Arturo Uslar Pietri y Las Lanzas Coloradas. Roberto Simanca
Nace Arturo Uslar Pietri en el año 1906 y muere en el 2001, en la misma Caracas que le vio nacer: En él desligar al hombre de su obra es coartada. El escritor Uslar es precisamente quien en el fondo entra en la novela; el hombre letras es unos descendientes de alemanes, su abuelo formó parte de la tropa del Cabito, su padre militar. Un germanismo trasmutado puede encontrarse con el personaje del capitán David, de la visión europeo centrista del historiador, que en el fondo es Don Pietri.
Uslar como hombres que da ejemplo de su grupo, supo forjarse un destino; aquel niño palúdico, con un padre que apenas los podía mantener con el mísero sueldo de jubilado militar; debió ganarse la vida transcribiendo las cartillas de un famoso restaurante de la capital; mas poco a poco va ganando terreno con la pluma y sus estudios de ciencias políticas y derecho. Se interna en la administración pública de Gómez, López Contreras y Medina Angarita. Viaja a Europa, su ruta es España, Italia y Paris, en ésta donde finaliza la novela Las Lanzas Coloradas. Allá en la ciudad de las luces conoce a Alejo Carpentier y a Miguel Ángel Asturias, con quienes forja el manifiesto del realismo mágico; no por casualidad los grandes se consiguen.
Pero este hombre es más que un escritor y aunque se gradúa de abogado, profesión que prácticamente no ejerció, lo veremos en los despachos de los gobernantes popularizando un ideario como fue La Siembra del Petróleo, de seguro frase tomada del insigne economista Alberto Adriani y su Labor Venezolanista. Los ministerios de educación, hacienda y relaciones interiores, como su actividad de asesor presidencial, no le fueron ajenas. Al ser depuesto el presidente Medina Angarita es perseguido por los adecos por cargos de corrupción, el hombre es afectado en su patrimonio personal; se le efectúa juicios y se le impone resarcir al tesoro nacional un monto diez veces superior a sus haberes. La cizaña trató de enlodar a un gestor público hasta que Don Rómulo Gallegos en su periodo presidencial anula dicha sentencia oprobiosa, no sin antes que el intelectual Uslar arremeta con dignidad contra Rómulo Betancourt, girándole misiva desde el destierro le expone: Usted es un demagogo farragoso con ideas inconexas… en sus lecturas apresuradas e incompletas… de la ciencia administrativa no conoce usted ni la silueta.
Con el escritor Uslar se demuestra al contrario, la supuesta asepsia del intelectual, que más allá del compromiso de la palabra, el hombre de pluma pertenece a una clase social determinada y en función de ella expone una visión de mundo. Uslar no sólo fue ficha de la trilogía andina en el poder, que domina más de tres décadas en el siglo pasado venezolano; lo veremos luego en un enfrentamiento discutible con el Pèrezjimenismo, lo cual lo lleva a prisión para salir de ésta al caer el hombre de la maleta en el aeropuerto; llegar a Miraflores y junto al colega abogado Alonso Ugarde Pelayo, redactar el acta constitutiva del nuevo gobierno de facto, que será presidido por el Almirante Wolgfang Larrazabal; al extremo que como representante de la burguesía, sabiendo que el pueblo se echaría a la calle, Don Uslar habla por la radio en cadena nacional llamando a la calma de las masas.
Las lides política del escritor se expresan en haber formado parte del Partido Agrario Nacional, de tendencia liberal progresista, a decir de uno de sus biógrafos Ramón Urdaneta; y ser asesor del Partido Democrático Venezolano PDN, de Isaías Medina Angarita; en el año 1958 es diputado por el Distrito Federal en la lista del Partido Unión Republicana Democrática (URD); para luego formar en el año 1963 el partido Frente Democrático Nacional (FDN), en su aspiración de la presidencia nacional. Ejerció por tres periodos el cargo de diputado en el extinto Congreso de la República, retirado de las luchas políticas, Carlos Andrés Pérez en el año 1973 lo envía a la UNESCO en la Naciones Unidas; y en su cuartel de invierno ejercer la aureola de un grupo titulado Los Notables. Entre el poder del estado y gobierno como funcionario público y político, Uslar representa la economía de los Amos del Valle, lo vemos entonces como integrante del extinto Banco Nacional de Descuento de los Gorrondonas y de la Compañìa de Seguros La Seguridad; y hasta asesor del grupo Cisneros. Ya nada había quedado del joven palúdico del año 1919 y casa con una mujer emparentada con sus ancestros alemanes.
