El TÙNEL, DE ERNESTO SÀBATO. Roberto Simancas

| 27 abril, 2012 | 1 Comment | link: http://li.co.ve/gxd | visto: 182

Del marxismo al existencialismo y despuès a la oscuridad.

Ernesto Sábato (1911-2010), fue un matemático y físico dado a la investigación científica, campo al cual renunció para convertirse en un novelista, ensayista y en su vejez, pintor. Un argentino nacido en Buenos Aires, de descendencia italiana; caracteriza su obra por el dualismo existencialista entre los limites del bien y el mal, combinando recursos del psicoanálisis, el surrealismo y el existencialismo. Su obra se resume en  Uno y el universo (1945),  El túnel (1948),  Sobre héroes y tumbas (1961),  Abaddón y el exterminador (1974), El otro rostro del peronismo, El caso Sábato, Torturas y libertad de prensa, Carta abierta al general Aramburu (1956), La cultura en la encrucijada nacional (1976); Nunca más (1985), El escritor y sus fantasmas (1963), Aproximación a la literatura de nuestro tiempo: Robbe-Grillet, Borges, Sartre (1968) y Antes del fin (1999) Entre los premios recibidos destacan el nombramiento de Caballero de la Legión de Honor de Francia en 1979 y el Premio Miguel de Cervantes en 1984.

El túnel es una novela corta, de capítulos muy breve que le sirven de pretexto a Sàbato para descargar la furia de un pintor enajenado. Enajenado porque su personaje es eso, quien desde la primera página lo asevera: “En realidad, siempre he pensado que no hay memoria colectiva, lo que quizás sea una forma de defensa de la especie humana”. Dicha aseveración no es más que la confirmación de la tesis de Sàbato, que andando el tiempo le servirá como excusa para renegar del socialismo con el argumento del totalitarismo cierto de la Unión Soviética, nadar en los cauces del surrealismo, que no es más que el delirio de fantasías de Bretón y compañía, para luego anclar en Heidegger, Niestche y Sastre, entre el ser superior y el existencialismo. Desde lo inconcebible del mal para él, realidad que vivió en su propio país con el proceso dictatorial y sus desaparecidos, Sàbato cual anacoreta se va por el sendero de un existencialismo que aparenta ser un humanismo; pero que no es más que descreimiento ante lo humano humano. Juan Pablo Castel, el personaje principal de la novela, nos lo demuestra.

Una joven visita la exposición de pintura de Castel, en apariencia es la única que fija su mirada en un detalle del cuadro Maternidad; se refiere a la lejana ventanilla donde apenas se avizora una mujer absorta en su pensamiento con perfil al mar. El sociòpata y psicópata de Castel también es el único que observa a la visitante; sabe por la mirada de ella, que al fin consiguió a la mujer que comulga con su arte. La timidez patológica de Castel le impide entablar diálogo con la chica; entonces comienza un monólogo morboso desde el hecho de no retenerla, el vía crucis cuando por casualidad la encuentra en una vereda del gran Buenos Aires; la tarea de titán para llegarle, al fin, agotado abre su boca; ella muestra más que indiferencia, extrañeza ante el transeúnte; pura excusa, es ella ahora quien le llama, él la atrapa, ella siempre cabizbaja le alerta de su maleficio; sigue Castel en su obsesión . Lo importante de esta novela es que anunciando el fin lógico de la misma, no obstante, echa mano de sus recursos de escritor para que el lector permanezca hasta el desenlace ya conocido.

 

El odio a la humanidad, su irreverencia que le hace desdecir de los críticos de arte, caer en aparentes temas filosóficos como la vanidad y su igualación a la modestia; todo se conjuga en Castel para ahondarse en la imposibilidad del diálogo ínter subjetivo; es decir, Sàbato no sólo reniega del materialismo, se refugia en el existencialismo como se ha apuntado y de paso da premisa para hacer conjeturas sobre cábalas, espiritismo y demás angustias de una subjetividad enfermiza; que en cierta manera es la de él. Un depresivo con tendencia a la bipolaridad es Castel en mano del psicoanálisis ideado para el personaje por Sàbato. El pintor muestra todas las características del asocial con su intimismo que raya en lo ilimite; si en la trama aparecen algunos otros personajes, éstos sólo son excusas para Castel, ideador de su propio mundo; que lo hunde en una tristeza profunda, para que de vez en cuando las dopaminas hagan efecto en él y crea ver el mundo de modo diferente, caso de su enamoramiento inicial de María Iribarne Hunter.

Asombra la capacidad de crear fantasías para él realidad, del personaje. Castel va a casa de Maria, conoce a su esposo ciego; aquella deja una carta, inicio de una correspondencia mórbida que proseguirá Castel. Entre llamadas telefónicas, ida a la estancia, especie de campo argentino, encuentros fugaces en la plaza; copulas de desarraigo en el taller del pintor; injurias, calificativos de puta a María, arrepentimiento, llorisqueo, vuelta a su tormento y armando sus historias en defensa de su soledad, Castel decide como corolario asesinar a María. El hombre sin imaginario social, a no ser su angustia existencialista; cree que la joven no es menos que la puta rusa, que en una de sus borracheras para confirmar su delirio, ha traído a su cama; sí, Maria juega con la mentira con el ciego Allende, su primo Hunter, el otro primo de la infancia que murió y, por supuesto la gran víctima: Él. Sin dejar de pensar y ahora sin titubear toma el cuchillo del taller, presta el auto al amigo silente y va a dar a la estancia. No hay dudas, María prefiere a Hunter; lo ha dejado en espera mientras folla con aquél.

