EL ARTE Y LA LITERATURA ZULIANA. ROBERTO SIMANCAS

| 30 marzo, 2012 | 1 Comment | link: http://li.co.ve/fZS | visto: 269

 EL ARTE Y LA LITERATURA ZULIANA. ROBERTO SIMANCAS

 

A poco vuelvo sin la emoción del pasado por los ruedos de las actividades culturales; lo hago más que por relax, por el aire acondicionador y para divertirme con la pequeñez. Ahora con ojo avizor tomo raudo vuelo, analizo el programa, sintetizo lo plasmado y vuelvo a casa; entendiendo que por este lar no hay mayor cosa en el ámbito de la innovación y creación cultural.

 

El teatro

Recuerdo de las conversaciones con el difunto Luís Guillermo Hernández, que referente al teatro se podría hablar de un antes y un después de la Dramática de Maracaibo, liderada por Enrique León; el hombre se anotaba puntos con aquella puesta en escena de Edipo Rey, que le merecería el premio nacional de teatro;  pero ante la inquina de sectores capitalinos y para no herirme más, se le dio al jocoso de César Chirinos. Mas la Dramática se vino en picada, algunos aducen por el exceso de gastos y vida de sultanes de los directivos; otros hablan del corte del subsidio nacional, sin que cayera  la vida de derrape de sus gestores, actores y actrices principales; así se fue acabando con una escuela que pudo proyectarse en el tiempo, y hoy no es ni un recuerdo en la urbe menos en el estado y muchísimo menos en el país.

 

Los hijos de Enrique León por allí andan, unos que otros se proyectan de modo epiléptico, caso Acción Creativa con Hernanqui Parra; un monólogo de extinción presentado hace más de dos años por el periodista Alexis Blanco; mas nada con altura metafísica. Y si bien ese es el cuadro, desde el teatro Teluz de la Universidad del Zulia un pequeño grupo ha venido trabajando sistemáticamente; y se pude decir que son los únicos que han presentado en casi un quinquenio un trabajo teatral consistente; pero que le falta mucha dramaturgia. Los todavía jóvenes de ese colectivo han puesto en escena trabajos como la versión maracucha de La cantante calva de Ionesco; algunos de estos actores también incursionan en la dramaturgia y prometen mucho en las tablas; sin  dejar de expresar que sus dramas son muy localistas, herencia del maracuchismo-leninismo; que en gran medida su directora de teatro profesa. En este mismo segmento, el director y dramaturgo Henry Semprùn también trabaja desde su nicho por allá en Valle Frío; en honor a la verdad observo que este hombre tiene un trabajo solitario y empecinado, que resalta su visión muy sui generis de los fantasmas religiosos, que su abuela le recreó; de este Henry me gustó su pieza La mujer del vestido azul; sólo que ahora sigue anclado en sus Mujeres de Maracaibo. Y no se olvide que sin una base cultural firme que incite a lo bueno y bello, no hay verdadero crecimiento y desarrollo económico

 

En este pequeño recorrido no se puede soslayar la actividad teatral del Grupo Tablón; que últimamente se ha proyectado en la parroquia San Isidro y llevando piezas como Kuruvinda, donde destaca el actor Rodolfo Rodríguez; y más próximo una pieza titulada Señoras de Santa Lucía. De igual modo es permanente el trabajo del grupo Mampara, aunque en las últimas no se le notan puestas en escenas, a no ser las recreadas por el actor Ilya Izaguirre con El hombre de la basura y El cacique Nigale; donde se combina la tecnología, la naturaleza en escena y lo tradicional; más este actor que ha podido brillar con suma altura, no sólo por ser sus progenitores dos actores y directores reconocidos; pienso que está quemando malamente sus cartuchos en la calle Carabobo. Existen otras agrupaciones teatrales, es cierto, éstas nombradas no se hace por sesgo; sino porque las mismas de una u otra manera son las que copan los espacios públicos del teatro.

 

La crítica es de un teatro de actrices y actores de talento, que no alberga una dramaturgia de calibre fino; bien los temores de la soledad en el barrio, el despecho, la religiosidad del miedo, para cerrar algunas veces con la maracuchada sin cortapisa. Gran reto para la gente de teatro es parir obras nuevas, recrear viejas y ganar mercado de público; que deje de ser la misma comunidad teatral la que asista a sus puestas en escena.