La novela que le hizo ganador del Príncipe de Asturias Los viajeros en el tiempo; aparece objetada por copista, no obstante, el hombre sigue en sus lides políticas y lo expresa en uno de sus últimos libros de ensayos Venezuela en tres golpes. Una pluma brillante, un hombre que más allá de su visión de elite de la sociedad venezolana, se supo ganar el aprecio de propios y extraños; como anécdota se señala que en el año 1963 la guerrilla robó una colección de pintura francesa en el Museo de Artes; y fue Uslar la persona designada por los combatientes como intermediario para devolver dicha colección, basados en su honradez. El hombre creo un paradigma en un país de quincalleros verbales, expresión suya para definir a Rómulo Bentancourt; a través de programas televisivos como Valores Humanos y su columna Pizarrón en el periódico El Nacional, del cual fue uno de sus fundadores.
Dos consciencias históricas caen en el olvido: Don Uslar, Ministro de Interior y Don Mario Briceño Irragorry, Presidente del Congreso de la República, ambos en el período de Isaías Mediana Angarita. Meditar si este ocaso de dos intelectuales a carta cabal, no significó andando el tiempo el ocaso institucional, que se inauguró en el puntofijismo y que parece que nos llevará al abismo en el presente nacional.
Lectura critica de la novela Las lanzas Coloradas
Las Lanzas Coloradas es una novela histórica, heredera de la tendencia iniciada por el escocés Walter Scott, el iniciador de este modo de ficción narrativa. La novela es una sucesión de imágenes literarias desbordantes de comienzo a fin; y aunque puede de hecho calificársele de novela histórica, en nada la desmerita, más allá incluso de la visión de elite de su autor Arturo Uslar Prieti. Los planos en que se desenvuelve la trama impactan siempre, así se nota que la descripción del negro que comanda su tropa, especie de Gengi Kan venezolano, tropicalizado con aquello de mandinga, nos trastoca para entender al cabo de unas hojas, que se refiere a los cuentos de camino de los esclavos de la hacienda; quienes se deleiten en su oralidad mientras descansan de la faena explotadora. No deja de asombrarnos los planos narrativos de Uslar, cuando en el mismo capitulo nos presenta la figura central de Presentación Campos como la reencarnación de ese negro maldito, brujo de odio, quien con el paje Matías mira con sorna la blanca casa de los blancos amos, allá donde la niña toca piano al lado de su hermano y esperan la visita del capitán David; quien le serena apenas el nerviosismo a la nívea azucena dama, interrumpida por el alboroto en el fondo de la hacienda; que no es más que huida de otro negro, un cimarrón más que se va a la guerra contra los amos.
La visión de Uslar sobre el Dorado toma revuelo en el capitulo segundo. El novelista hace gala de su profesión de historiador, se adentra al sur del país con la figura del adelantado Juan de Acedo, quien ante el cuento mito de un indio, de una zona bañada en oro, emprende con otros españoles e indios sumisos la travesía por llanura abajo, para entrar en la selva que promete. La expedición es extenuante, unos quieren regresar pero el adelantado tiene mirada de oro y no se detendrá; así que sigue, en el trayecto algunos se devuelven, creen estar en un círculo, siempre el mismo paisaje; mas la impetuosidad del amo toma sierra, y al fin el agua, allí los hombres beben, se extasían, creen haber vuelto de nuevo al mundo y toman la decisión de improvisar unas barcas, se dejan llevar aguas abajo, van somnolientos, el sueño, el embrujo del oro que tanto ansían no les hace reaccionar ante el imperio de la muerte; sólo un español avizora el peligro, les inmuta a que despierten aunque el intento es vano; se lanza a tierra, reza, suplica de nuevo en vano. A los hombres e indios les espera un abismo de aguas, que de seguro finaliza en las enormes piedras que configuran la geografía del Amazona. El sobreviviente regresa, echa el cuento a la hija única y viene la otra historia.
El escritor sigue manteniendo un juego de maestro de las imágenes, el cientismo caracteriza sus descripciones, el diálogo entre los personajes no es necesario; se siente que estamos ante una pantalla de cine mudo veloz, en que las imágenes nos llevan de la mano y no nos detenemos ante las líneas. Muerto el padre, otros adelantados harán negocios con las heredades de la hembra; por lo que la casan a la casi loca con el hijo de Don José Fonta, Manuel; quien con el tiempo une las dos heredades. De manera que pasa una serie de generaciones, donde entre locos, medios santos, monjas y militares; pero ante todo rapaces esclavistas latifundistas se crea una oligarquía más, la cual tomará bando entre la indecisión por la causa libertadora.
