Venezuela una iglesia. Roberto Simancas

| 10 abril, 2012 | Sin Comentarios | link: http://li.co.ve/gcT | visto: 41

Cada día que pasa mi decepción por los supuestos socialistas, por no decir, marxistas; se expande. Ver un muèrgano como Fidel Castro y su hermano aliándose con un fascista como el papa Ratzinger; saber aunque ellos lo desmientan, que el llanero de Barinas fue recibido por el jefe de estado del Vaticano; y para rematar que el país entero colma como borregos medievales sus capillas, dice a las claras que se entró en una fase de decadencia en el pensamiento por allá en Europa y en América latina que el pensamiento metafísico sigue su honda expansiva.

A poco por ajetreo de mis actividades liberales de trabajo tuve que visitar un cliente en una institución social, para mi sorpresa el españolito Antonio Pérez Esclarìn dictaba más que una conferencia, esa especie de hablar y hablar sobre un tema como quien trata de convertirse en propagador de la vieja buena, que en su caso es el remachado amor. Tema trillado sin originalidad en este bastardo intelectual, el mismo hombre que hizo su agosto por los años setenta con su maridaje con la teología de la liberación, para luego de entrar en crisis, me imagino que personal, venga a recrear lo que dijo Ovidio y Erich Fromm, para simplificar, sobre el tema de su negocio adosado con la que  sarcásticamente en él califico “su pedagogía de la autoayuda”. Lo sorprendente es la cantidad de pendejos no pensantes que le hacían coro; entre ellos el médico, el psicólogo y el siquiatra, quienes en sus caras se notaba emoción a más de no  haber leído libros desde que se graduaron. El director de la institución, un joven caraqueño, el mesticito Light cerraba el encuentro con la interpretación de tres canciones por parte de su noviecita, la chica con cara de angelito y melodías sublímales; mientras el gerente lucia sus dos black berry, sus trapos de buen y caro lujo, abría su minilatox y como para no  dejar en duda de que es un socialista en su franela se leía “Por los caminos del Chè”. Al otro día debía el suscrito llevarle la documentación definitiva al cliente, entonces volví a la institución; mi mayor sorpresa fue observar una misa. El gerentillo con su jevita con carita de beata, de niña caucásica buena; en silla los burócratas y unos ancianos. Permanecía yo en las gradas de una cancha dialogando con el cliente, de pronto aparece el caraqueñito y nos dice: _ Oigan, estamos en misa, pasen a oírla- Le digo que soy ateo; me responde que salga de la institución que él es la autoridad. Lo miro con asco, le doy en un santiamén una clase de filosofía; ironiza el pedante y llama a los vigilantes.

Lo transcrito radiografía en un pequeñísimo segmento cómo un proceso que dice ser revolucionario socialista, no es más que una patraña. Para ahondar el colmo en estos días oí por las ondas hertzianas que el ayer cabeza caliente ahora  Ministro de Relaciones Interiores, el árabe de Al Saiman junto con otra funcionaria de alto nivel, hacía peregrinación como creyente alienado por siete iglesias en su estado natal, el Táchira, cumpliendo una promesa en aras de la salud de su amado presidente. Pero ¿Qué refleja esto? La decadencia de la educación y la pedagogía como posibilidad cierta de gestar un ciudadano, un hombre y una mujer presto al análisis, la síntesis, la apreciación estética de ellos mismos, su entorno e inquisitivo sobre su devenir histórico y su vida personal. En el caso del  enfermo de Miraflores, éste se vuelve más reaccionario en su decadencia. El hombre apela a lo metafísico-religioso de la tradición popular e ideológica, y es así que usted lo oye hablar de su Cristo de Achagua y los espíritus de sabana; y hasta envío carta de su puño y letra a las autoridades eclesiásticas de la Habana, por la misa que le oficiaron.

Pero si esta es la realidad de los seudos socialistas oficiales; los izquierdistas en la actualidad con la oposición o en ningún lado; al hablar con ellos también dan náuseas. Pienso en el ex militante de la izquierda, otro mesticito amargado con esa jeringona siempre en sus labios: _El. hombre tiene que salir del poder, ha destruido el país-; sólo que cuando entramos en el expediente clínico del hombre, como diría el psicólogo; el ahora no muchacho se mantiene en las carpas de los evangélicos, se dice un respetador de las creencias religiosas, ya que ha experimentado que hay algo más allá. Su amargura se nota en su cara  y junto a su amigo me imagino que deben visitar a la Sociedad Masónica para curarse de los maleficios de la santería cubana. O bien la ayer contestaría al parecer, que ahora se encuentra con seguir su horóscopo y me imagino visitar el Hermes Trujillo. Nada productivo, nada que incite a un pensamiento revolucionario menos humanista, ¿Qué quedó en estos personajes, no se diga de la utopía, sino de una concepción materialista dialéctica del mundo? Mi ojo clínico me da la respuesta: Fueron simplones miedosos, violentos y panfletarios, que vivieron sus vidas de derrape al calor de algo que nunca comprendieron. El resultado es verlos como viejas beatas llamando a dios.

Una vuelta hacia atrás en materia de forjar el carácter de un pueblo, nada por avanzar en un pensamiento de investigación y acción. Ante una educación de bajísima calidad, donde jóvenes valoran la violencia como excusa y unos medios tanto oficiales como privados que casi nada aportan a la madurez emocional y racional del ciudadano; los revolucionarios de Miraflores inauguran desde hace rato la vuelta del Cristo en la cotidianidad mortuoria de un venezolano, que ahora si comienza a vivir su decadencia.

 

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