 

Danza y Ballet

Recuerdo que en una tesis para optar al título de Experto en Dirección y Gestión Pública traté de indagar sobre la Viabilidad tecno-política para el Municipio Maracaibo; en la recopilación de información encontré que los grupos de danza cifraban un porcentaje muy apreciable con respecto a la totalidad de las organizaciones culturales. Existe al parecer toda una tradición en el barrio y la urbanización en torno a la danza; sólo que en estos tiempos postmodernos prometen en serio en no viabilizarla. El ballet sigue siendo un campo todavía muy clásico en sus participantes, para encontrarnos en dos extremos; por un lado la repetición de programas en que destacan el joropo, el baile del Calixzo, uno que otro vals zuliano, para  finalizar con el alma llanera; en el otro extremo las acrobacias de un ballet muy europeizado, sin negar su buena factura. En ambos casos el anclaje permanece en un recreamiento en el pasado y una mirada a la culta Europa, como diría Andrés Bello en su Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida. Para consuelo de tontos, es decir, para el nativo, muchas de estas actividades comienzan con el baile guajiro, la danza de la Yonna; baile danza que, de modo religioso cada 12 de Octubre, los políticos en el gobierno regional hacen que se ponga en acción en el Barrio Ziruma, donde esta etnia tiene parte de su aposentamiento en la urbe.

 

Dibujo, Pintura y Escultura

Desde la Escuela de Maracaibo en este campo nada nuevo se proyecta. Ir a las exposiciones de los jóvenes artistas es presenciar la antiestética vendida como estética del cuadro y la talla; usted se puede pasear por un triciclo conducido por un mono; un video con unas imágenes sobre un panorama lúgubre y el eco de un sonido de mar y unas mallas entretejidas como  arabescos que nada dicen. De verdad que nada que me llame la atención creo haber visto de este segmento cultural. Para seguir corroborando mi apreciación vaya usted a eso que llaman la Facultad del Arte de la Universidad del Zulia: unas paredes inundadas de una irreverencia trasnochada, como una cerebro atormentado inundado de latas de refresco, pantallas de televisores; todo raya en el nihilismo; otro ejemplo es ese mural de la Escuela de Fotografía que tiene su sede en la calle Carabobo: seres encadenados sin salida alguna ni metafísica, como queriendo decir que somos víctimas de una sociedad en hartazgo irremediable; conceptos trillados que nada aportan al arte, a más que se nota un trazo y un pincel de brocha gorda. Quizás lo único que merezca la pena mencionar en los espacios públicos de la ciudad de Maracaibo- lástima que no pueda comentar de otros municipios de la entidad federal- es el mural del artista Ender Cepeda, que está situado en la pared de la central eléctrica de la avenida Libertador.

 

Sin ingenio y creación la convocatoria de este segmento es la llamada Feria del Arte (Fiam), que ya parece un negocio para la elite y no para los artistas y el público todo.

 

Fotografía y Diseño

En fotografía lo único bueno que he visto es la exposición del fotógrafo artístico Alejandro Vásquez, individuo que se luce recreando el undergraund de bares y sitios escondidos de esa Maracaibo, que irremediablemente se extingue. De verdad que esa exposición fue digna de colocarse; en otra y con otra visión muy distinta llama la atención el fotógrafo de la Revista Tendencia, que si bien dirige su foco al mundo de la pequeña burguesía y la burguesía regional en su vida de yet set; el susodicho fotógrafo de apellido muy extranjero, nos da fotografías de colección. Con respecto a las exposiciones que he podido ver de la supuesta nueva generación por allá en ese antro que es Capirujente, la verdad que más que risa, da asco; la misma recreación pequeña burguesa irreverente enfocando  la cara del maracucho desdentado, la viejita con más arruga que Matusalén y el guajirito defecando en la Laguna de Sinamaica. Nada ni de realismo social, puro snob de jóvenes por lo general muy dados a una vida sin principios y amigos de los pases siderales.

 

La estética del diseño de obras puede verse en ese mamotreto que se llama el Monumento a la Chinita, síntesis del desaparecido Carro Chocado y El Elevado de Delicias, que junto a las orillas de caca, orina y basura del Lago; nos radiografía donde quedó el concepto de arquitectura en esta ciudad; queriéndose esconder en una cultura casi siempre de plástico y en los Town House que los sectores acomodados disfrutan, de espalda a la ciudad concreta, pues, ellos vivencian la ciudad del asfaltado, los buenos servicios públicos y los Center Malls. Si se refiere el diseño de la moda, la cual podría ser arte, no pasa de ser más que desfiles de moda, que exige el mercado; sino observe la vestimenta del nativo promedio: el hombre con gorritas tipo chavo y aretes; las mujeres con tatuajes anales; rarísimo es el hombre que se sepa vestir y metafísico es ver una hembra con un vestido menos con una falda, que resalte su feminidad. Lo llamativo escandalosa se impone en el vestir y  en el maquillaje.