Los personajes Don Santiago, su esposa y sus dos hijos Fernando e Inés toman el cuadro narrativo. En la gran hacienda las relaciones sociales de producción trascurren con el viejo patrón follando negras y mulatas ante la mirada ida del hijo, la indiferencia de la niña y los tormentos de la madre; quien se da cuenta del pecado de carne de su esposo. Entre rezos por el pecado, cerrojos que se abren para llevarle la negra de la noche al amo y un Fernando medio sensible a la realidad de los negros e Inés siempre indiferente a su entorno, sólo embelesada por el rubio Capitán David, se cierre un capítulo en que el historiador que fue Uslar desvanece el mito del Dorado y nos lleva a la realidad del mestizaje en una hacienda solitaria.
La concepción de elite de Uslar también toma cuerpo. El amo lleva al hijo a la Caracas, la ciudad de techos rojos, iglesias y un pueblo que apenas aparece de asomado; son los clérigos, militares y hacendados la voz que toma el novelista para ir configurando la epopeya libertadora. Fernando entre dudas en casa de Lazola vive las discusiones vacuas en nombre de dios de la elite de la capital; será su entrada al mundo universitario, donde las opciones son la música, la teología, la filosofía, el derecho y la medicina; que puede entre crisis de fe optar sin la convicción de carácter por integrarse a la sociedad secreta patriótica.
Ya Fernando optando por la libertad le llega la noticia de la muerte de su padre, debe tomar la rienda de la hacienda el Altar en Aragua. Piensa que deja un mundo nuevo para regresar al viejo. En la hacienda nada ha cambiado en lo sustantivo, sólo el mayordomo Presentación Campos, quien será con su atrocidad el elemento definitivo para optar por la guerra patria. Uslar, un historiador descriptivo mas que positivista, sabe como esconder las relaciones sociales de producción y todo lo trasmuta en el odio de la negritud contra los blancos criollos, persiste en su relato la figura del diablo para justificar la maldad de esos negros hediondos, pestilentes y reverenciantes ante la llegada del señoriíto, a quien la figura de Presentación Campos le intuye no darle confianza; no obstante debe dejarlo en su cargo, el hombre tiene el carácter que a él le falta, el ímpetu del macho, quien sin clemencia pone a la negritud a trabajar, a obedecer y a poco serán su tropa. Entre veladas al piano tocado por la niña Inés, cruce de cartas de Fernando con sus amigos patriotas de Caracas y la figura del rubio inglés, especie de gran estratega y curtido en la guerra europea; se espera el llamado definitivo para integrarse al conflicto bélico. Las noticias de unos patriotas en desbandada, Monteverde asolando, un Bolívar triunfante, ahora un Páez desde los llanos asediando; elementos todos que los convoca a la capital para una reunión de indecisos hacendados, quienes anteponen sus intereses económicos o apoyo a medias por la guerra libertadora. Este encuentro con la llegada del negro Matías a la reunión anunciándole al amo la atrocidad del mayordomo Presentación Campos, será el hecho definitivo para que el hombre opte por la guerra.
El negro Presentación Campos, quien junto a Fernando, son los dos personajes principales de la novela; se ha sublevado, se le llevó los esclavos como tropa, no sin antes incendiar la casa blanca siempre vedada a él y sus sembradíos. La indignación del señoriíto Fernando se vuelve cólera de ira cuando Matías le dice que la niña Inés, su hermana, fue forzada por mandinga. Corren Bernando Lazola, el capitán David y Fernado a la hacienda aragueña, allí constatan la realidad comunicada; el afectado jura integrarse en el ese momento al proceso independentista vía Carabobo. Una recurrencia muy romántica, tres mosqueteros criollos se suman a la guerra; no sin antes el caballero inglés David le pide la mano a Fernado de su hermana Inés violada; Bernando, el caraqueño decide que ya basta de reuniones y palabras y Fernando, quien al fin encuentra causa para aniquilar su cobardía, piensa vagamente en la venganza.