El auto engaño del enajenado se demuestra en algunas de las páginas de la novela, cuando Castel entiende la imposibilidad de la comunión de los cuerpos y hasta de los pensamientos y pudiendo salir de su laberinto sin fin; prefiere no obstante seguir su derrotero de tragedia. Se nota la influencia de un Niestche en la obra del argentino, aquel con su personaje de Zaratustra, no quiere más que reflejar su desdén por el anticristo, la imposibilidad que el hombre concreto, el hombre llano de la calles, que somos todos; pueda algún día alcanzar la auto-conciencia; lo que da pie a Sàbato con Castel a definir su desarraigo como superioridad: “Generalmente, esa sensación de estar solo en el mundo aparece mezclado a un orgulloso sentimiento de superioridad: desprecio a los hombres, los veo sucios, feos, incapaces, ávidos, groseros, mezquinos; mi soledad no me asusta, es casi olímpica”.

Tal vez la única idea de cordura de Castel se encuentra cuando María le invita a un paseo en la estancia, cerca del mar; ésta le explica con dulzura por qué su introyecciòn del significado de la ventana del cuadro Maternidad; para ella era su mundo, mundo compartido con él, seres con visiones de intimismo nihilista, muy alejados de un imaginario social fundado con la colectividad. Mas Castel vuelve a despertar su furia de delirio; poco falta para que planifique y ejecute su crimen, que es reflejado en su reflexión junto a María: “Fui cayendo en una especie de encantamiento. La caída del sol iba encendiendo una fundición gigantesca entre nubes del poniente. Sentí que ese momento mágico no se volvería a repetir nunca más, pensé, mientras empecé a experimentar el vértigo del acantilado y a pensar que fácil sería arrastrarla al abismo conmigo”.

 Entre cartas, humillaciones, chantaje de su suicidio, si la amada no regresa a Buenos Aires; Castel más inmerso en su autismo de asocial ironiza a su manera sobre el amor, dice que es imposible hacer el mal amando, mas la mata; se ríe con sarcasmo triste de los filósofos, seres para él asexuados; para entender: …que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado”.  En la estancia, escena del crimen, mientras espera cual zorro su presa, Castel entra a su pasadizo imaginario, que lo lleva a su gran verdad: …en todo caso había un sólo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida”.

Fragmentos de realidad le hacen reconfirmar a Castel su tesis: María se acuesta con Hunter, el detalle de haber prendido la luz de su cuarto después de permanecer en la habitación del primo, es la prueba para descartar la posibilidad de la convalecencia del otro, como le había dicho la mucana. Sin pensar ya entra en el dormitorio de María, ésta apenas más que sorprendida, le musita qué va hacer, y devorado por su intimismo de enfermo la apuñalea una y otra vez, huyendo de nuevo a Buenos Aires. Todavía tiene guaramos para visitar al ciego esposo y relatarle la infidelidad de trío de María para con ellos; Allende sólo le grita con bastonazos: Insensato, una y otro vez. Vuelve a huir y a poco se entrega a las autoridades, para tener un nuevo tema de mortificación para su mente desvarida: ¿Por qué el ciego le replicaba insensato? La duda no se despeja y conjeturamos si Maria, no era más que la mujer fatal; no es gratuito que a lo largo del amorío mortuorio, desde el inicio le alerta a Castel que no le quiere hacer daño. La insensatez de matarla Castel rompió quizás un trío ideado por la misma mujer, mágico ensueño siempre de Adán. Entre rejas Castel nos dice: “Sólo existió un ser que entendía mi pintura. Mientras tanto, estos cuadros deben de confirmarlos cada vez más en su estùpido punto de vista. Y los muros de este infierno serán, así, cada día más hermético”.

Novela de orientación nihilista, conservadora en su argumento aunque muestra recursos de la psicología, el arte surrealista y la filosofía existencialista, como se ha apuntado. Un revisionismo de novela, entendiendo por éste esa costumbre pequeña burguesa de querer asaltar el cielo en su juventud y luego bajar la guardia camino a los treintas; caso en el otro extremo de un Fernando Sànchez Dragó, escritor español. Seres desarraigados, recreamiento morboso con personajes asociales, nada productivo, para justificar mediante ellos la imposibilidad de la interacción entre las objetividades de cada quien. Sàbato creó su propio Túnel; no será casualidad que en su vejez la luz se le perdió como al ciego de Allende y cual Castel, sublimando sus años últimos en su taller de pintura.

 

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  1. fijate yo lei esa novela en mi adolecencia, tenia entre 13 o 14 años y la senti muy diferente, ya que pasaba por los mismos conflictos que castel, en relacionarcionarme con la mujeres, cuando tuve mi primera novia en esa misma epoca senti los celos Como castel, y por eso es que la considero na novela para adolecentes, ya que son los unicos que la comprenden plenamente. Claro que estoy de acuerdo con tu analisis, pero eso es visto desde nuestros ojos de adultos.
    Pero cuando uno es adolecente siente de esa manera, quizas por eso cuando adolecente todos nosotros estábamos locos.
    En la bibliografia te falto un libro indispensable de el “el escritor y sus fantasmas” es un libro sobre como escribir una novela, pero no te dice nada sobre ello, mas bien lo que tienes que tener en claro para hacerlo.
    Ahi no hay un recetario, mas bien lo que se tiene que hacer y que no, y por supuesto tambien te falto “sobre heroes y tumbas” donde castel hace una aparecion sigilosa y tambien Abbandon el exterminador (una de las preguntas que le quize hacer a sabato era si el titulo se debio al hijo del rey David que s lebanto contra su apdre o el otro abbandon) donde de buevo aparece Castel

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