ADIOS
El chisme, como siempre, después de circular por la oficina, entre compañeros y amigos, llegó al agraviado. “Es una mentira, una calumnia inventada, para dañarnos” dijo.
Hasta que en un día de relajación con los amigos, en la avenida, la vio. “El cuerpo delgado, delicado y sensual; estaba abrazado por otros brazos”. Sintió desconcierto, angustia, rabia, hiel por sangre; y ganas de matar, o volverse loco.
Ya en el hogar, nerviosos, y poniendo las cosas en claro; conversaron:
- ¿Por qué? – inquirió él.
- Tú ya sabes la razón – respondió ella.
- ¡Te prometo cambiar…ser mejor…ganar más!
- ¡Basta ya de tontas promesas y, palabras vacías…entiende…a él lo amo
Lacrimoso, preguntó:
- ¿Y qué, con nuestra hija?
- Quédatela; se acostumbra contigo…
Después, para él, vino únicamente días con sus tiempos oscurecidos. Abatimiento; sí que su mujer le había movido el piso, o lo dejó sin él, pisando fondo. Un vano inimaginable, miedo, bastante depresión; y al final se refugió en el alcohol, y pastillas ansiolíticas.
Se encontraba en la situación de ser ya:” Un hombre asesinándose”. Así se pasó un tiempo. Hasta que un amigo, quizás el último que le quedaba, por esa época; le aconsejó: “Por qué no vas a un sicólogo, o a alcohólicos anónimos, tú necesitas asistencia urgente; así como estas, te vas a echar por tierra; sé que hoy te tocó a ti, piensa en tu hija, con tu actitud la deterioras a ella también.
Señal de cordura le quedó, y pensó realmente en su hija, “su único tesoro”. Busco esa asistencia, que verdaderamente la necesitaba.
Tiempo después, ya considerándose más seguro de sí. Tomó unas vacaciones, para reflexionar, y restaurar su corazón dañado. Tenía que hacerle frente a la que lo menoscabó. A demás él sabía “que al que huye lo persiguen”, y a él, lo acosaba siempre la presencia perenne de su mujer. Entró al dormitorio que había clausurado, aún quedaba la emanación de la piel de ella. Y todos los recuerdos que almacenaba la alcoba, lo atropellaban. El lecho vacío, hacía doler el alma; “cuanto dolor me dejó esta mujer” pensó. Aún permanecían algunas prendas, las que por el apuro no pudo llevar; y traían nerviosos recuerdos. Y en un cajón de la cómoda, topó con su retrato; tal vez fue la mejor foto que le tomó, en su mejor época. Para que mentirse, sí que era hermosa; la que fue alguna vez su “chinita”.
Se llevó la fotografía a la playa, en el mismo sitio donde la conoció por primera vez; donde la enamoró y fue aceptado. Desde allí recordó todo, como una película. Desde el principio hasta el abandono. Comprendió, que él la había aceptado tal como era, “con virtudes y defectos humanos”. En cambio ella, quería al hombre que idealizó, “Al perfecto”. Recién la percibió con detalle; tal cual era. Apartando la rosa atractiva; eran muy crueles sus espinas. Resonó las dos palabras que siempre ella le redundaba: “te quiero” palabras que le manifestó con su abandono, que no tenían sentimientos, palabras para rellenarle exclusivamente los oídos; y quitando esas palabras surgió lo verdaderamente real: un vacío sin fondo, el vacío en que se trasformó también ella. Su autoestima de él estaba muy en alto, que le dio la compresión que requería. Colocándola en la balanza, de los pros y los contra; la realidad es que ya no valía la pena. Descubrió, que a veces es la costumbre a alguien, que nos aferra. Comprendió que también estaba en la necesidad de perdonarla; mas por él, porque el perdón liberta; y nos da todo el cielo completo para remontarlo. Esta vez lloró con ganas, por fin había aprendido a matarla en el corazón. Se quitó un gran peso, como quién supera un vicio. Sintió nuevamente la libertad, esa independencia que tuvo cuando fue adolescente. Ya no había el yugo, que tienen los esclavos, cuando conceden completos los sentimientos a quién a veces no se lo merece. Un silencio comprensivo lo irrumpió; había comprendido y aprobado su experiencia, y una serenidad trascendió en su persona. Se retiró de la playa, abandonando la foto a las olas arenosas del mar.
Tocaron días de ganar tiempo, de ordenar la vida, de renovarse física, emocionalmente y económicamente. De volver a mirar abiertamente a los suyos. Ser el padre ansiado por su hija, ser perseverante en su trabajo; y más que todo vivir el día a día, con todas las ganas, vivir consecuentemente el momento presente.
Ocurrió que una tarde, tocaron su puerta. Surgía de nuevo ella; tenía el semblante de haber sufrido, de haber sido dañada. Le pidió regresar, e insistió en pedir perdón… él no consintió, que le dijera la palabra “Perdón”, ya no estaba para venganzas, no cabía espacio para la mezquindad, con el rendido. Tal vez esto lo hubiera deseado antes, cuando ella aún dolía, cuando no tuvo humanidad por él ni por su hija. Así se le mostraba la vida esta vez. La vio tan complicada, que en su pecho algo se ablandó. La dejó quedarse para restablecerse.
Al deslizarse los días, ella al observarlo, entró en desconcierto, notó la inesperada personalidad de él. Lo estudió reservadamente. Vio que vertía en sus movimientos, en sus gestos, en sus actos, una serenidad y seguridad propios de los hombres equilibrados, y que ella hasta ahora desconocía. Notaba estampar con su personalidad las cosas, el espacio y el tiempo. “Como había cambiado tanto así” pensó. Sí que era diferente hombre, el hombre que jamás antes pudo figurarse. Sí que había florecido en el infortunio; y se había hermoseado en el otoño, que le tocó vivir…en su ausencia.
Un día, ya para amanecer, él al llegar, al lugar donde practicaba su footing. En la partida, estaba ella, con su mejor buzo, “le esperaba”. Tenía una sonrisa fresca, en su cara alegre; y con unos latidos de esperanza, le dijo:
- Corremos juntos.
- Eso depende, únicamente de ti – respondió él.
Partieron juntos, pero el trote largo y seguro se impuso. Cansada ella paró; él no la esperó como solía hacerlo en otros tiempos. De repente, las pupilas de ella comenzaron a hacerse líquidas. Mientras veía en el crepúsculo, alejarse más y más a él.
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me gusto bastante la historia, muy interesante. Aunque pienso que falto algo en su yo como padre, o no…
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