La travesía de los mantuanos con el inglés los lleva al pueblo de Magdaleno, en éste se encuentran con un pueblo de camino, albergue de los godos liderados por Monteverde y Boves. La descripción de las tipologías del mestizo que conforman lo nacional se funde en este capitulo, donde resalta la figura del indio fuerte y encarado, quien rompe el silencio de los forasteros; para luego robarle los aperos durante el sueño. Pero esta travesía sólo es brega para llegar al pueblo de la Villa, donde el general Roso Díaz, patriota descreído ante la avalancha de los siete mil hombres de Boves, que está desatando la muerte en la Puerta, recibe con indiferencia a los mosqueteros republicanos. La proeza de los amigos tendrán en gran parte su final en este pueblo, el capitán David, el musiù no aguanta las calenturas que la tierra tropical le propina y tiene que ser refugiado en la iglesia; mientras Bernardo debe presenciar la cobardía de Fernando, quien los había inmutado a la guerra a poco. Llega Boves y arrasa a los pocos soldados de Roso Díaz, la iglesia será el escenario para que el español triunfante festeje su victoria, al son del baile improvisado con tambor y guitarra, el alarido de gozo de sus soldados y un tambor que se viene al suelo, en el patio de la plaza son fusilados Bernando y el inglés; quienes no pudieron demostrar el uno su ímpetu republicano y el otro ni atisbo un leve romanticismo de muerte; mientras Fernando le había ganado la partida a la muerte, siendo trasladado por el general Roso Días a la Victoria, plaza liderada por José Félix Riba; otro destino la esperaba al cobarde.
El hombre que batalló con los seminaristas de Caracas esperaba en su plaza al azote de Boves, la batalla desigual y Fernando absorto ante lo que se avecinaba. La lucha a muerte comenzó y él indiferente recreándose en sus miedos, el pasado y la indecisión de su falta de carácter. En el bando de los realistas venía el hombre que le destruyó la poca hombría que tenía, el moreno Presentación Campos, encolerizado por la sangre; el zambo peleó como un verdadero macho, como diría su general Zambrano. Fernando apenas entró en combate, como todo hombre pusilánime sus antiguos esclavos lo lancearon, fueron el estado mayor de Campos: Nicolàs, Cirilo y Natividad. Ni conocimiento de ese hecho tendría aun en la muerte Campos, quien con arrojo sin par aun perdida la plaza ante la herida de Boves, seguía como fiero peleando, hasta el extremo de entrar en el fuerte del enemigo, donde diez balazos lo esperaban, ante lo cual nada de miedo, todo indómito, fuerza, tierra, don de mando, necesidad de morir guerreando, necesidad de probarse ante la muerte.
Presentación Campos lo salva la muerte para volvérselo a llevar. Herido el hombre, llevado como cualquier prisionero, comienza a sentir en carne propia el sudor a hediondez, que el mismo repugnaba allá en la hacienda de sus antiguos amos. La tropa republicana marcha, sólo oye que viene Bolívar, el odiado Bolívar, cuánto daría todo para matarlo; pero nada, los recuerdos se cruzan y en la llegada triunfante del Libertador a quien no ve, se viene de los garrotes de la reja, el verdadero héroe de la novela y yo diría de la emancipación venezolana.
Algunas constantes de la novela:
El autor comienza el relato con unos negros diezmando, asociados al diablo, mandinga, en si, lo pestilente lleno de odio y crueldad; para seguidamente presentarnos la figura del mayordomo Presentación Campos, encarnación de todo eso.
Los trucos románticos se visualizan en la novela en la figura aparentemente desinteresada del Capitán David, huésped de Fernando; quien viene de la civilizada Inglaterra a luchar por la libertad americana; pero que en el fondo es búsqueda consoladora de la muerte, mito dejado por Lord Byron con su muerte en Grecia.
La revolución de la independencia es cosa únicamente de blancos. Los niños caraqueños se reúnen en sociedades secretas, al punto que Uslar recurre a una cueva como encuentro, donde entre pasadizos, manifiestos y libros sobre la revolución francesa los jóvenes hacen gala de la libertad como derecho natural y juras contra el rey. En ningún momento el pueblo concreto, los sectores medios de esa sociedad colonial aparecen; la epopeya será sólo para los futuros héroes, que bien cantará Eduardo Blanco en Venezuela Heroica.
La sangre es maldad terrorífica si viene del negro y los malvados de Monteverde y Páez; al punto que Uslar trata de humanizar el río de sangre en la Guaira, donde por no gastar balas, fueron pasados a cuchilla y machetes más de setecientos realistas sin clemencia, pues, el decreto a guerra a muerte lo imponía.
La mujer no tiene espacio en las discusiones y menos en la guerra, a lo sumo la figura de la Carvajala, la mulata andariega de caminos que improvisa hospicios para atender a los heridos; la niña Inés después de violada, vagando también por caminos; son ambas pretextos para darle todo el mérito al hombre en la guerra.
Los jóvenes patriotas exponen el mito de la democracia, que será la democracia burguesa en sus encuentros secretos. Sus discusiones son sobre la etérea democracia sin trostacar las relaciones sociales de producción; la guerra sólo trata de expulsar los representantes del lejanísimo rey español; pues, los amos del todo serán ellos pasada la guerra; y la democracia será mantener la esclavitud hasta los Monagas, decretada, más que por un acto de dignidad humana, porque resultó un negocio para los mantuanos.