 

En esa realidad, no es de extrañar que se prefiera el deleite con la revista Play boy nacional y las fotografías del bateador o futbolista de turno en la mente de la fanaticada; que tienen no se pude negar cierta estética en medio de la voracidad consumista que les impulsa.

 

Música y canción

El talento musical sigue siendo reiterativo. Después del difunto Juan Belmonte pareciese que nada arranca; los conciertos puro sonido europeo, algunos se atreven a colocar los géneros nativos como la gaita en lo clásico; pero nada sustantivo se resalta a no ser la emoción hipócrita del hombre y mujer del terruño asistente. Al colapsar por elementos varios el vals, la contradanza, la misma gaita y hasta los sones bailables como lo representaron las orquestas Los Blancos, Los Maras y las epilepsia del Gran Caribe; en el Zulia se salta a la música de capela de Vos Veis; ya casi mortuorio el enfermo genera una especie de vallenato con el Tecupay y languidece con  el dúo esperpento de Mermelada Bond.

 

De Armando Molero y la guajirota de Lila Morillo, pasando por el negrito de Ricardo Aguirre; haber vivido la época que pudo ser de grandes quilates con el malogrado cantante y compositor Carlito Molero y la Agrupación Musical La Gran Fogata- no sé si por lo bien feo que es-; el Zulia sigue con su Volcán de América, hombre que es probo cantando desde la gaita, la guaracha y el bolero; pero que no se proyecta más que en una que otra plaza. Tal vez lo único medio revolucionario fue el grupo Guaco, liderado por el grandullón de Laguado, sólo que esa empresa ya no es lo mismo; hoy al parecer disfrutando de la vida cómoda en Mayami Beach y colocando en sus presentaciones más de lo mismo, únicamente cambian los cantantes. El colorario de todo esto es el  imperio del vallenato, que es decir, el mal gusto superlativo del zuliano. Apenas resaltan en este segmento negro el flautista Barrada, que al parecer está de capa caída, y la convocatoria de la música clásica que trae el Américo Gocho Chávez para loas de su hijo cada año; quien sinceramente que yo sepa nada en concreto ha producido, al igual que el padre en lo literario.

 

La presentación reciente de la Dirección de Cultura de LUZ con motivo de los 120 años de fundada la universidad; puede sintetizar lo plasmado en referencia a este segmento cultural. Comienza el acto con la danza guajira, aparece el siempre viejo de Rincón González pidiendo la vuelta al pasado con el vals, la danza y la contradanza; toma la batuta una remanente de la protesta paseándose por los clásicos de los sesenta; luego el Chavìn con sus piruetas pro infarto. Puro provincialismo, caretas del pasado del mayo francés y desplantes de feria.

 

Cine e imágenes

En el Zulia sinceramente no existe cine; sólo una referencia reiterativa de los primeros cortos efectuados por Manuel Trujillo Durán, nombre del Festival casi religioso que patrocina la Universidad del Zulia. Al no haber  casi  producción cinematográfica, el refugio fue la desaparecida Salita en el Calle La Tradición y en la actualidad  la unidad que dirige el casi sociólogo Ramón Bazò en el Centro de Arte Lía Bermúdez, sitio donde se exhiben películas de alta y mediana factura. Si son las televisoras regionales, ni novelas se atreven a producir. La consecuencia es un pueblo con una historia casi inexistente en imágenes del celuloide; a no ser el intento de la Patricia Ortega con su Perolito, entre otras; mas no pasa de ser una mirada en cinta de  seres sin trascendencia,  u otros rumeando entre unos paisanos nada mansos. Una poética sentimentalista con tendencia a un realismo trasnochado, pienso que no es del todo fiable para dejar un target en el ámbito cinematográfico; más en los tiempos donde se quiebran todos los reduccionismos que pueblan, por lo general, el pensamiento de izquierda.

 

Evidente que somos una ciudad contradictoria, ahora con una inmigración de espanto; pueblerina en su pensamiento y hasta el hartazgo plebeya; en si, un imaginario medieval con ropaje medio moderno y muchísimo menos postmoderno, dibuja un entorno de imágenes grotescas, nada surrealistas, sino realistas escandalosas. Maracaibo y su entorno se arropan de imágenes chillonas y afiches para masturbadores distribuidos por los tabloides Mi Diario y Hoy.

