DE REGRESO. Roberto Simancas
Creì anular totalmente el pasado despuès de haber comido piedras y ser incinerado por la decepciòn. Mis libros de literatura destruìdos, al igual que las imàgenes obsesiòn, tormento de las mujeres que amè… Pasada la borrasca, vuelve la serenidad con algo de pausa.
Atosigado de nùmeros de empresas, harto de tanta realidad pero sin saltos metafìsicos; entrè con sobriedad en el remete de libros; allì me esperaban en secuencia Carlos Fuentes con En esto creo y Orhan Pamuk y su novela La vida nueva. Reincidente mas sin las exaltaciones del ayer, comienzo a escribir mis comentarios literarios a mano, pues mi viejo computador se dañò llevàndose al parecer toda mi producciòn. No obstante este trance, mi mano como adolescente adulto en el papel me produce aliento; algo asì como quien recomienza y perdido por haber tomado ruta sin guìa, se vuleve a centrar en la cotidianidad de sus dìas.
Se me murieron los fantasmas, se fueron o hice que se fueran aquellos que no debìan permanecer en mi trànsito vital. Ya fuera de la librerìa con estos dos tesoros, rìo sanamente al ver al joven escritor tratàndose de desprenderse de su linda chica, quien corre como toda hembra sincera para extasiarse en las vitrianas del centro comercial con los bolsos, las prendas ìntimas o sus sandalias chi. Mujer alborada; mujer que no es coqueta no es mujer, como dirìa el bueno de San Francisco de Asis; y yo a todas estas comienzo a despertar del letargo con mi tìa abuela camino a casa con su ACV.
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Bienvenido. ¿De qué van los acentos franceses, R? Solo por preguntar…
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