderno del tiempo como cuarta dimensión, donde el recorrido, actúa como elemento compositivo, es la manera en la que el usuario, ese “el contenido viviente”, comprende los diferentes espacios de la Plaza cubierta. Aquí, La “ausencia de fachada”, en el sentido más clásico de la palabra, nos revela inmediatamente la intención de la Plaza cubierta: Acá no existe un adelante, atrás, un acceso principal o un espacio de marcada jerarquía sobre otro. El recorrido lúdico de la Plaza, La Promenade Architecturale se revela como leit motiv de esta sucesión de experiencias arquitectónicas.
La forma de la Plaza, entendida por Villanueva como piel necesaria para contener el espacio, presta especial cuidado a las relaciones entre elementos antagónicos como luz y sombra, cubierto y descubierto, interior y exterior, contenedor y espacio contenido, de manera que las diferentes aberturas, patios, reflejos y escalas bajo una misma unidad, logran la fluidez espacial a la que Villanueva se refería, cuando la arquitectura que “no aparece ya como una mera sucesión de sólidos sino que se vislumbra ya como una posible e ilimitada prolongación e interpretación de espacios, de uno al otro, sin ningún obstáculo aparente”.
Para el arquitecto, consciente de que la aplicación de nuevas tecnologías y materiales no solucionarán por sí mismos los problemas de la arquitectura, las nuevas tecnologías son un medio necesario para delimitar, por medio de la forma producto del correcto uso de las técnicas modernas, lo que para él sería el fin último de la arquitectura: el espacio. Estos nuevos materiales abrirán paso a un nuevo repertorio formal que se adaptaría a exigencias espaciales diferentes que de otra manera no podrían ser solucionadas.
No sería osado atreverse a decir que la Plaza Cubierta es el manifiesto de todas las ideas arquitectónicas que Villanueva fue desarrollando a lo largo de su carrera: continuidad espacial, arquitectura tropical y la síntesis de las artes, el “significado del espacio” y el recorrido de sus cuatro dimensiones.




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