Hasta el mestizaje parece decirnos Uslar que fue producto del violador negro contra las niñas blancas; quiere desconocer que fueron los barbudos colonizadores y sus rechonchos curas, quienes follando hasta el cansancio a las indias y negras lo engendraron. El historiador Uslar debe justificar la asepsia de sus personajes blancos, no es gratuito que estos pertenezcan a Aragua y Caracas, sitios fundamentales del escritor, donde entre visitas a los Gómez y en sus funciones públicas, fue un digno representante del mantuanaje venezolano hasta su muerte.
Cierto que el mantuanaje tenia los recursos económicos y el conocimiento, pensar que la negritud, el indio y el mestizo tuvieran esas fortalezas era metafísico; no poder incapacidad natural sino por las aludidas relaciones de producción desigual. El odio incubado en las mayorías si que no puede ser metafísico, fue real; el blanco luchaba por sus privilegios y glorias de poder; el hombre de abajo sólo veía la indiferencia en condiciones de trabajo míseras y negras, indias y mulatas para deleite del amo; no humanos para los verdaderos humanos, que eran ellos los blancos. Sin letras y menos poder, pardos y mestizos optaron por la violencia, al punto que existe en algunos intelectuales la tesis de que el igualitarismo como bandera de esos grupos, al final ha decaído en una especie de maldición; ya no será el destino aciago de Venezuela la traición de los mejores del beato Mario Briceño Irragory, sino la asunción del poder por el mestizo, siempre henchido de odio ante la hegemonía del blanco de ayer y hoy. Mas esta realidad sociológica no descarta en nada que la violencia toma diversos matices, que un mestizo opte por el poder y al final se alía a la oligarquía, que etnias como la guajira sean regentadas por un segmento que usufructa el poder desde Gómez, como los Montieles, Fernández, Uriana y Pocaterra; todo hecho genera procesos socio-económicos por su misma dinámica y con todas las contradicciones posibles y hasta inimaginables; reafirman la tesis de la lucha de clases y el poder que se trastoca y metamorfosea, hasta que la contradicción fundamental capital-trabajo madure conciencias.
La novela es una síntesis del conflicto venezolano, que aun en su modernidad que no afloja, se mantiene. Don Uslar supo de manera magnifica trasmutar dicho conflicto y presentarnos un pueblo oscuro, olor a tierra, dispuesto siempre a la guerra y adorando la muerte; en tanto, en el escenario cual querubines los blancos mantuanos diseminando la libertad en una tierra oscura, arrasado por plebeyos.
En el texto se respira honda psicología de los personajes, más allá del enfoque elitista del autor. Se entiende en lo profundo porque hombres como Valenilla Lanz en su libro ensayo El Gendarme Necesario, apunta que la nuestra no fue una guerra de independencia sino una guerra civil. No se apuesta a la guerra de modo gratuito, ya el militar Clausewitz nos dijo que la guerra como la política eran la economía por otros medios.
Novela, por último, donde se conjuga el retrato histórico con las imágenes literarias, el impresionismo nos asalta, seguimos las hojas del escrito como una película de acción, no hay pausa a la lectura; de ese modo Don Uslar se nos consagra como un meritorio novelista. Se hace difícil precisar si Uslar desprecia a Fernando y exalta a Presentación Campos, el primero, un timorato que nunca tuvo valor ante la vida, podría decirse que fue un mal mantuano; el negro, la barbarie desatada, el valor en la guerra y la muerte como gloria no romántica sino como premio al coraje de macho indómito, rebeldía, que con el tiempo los antropólogos definirán como el carácter igualitarista del pueblo venezolano; aunque también concepción pesimista ante la asunción del poder por ese mismo mestizo. Son estos elementos tocados en la novela, que la praxis política, sobre todo de quienes adversazos al sistema capitalista dependiente, no debemos soslayar para armar las estrategias de combate.
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saludos de parte de fredy el medico rebelde;luego te expreso mi opinion sobre tu trabajo.
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hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhooooooooooooooolllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
paaaaaaaaaayyyyyyyyyyyyaaaaaaaaaaaaaassssssssssssssssooooooooooooooossssssssssssss nnnnnnnnnnnnnnnnnnnoooooooooooooooooooo eeeeeeeeeeeeeeeessssssssssssssssssslllllllllloooooooooooooooqqqqqqqqquuuuuuuuueeeeeeeeeee bbbbuuuussscccccccaaaaaabbbbaaaaaaaaa XXXXXXDDDDDD
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hola mi nobre es jose gregorio les mando saludos a estos hijos de perra que crearon estas guia
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