Inexistencia.
Confieso que al principio se apodera de tu ser momificado para éste entonces, una sensación de claustrofobia, la cual junto con la poca adrenalina en reserva, te hace empujar y empujar hacia afuera la forma de lo que no tiene forma, la imagen de la no existencia; miedo, si, mucho, a lo desconocido tal vez, a la soledad puede ser; hasta que llegas a un punto que te acostumbras a ese umbral silencioso y te dejas llevar, te dejas ir, levitas, si, levitas sobre tu propio eje y aunque algunos muchos se les permite regresar estamos claros que más temprano que tarde, la no existencia, la inexistencia volverá.

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