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CINE ARGENTINO

por ROBERTOSIMANCAS

Roberto Simanca

Se habla de un nuevo cine argentino como del chileno, mas lo que nota es la versión de desarraigo del lente y guión del pequeño burgués recreándose en los abismos del lumpen latinoamericano, a quienes detalla desde sus atalayas. Nada nuevo esa óptica, sucede aquí mismo en Maracaibo, donde los irreverentes de la setenta y 72 piensan que sus angustias en la Ruta 6 son el pasaporte para creerse el Joyce de Ulises, pieza magistral en la que se retrata Dublín. De ese modo se hace negocio en el undergraund grabando en el imaginario social de la tierra de fuego la concepción de pobreza, cual mal endémico, especie de pecado original de sus pobladores.

Mas en honor a la verdad, también se nota en este cine gauchesco ciertas especificidades que sería obtuso no señalarla. A diferencia del cien venezolano en el argentino, por lo general, hay una salida a la libertad, que también por diferencia es asumida por la mujer. Bien sabemos que la influencia Cabrujiana y Chalboniana, nos presenta a las féminas como seres que inducen a la fatalidad y la muerte del hombre, donde los personajes son mareados por un determinismo social, desde el cual jamás se abren horizontes a la libertad, en el cine sureño la libertad autoritaria y narcisista del argentino es la nota.

Otros matices se observan que extrañan en una sociedad que siempre a mirado a Europa como sueño definitivo, pues, sin lugar a dudas estos latinos expresan en su cotidianidad ser los Evas y Adanes, expulsados de su Edén, considerando su tierra real como algo extraño hasta conseguir la verdadera y original tierra prometida, bien Francia, Italia y Alemania. El caso en síntesis, es el espacio y voz menú dado al aborigen en la pantalla, cosa muy diferente al nuestro, en que éste no aparece ni de relleno. A ello se agrega lo afirmativo propio argentino, un sentido de prepotencia aún en la penuria; que se simboliza en el pater familiae, hombre melancólico, quien en su soledad se alimenta de un pasado no muy lejano, donde lo argentino, a su decir, era lo primero.

Cine de añoranza, de personajes de tristeza sideral, celuloide de crisis, sí, eso es precisamente, un pueblo que vive su derrota. Por lo que caracterizar este autotitulado nuevo cine argentino descontextualizado de lo que ese país fue y pretendía ser, no explica tanta mueca de cinismo melancólico en sus actores y actrices. Argentina dejó de ser una economía pujante, desplazada definitivamente por su rival histórico: El Brasil, los directores y guionistas argentinos buscan como claro mecanismos de compensación rumear cual Hidalgo en desventura, desafiando sin botija de oro, alardeando sin coraza viendo al vecino portugués enfrentándose con los grandes de la economía mundial, y ellos con Perón, Evita y Isabel cual divina trinidad que en nada les da consuelo por más tango a lo Gardel que suspiren y bailen.

A lo señalado se le agrega las tomas efectistas y efectivas de personajes centrales y paisajes, que en muchos casos rescata la película de esa tristeza honda que se percibe en este pueblo entre un lenguaje muchas veces ininteligible e ironizando de su devenir histórico. En lo sustantivo, en el cine de Martín Fiero se nota esa mezcla en el teatro de los miserables, empresas del delito, que se representan sin visión de futuro de sus ejecutantes, un silencio espectral ante el gran congregador de sus habitantes: El fútbol y un remoto poder que se menciona pero jamás hace presencia, a no ser por la bofetada del policía o el abogado burócrata; para finalizar casi siempre en ambientes abiertos como quien comienza de nuevo en búsqueda de su libertad.

Lic. En Administración.

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