Ella vuelve a la Plaza

stock footage gray pigeons peck and run on pavement Ella vuelve a la Plaza

Después de su fatídico accidente en la piscina/fuente de la plaza, la niña de las medias de colores dispares no había vuelto a aparecerse por allí. Quizás fue la vergüenza de haber perdido su pequeña dignidad infantil debido a una paloma. Sí, una paloma

Los niños hacen esa clase de cosas. 

La concentración de un niño puede ser derrumbada por el más mínimo ruido, la cosa más insignificante. Una gota de lluvia. Una mosca. El sonido de una corneta proveniente del tráfico. Una paloma. Siempre he pensado que las palomas sufren algún tipo de mal, pues siempre están temblando. ¿Quién sabe? Tal vez ser paloma no es fácil. A menos que seas una paloma blanca, agraciada, que atrae a seres humanos en plazas dándote comida no creo que ser una paloma sea algo placentero.

El día del accidente, la niña jugaba en el piso con caramelos de colores que su mamá le había comprado para distraerla, mientras leía una novela mierdera que había comprado sólo porque aparecía en el estante de los best sellers. La niña creaba formas, ponía los caramelos en filas, los ordenaba por colores. Era un día en el que la plaza estaba bastante concurrida. Viejos, músicos, hipsters, hippies, vendedores de helados, madres neuróticas y carajitos ladillas estaban por doquier.

Pero la niña seguía allí, impasible, jugando con sus dulces diamantes de colores, empaquetados algunos, otros llenos de saliva y pegajosos en el piso. Había uno rojo, mordisqueado. La niña levanta la mirada. Algo la atrae, y al mismo tiempo le causa miedo y repulsión. Es una paloma. Sí, una paloma. Gris, moteada. Tiernamente horrible.

La paloma y la niña de las medias dispares se miran fijamente, desafiándose. Las palomas suelen temblar, pero esta no lo hacía. Era una paloma decidida. La niña escuchó el grito de su mamá, a lo lejos, que la llamaba para irse. Volteó. 

Terrible error. La paloma tomó con su pico el babeado y mordisqueado caramelo rojo y empezó a caminar con él. El caramelo favorito de la niña. La niña la vio y resolvió salir corriendo tras ella, dispuesta a recuperar su preciado tesoro. 

Las palomas hacen esa clase de cosas. 

La paloma esquivaba los intentos de la niña, volando ‘por pedazos’. La niña empezó a correr desenfrenadamente y antes de darse cuenta se hallaba en el fondo de una piscina de agua famosa por ser el baño público de indigentes y borrachos. 

Hundida, y sin su caramelo. Después de eso, los demás caramelos le sabían a nada. 

Quizás fue la vergüenza de haber caído en el agua después de perseguir inútilmente una paloma lo que hizo que la niña de medias dispares abandonara la plaza por tiempo indefinido. 

Sí, una paloma.

Como era de esperarse, fue una escena vista por casi todos en la plaza. Todos, por igual, se reían sin parar, incluyendo su madre; aunque esta lo disimulaba con cierto aire de lástima.

La niña de las medias dispares revivía el incidente en su cabeza una y otra vez. Maldecía a la paloma negra/gris por llevarse su caramelo. Ningún caramelo podría suplantar ese. Cada vez que veía palomas en la calle intentaba patearlas, sin éxito. Ahora sólo jugaba encerrada en su cuarto, bajo las sábanas. Temía que las personas en la calle supieran del incidente y se burlaran de ella. Sus amigos en el colegio la bautizaron como la “caza palomas”, y hacían pequeñas representaciones del terrible acto.

La niña de las medias dispares sufría pesadillas. A veces ella era el caramelo rojo, mordisqueado, tragado por la paloma y, posteriormente, cagado sobre el parabrisas del carro de su mamá. A veces ella era ella, escapando de la paloma gigante. A veces todos eran palomas que la perseguían a ella, mientras se hundía eternamente en un mar de vergüenza.

Después de un tiempo, el cuento no era divertido. Cuando vives en un mundo rodeado de niños las cosas estúpidas que causan risa no tienen mucha duración porque los niños hacen estupideces todo el tiempo. Todos habían olvidado ya a la paloma, menos ella. 

Ella nunca olvidó a la paloma.

Le dijo a su mamá que extrañaba la plaza, que quería ir a jugar. Esta vez la mamá no se llevó la novela mierdera para leerla. Prefirió comprar una edición de la revista Cosmopolitan para aprenderse todos los trucos sexuales, y así reactivar su patética vida amorosa de soltera cuarentona.

La niña de las medias dispares caminó, y caminó por la plaza. Caminó entre los músicos, entre los viejitos jugando ajedrez, entre las parejas indecentes, entre los drogadictos. Parecía caminar sólo por hacerlo, pero ella sabía que tenía que encontrar a la paloma. 

Sí, a esa paloma.

Ese día habían no pocas palomas, varias de ellas grises, pero no estaba la paloma. La niña de las medias dispares se acercó a su madre, y le pidió dinero para caramelos. Fue al kiosco y compró sólo caramelos rojos. Los desenvolvió todos, los mordió, los llenó de saliva y los escupió en el piso. Se sentó a esperar a la paloma.

Como era de esperarse, la paloma apareció en escena. La misma paloma. Un poco golpeada, con marcas de que su vida había sido dura. Tal vez acostumbraba a robarle cosas a todo el mundo, como el caramelo, y no siempre salió ilesa. Y no saldrá ilesa esta vez.

La niña de las medias dispares rodeó a la paloma con los caramelos que tanto le gustaron, y la paloma cayó en la trampa. La niña se acercó a ella, cautelosamente.

¡Zas! Agarró a la maldita paloma por el pescuezo. Le quebró la cabeza, y la tiró al suelo. Sacó de su pequeño bolso unas tijeras, y se las clavó en el pecho a la paloma. Abrió la paloma por la mitad, la despedazó.

La niña solo quería recuperar su caramelo.

(Debo acotar que no soy el autor de la foto de las palomas).

Twitter: @emmanueeeeel

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 Ella vuelve a la Plaza

emmaferreirapuigmarti

Estudiante venezolano de Letras en la Universidad Católica Andrés Bello

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2 Comentarios

  1. Moa dijo:

    Debo decir que no entiendo porque nadie lo comento. La Niña mato al plumifero. Hurra. Horacio Quiroga aunque sea en pequeñas versiones, esta bien vivo gracias a dios.

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  2. emmaferreirapuigmarti dijo:

    @Moa: No sé si el comentario es bueno o malo, pero agradezco que haya leído esto y me agrada la comparación con Quiroga. Le invito a leer mis otros artículos, gracias.

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