 

Literatura

Escritores tendremos pero grandes literatos contados, por no decir inexistentes. Este segmento que algo conozco más de cerca, me hace exponer que  el único escritor de estatura y no reconocido en la entidad federal sea el médico patólogo y científico Jorge García Tamayo, autor de novelas como Vivir en la Habana, Entropía Tropical y Para subir al cielo; algo también prometía el actor y docente Milton Queros con su novela Corrector de Estilo, pero al parecer el hombre se difuminó. Lo demás es cuento de camino, unos viviendo de supuestas glorias poéticas y andanzas en París, otras creyéndose la Diva de la Poesía y la llamada nueva generación pensando que figurando en todas las actividades literarias, sea sinónimo de escribir la gran obra.

 

El historiador de profesión y docente Norberto Olivar es otro hombre de la literatura que merece reseñarlo; aunque han sido mal interpretados mis  conceptos de la obra de este literato; sigo manteniendo que si Olivar  no sale de esa Maracaibo del misterio, aunado a su sesgo sobre los procesos históricos, no caminará con piso seguro por el sendero de la real literatura. También se me informa que el profesor Alexis Fernández ya tiene en imprenta su nueva novela referente a la Maracaibo desde el referente de un  Manuel Trujillo Durán; este docente universitario también tiene en su aval la creación de la revista literaria Kuruvinda, la cual imaginamos no ha seguido por el costo financiero de la misma. Alexis Fernández: poeta, ensayista, algo de cuentista y novelista; en su plena madurez esperamos que nos deje una obra literaria de realce.

 

Pero si esta es la factura de los hombres en madurez y camino al cuartel del invierno; de la nueva generación es poco lo que se conoce. Sin nombrar personas, conozco que algunos de estos iniciantes figuran por simples contactos, arribismos y prácticas indecorosas; sin que la obra tenga atisbo de grandeza. Mucha irreverencia, desenfado de medianoche y locuras siderales, no son el camino para escribir; menos la figuración per se en los encuentros literarios. El trabajo sistemático para la creación es un requisito, sino observen la poeta y ensayista zuliana Yaquelin Golberg, merecedora entre otros premios del Regional de Literatura; mujer que desde muy joven se adentró al arte poético y en su madurez de hembra y madre cosecha su frutos producto del trabajo y retrabajo de lo escrito; me imagino sublimación de su tartamudez; sin desconocer el hecho que la literata salió desde hace décadas a vivir en la capital, Caracas

 

El  arte en la cotidianidad.

He referido en otros trabajos que la identidad del zuliano es una carpa fenicia flotando en las aguas de su infecto lago. Sí, Maracaibo y en gran medida la entidad federal vive un eclipse en cosas tan elementales como la etiqueta y la urbanidad. El sucio, la mugre y el escándalo con grosería, es el modo cotidiano de vivir del lugareño. La burguesía supo captar esa realidad y para darle más  caca al cochino ideó los diarios amarillistas Mi Diario y Hoy. Si bien la categoría de la alineación sigue siendo operante, o mejor decir aquello que el poeta Ludovico Silva llamaba en sus libros ensayos sobre el Marxismo: La plusvalía ideológica, es decir, todos los mecanismos inconscientes y otros, que hace operar el sistema dominante en la mente del dominado y hasta para ellos mismos, para que se acepte lo anormal como normal; como requisito para que la estructura económica no presente desequilibrios para sus ejecutantes; más allá de estas categorías, el zuliano irrumpe con una desidia destructiva que rebasa las necesarias interpretaciones de la dialéctica marxista. La realidad entonces es un ser que se expresa con la antiestética como forma de vida, así el irrespeto al otro es la nota, ejemplo el aparato de sonido a todo volumen por espacio de casi un día sin que valga reclamo de vecino; la forma de sentarse en la mesa, de trajearse, el tipo de conversación que tiene como enciclopedia la novela televisiva, el juego de béisbol y los comentarios del crimen último para su morbo casi sádico; dibuja a las claras un hombre y mujer reacios a poblar el pentágono cultural de su urbe; para loas de esta medio burguesía cultural que vive plácida en el esquema de cultura de elite y su buen vivir.  Decrepitud ética y estética de un pueblo, nada por consiguiente en términos de ingenio y creación con perdurabilidad en los tiempos históricos puede generar: esa es nuestra simple realidad en materia de arte y literatura; que por consiguiente se expresa en los oficiantes del arte y la literatura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  1. Que interesante es esto que no conocia

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